Centroamérica: contexto para el surgimiento del Plan Arias

"MES: ENERO"

Los días 19 y 20 de enero, el Grupo de los Diez, compuesto por los cancilleres de Contadora, los cancilleres del Grupo de Apoyo y los secretarios generales de la ONU y la OEA, realizaron una gira por el istmo centroamericano, para mantenerse en contacto directo con la región.

Esta gira se acordó en noviembre de 1986, durante la reunión del Grupo de los Ocho en Río de Janeiro. Su objetivo fue reanimar el proceso de Contadora e involucrar más a la ONU y a la OEA. Aglutinar y concientizar para acelerar el proceso pacificador era nuestra meta. Cabe decir que el secretario general de la OEA, João Bahena, actuó con valor al aceptar la invitación, pues todo el esquema irritaba mucho a los norteamericanos.

La impresión general que obtuve de este grupo, por lo que me comentaron durante una cena que les ofrecí en mi casa, fue que los gobiernos centroamericanos tienen una calidad lamentable, que no existe voluntad política de arreglo, que algunos grupos de poder en estos países están lucrando con la guerra, sea política o económicamente.

Añadieron que los gobiernos de Costa Rica, Honduras y El Salvador se portaron de una manera muy engañosa, pues una cosa les platicaban en los salones y otra aparecía en los boletines de prensa. A los sandinistas los calificaron, de nuevo, de rígidos e inmaduros. Esta consideración se funda en que han desaprovechado oportunidades para abrir espacios de negociación, han exagerado la retórica y el insulto, y han caído en pleitos que, cuando menos vistos a cierta distancia, parece que hubieran podido matizarse: pleitos con los empresarios, con la prensa, con la Iglesia. La pretensión de los sandinistas de formar una Iglesia Nacional tiene, desde luego, la oposición de la jerarquía eclesiástica, pero aparentemente cuenta con cierta simpatía entre el clero medio. Me comentaron que Guatemala es el país más digno de todos.

El sabor de boca de los cancilleres es muy pesimista; piensan que tal vez se trate de una situación como la del Medio Oriente, en que se mantiene de manera prolongada una violencia baja. Sin embargo, todos coincidieron en la necesidad de continuar con el esfuerzo del Grupo Contadora, para que, cuando las cosas sean propicias, ya que por el momento parecían no serlo, se conservasen abiertas posibilidades de diálogo. Esto podría dilatar uno, dos o tres años.

Resultó muy impresionante la dureza con que el Grupo de los Diez calificó a los gobiernos centroamericanos. También hablaron de los graves niveles de pobreza en las calles de Nicaragua, Honduras y El Salvador. Encontraron que el peor de los gobiernos es el de Honduras. José Azcona incluso cometió groserías de tipo personal, como no saludar al representante de la OEA.

Comentaron que José Napoleón Duarte es un hombre bien intencionado, pero que está muy débil políticamente. En general, percibieron en Honduras, Costa Rica y El Salvador un fuerte rechazo al gobierno de Managua. Le tienen desconfianza, porque lo consideran comunista.

Al respecto, el presidente Óscar Arias me expresó durante su visita a México, el 26 y 27 de febrero, que Costa Rica se sentía defraudada por los sandinistas, pues después de ayudarlos a derrocar a Somoza, habían formado un gobierno dictatorial totalmente alineado con la Unión Soviética y Cuba. Se quejó amargamente de que los países vecinos están sufriendo las consecuencias, dada la enorme cantidad de emigrantes nicaragüenses que les llegan, creando problemas sociales, económicos y de seguridad.

La conclusión de la gira realizada por el Grupo de los Diez fue reconocer que la carencia de voluntad política de Estados Unidos impide alcanzar el entendimiento necesario para lograr la paz. También se reconoció que la capacidad de Contadora y del Grupo de Apoyo para modificar en el corto plazo esa voluntad política es prácticamente nula. Contadora no influye sobre la opinión del gobierno norteamericano; ahí sólo cuentan las fuerzas internas y la situación real. Contadora tiene cierto peso entre algunos miembros del Partido Demócrata y de los sectores más liberales de la sociedad norteamericana. Ya en estos momentos son los mismos norteamericanos quienes están llegando a la conclusión de que la estrategia de Reagan en Centroamérica no está dando resultados.

La irritación norteamericana por nuestra acción en Centroamérica se hizo evidente el 23 de enero, con la acusación que hizo Elliot Abrams, el subsecretario para Asuntos Latinoamericanos del Departamento de Estado, en el sentido de que los gobiernos de México y de Perú son de tendencias izquierdizantes. Cómo surgió esta declaración es confuso. Abrams dijo que lo citaron mal y Shultz aseguró que no autorizó que se hiciera una declaración de esa naturaleza.

Cuando a los pocos días se efectuó la reunión binacional México-Estados Unidos, el señor Abrams no participó en ella, pues había sido enviado a Costa Rica. Esto se entendió como un esfuerzo de los norteamericanos por suavizar la situación. Fue como si nos hubieran dado una rama de olivo.

El martes 21 de enero salió Sepúlveda hacia Estados Unidos, unos días antes de la reunión binacional, a fin de platicar con Walter Vernon, embajador en las Naciones Unidas, y con George Shultz. Yo impedí que la Cancillería mexicana enviara una nota de protesta con motivo de las declaraciones de Abrams, que ya tenía preparada, porque me pareció que no creaba un buen piso para la reunión binacional. Consideré que era mejor tratar este asunto en forma personal.

