Deuda externa: planteamiento en la CEPAL

"MES: ENERO"

El 22 de enero encabecé la ceremonia de inauguración de la conferencia extraordinaria de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de la Organización de las Naciones Unidas. Habíamos convocado esta reunión con el fin de ventilar los problemas de la deuda externa y como preámbulo al esfuerzo de integración latinoamericana que veníamos preparando.

Al hablar de deuda externa destaqué las transferencias netas de recursos de la región al exterior, con el consecuente deterioro en el nivel de vida de la población; la necesidad de vincular en forma integral la deuda, el financiamiento y el comercio; la corresponsabilidad de acreedores y deudores; la necesidad de evitar a los países la incertidumbre y parálisis que causa el negociar cada año nuevos financiamientos, y la tesis de que para pagar es necesario crecer.

El problema de la deuda sigue siendo agobiante para nosotros. A pesar del acuerdo firmado con el FMI en julio de 1986, que nos permitirá obtener 1 600 millones de dólares mediante un convenio de crédito contingente con duración de 18 meses, así como el respaldo técnico necesario para iniciar negociaciones con las demás instituciones financieras a fin de reunir los 12 000 millones de dólares de apoyo a México para 1987 y 1988, no hemos logrado que los bancos privados firmen los convenios correspondientes, indispensables para que México reciba los primeros 6 000 millones. De hecho, al terminar 1986, el Banco Mundial nos había prestado 600 millones de dólares, pero éstos no han entrado al país, como tam- poco lo han hecho los créditos refaccionarios y de proveedores.

Cuando firmamos el acuerdo de julio de 1986, pensamos que podríamos obtener las firmas de los cerca de 400 bancos involucrados en el curso de aproximadamente dos meses, pero ello fue un error de cálculo. Seis meses después, en enero de 1987, todavía no lo logramos.

Esto resulta desesperante, porque desde noviembre teníamos la llamada “masa crítica”, esto es, la aceptación de 90% de los bancos involucrados, y en los 50 días posteriores sólo hemos avanzado 2%. Los bancos pequeños son los remolones: no quieren oír de invertir en México ni en ningún país subdesarrollado.

El hecho es que no podemos esperar mucho más la llegada de recursos del exterior. Hemos resistido el retraso gracias al regreso de capitales privados. Nuestra reserva monetaria es de 1 500 millones de dólares y, sin embargo, estamos sometidos a una política presupuestal muy restringida y a una escasez de financiamiento interno para el sector privado, factores ambos que redundan en una notable disminución de la inversión y la actividad productivas. El desempleo y la inflación aumentan, esta última como consecuencia de las crecientes tasas de interés necesarias para financiarnos con deuda interna, lo cual a su vez dispara el déficit. El panorama es asfixiante.

Nuestros esfuerzos por concretar el acuerdo son apoyados por los Estados Unidos. De hecho, los norteamericanos le han sugerido a Petricioli la posibilidad de que los grandes bancos completen el monto faltante en la misma proporción de sus inversiones. A fin de evitar otra renegociación, nuestro secretario de Hacienda obtuvo de las autoridades norteamericanas la promesa de que presionarían a los bancos pequeños para que firmaran.

Nuestra capacidad de resistir la crisis económica sin proponer planes de emergencia como el Austral o el Cruzado se debe a que tenemos un sistema político que nos permite tomar medidas restrictivas fuertes. Por ello, a pesar de la crisis, no aflojamos el saneamiento financiero del país: el sistema político impide que se dé el desorden social.

En la CEPAL, un tema a discusión fue la crisis que está viviendo el Plan Cruzado, cuya situación es mucho peor que la del Plan Austral. Yo siempre pensé, y ahora lo he confirmado, que esas políticas de choque solamente funcionan por unos cuantos meses, ya que se basan en congelar precios y aumentar el consumo mediante importaciones.

Así, los brasileños se gastaron 6 500 millones de dólares de los 9 000 que componían su reserva. Se comieron su reserva y, sin embargo, les brotaron problemas sociales. Ello se debió a que fueron muy descarados y sólo esperaron a que pasaran las elecciones para anunciar —esa misma tarde— medidas de austeridad. Durante el lapso en el que impusieron el Plan Cruzado, el crecimiento de Brasil fue de 12%, pero ahora tendrán que pagar la factura.

Creo que los norteamericanos ya se dieron cuenta de que nuestro programa gradualista con cambio estructural es mejor. Así me lo dijo el vicepresidente George Bush cuando me entrevisté con él hace poco en Baja California. Él insistió en que sólo los grupos ultraconservadores seguían criticando el sistema político mexicano. Cabe apuntar que encontré a Bush más moderado, abierto, flexible y cauteloso que Reagan.

Charles Pilliod, el embajador norteamericano en México, me comentó que en su opinión el PRI es la única opción viable para México en los próximos 60 años. Me dijo que cuando lo habían buscado los del PAN para platicarle lo que querían, él les había preguntado qué ofrecían ellos que fuera diferente del PRI. Su respuesta se limitó a señalar que combatirían la corrupción, a lo que Pilliod interpuso: “Eso se dice más fácil cuando no se está en el poder”.

Todas estas pequeñas señales me hacen pensar que los norteamericanos empiezan a entender que hemos podido sobrellevar una crisis económica de gran envergadura gracias a nuestro sistema político.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.