El resultado fue positivo, porque las conversaciones de Sepúlveda con Shultz y con Vernon se dieron en un tono suave y positivo. No se trataron con rigidez los asuntos relativos a la votación de México en las Naciones Unidas o a su posición respecto a Centroamérica.

Los norteamericanos, como resulta evidente, están buscando impulsar negociaciones entre Honduras, El Salvador y Costa Rica, a fin de formar un bloque centroamericano que excluya a Nicaragua y se enfrente a Contadora. Se trata de crear un bloque centroamericano consolidado que obligue a Nicaragua a ceder.

Este objetivo norteamericano se ha logrado con Honduras y El Salvador. El presidente Arias de Costa Rica ha tomado una vertiente diferente. Ya manifestó su repudio a los “contras”: acepta que es imposible negociar con ellos. Naturalmente, esto ha irritado —según me comentó el mismo Arias— a los Estados Unidos.

Nuestra diferencia fundamental con el Presidente de Costa Rica consiste en que él piensa que Contadora debe presionar a Nicaragua para que se democratice, y nosotros no podemos aceptar eso, porque, como le expliqué, la tradición de la política exterior mexicana se fundamenta en la no intervención y el respeto a la autodeterminación de los pueblos. Además, sobreestima la influencia de México, pues en muchas ocasiones les he hecho recomendaciones a los sandinistas que ellos han ignorado. En Costa Rica ven las cosas de una manera diferente; ahí no existen sentimientos antinorteamericanos y el resentimiento que hay es contra los sandinistas.

Entre el 6 y el 9 de febrero Philip Habib, embajador especial de los Estados Unidos para Centroamérica, hizo un viaje por Europa con el fin de disuadir a los miembros de la Comunidad Económica Europea de enviar delegados a la reunión de cancilleres que tendría lugar en Guatemala los días 9 y 10 de febrero. Habib logró que muchos europeos no vinieran, lo que debilitó aún más el proceso de pacificación promovido por el Grupo Contadora.

Sin embargo, la reunión sirvió para mantener viva la idea de Contadora en la Comunidad Europea. Si bien esto no tiene resultados concretos, cuando me- nos mantiene el principio de que los europeos deben tener una actitud comprometida frente al problema centroamericano.

El 15 de febrero, el mandatario costarricense se reunió en la ciudad de San José con los presidentes de El Salvador, Guatemala y Honduras, para presentarles oficialmente su propuesta de paz para Centroamérica, que desde entonces sería conocida como el Plan Arias. En esa reunión, los cuatro dirigentes expresaron su convencimiento de que la solución a los problemas de la región debía provenir de ella misma y manifestaron su disposición de llegar a un acuerdo.

Para entonces la propuesta costarricense, que llevó el título de “Procedimiento para establecer la paz firme y duradera en Centroamérica”, había evolucionado y generalizaba para todos los países centroamericanos los compromisos que originalmente planteaba sólo para Nicaragua.

En la reunión de San José, los países participantes aceptaron que no sería posible la pacificación regional sin la presencia de Nicaragua, que no había sido invitada al encuentro. Por tanto, decidieron convocar a otra reunión en Esquipulas, Guatemala, a fin de discutir el Plan Arias con el presidente Daniel Ortega. Además, acordaron que los foros internacionales como la ONU y la OEA, así como los grupos de Contadora y de Apoyo serían invitados a participar en el proceso pacificador que estaban emprendiendo.

En ese momento no estaba claro si la convocatoria para reunirse en Esquipulas era sólo una salida elegante para no firmar el Plan Arias, ya que éste proponía el cese al fuego, el retiro de los “contras” y la democratización interna de Nicaragua. Parecía cuestionable que los norteamericanos permitieran a Honduras y El Salvador apoyar el retiro de los “contras”. Yo llegué a dudar que la reunión tuviera lugar.

Las divisiones dentro de la “contra” nicaragüense, patentizadas por la renuncia de Adolfo Calero el 16 de febrero a la dirección de la Unidad Nicaragüense Opositora, se deben a varias causas, según he podido enterarme por los medios impresos norteamericanos. Por un lado, a que existen fenómenos de corrupción y, por otro, a que los norteamericanos están tratando de manipular para que la dirigencia de la “contra” pase a manos menos rígidas, es decir, buscan destituir de su dirección a quienes tienen mando militar, a fin de ponerla en manos de civiles más negociadores.

Su esfuerzo tuvo poco éxito: el nuevo líder de la UNO, Arturo Cruz, al cabo de un mes renunció a su cargo, acusando a la organización de ser “una camarilla excluyente” sin credibilidad ante la comunidad internacional y, por tanto, de ser incapaz de convertirse en una alternativa al Frente Sandinista de Liberación Nacional. Esta situación forzó una nueva reestructuración del directorio de los grupos “contras”, misma que se anunció el 6 de mayo en Miami. Así, casi todas las fuerzas quedaron unificadas en una organización que se denominó Resistencia Nacional.

El Comité de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano votó a favor de suspender la ayuda militar a la “contra” el 18 de febrero, al parecer motivado por información proveniente del escándalo “Irán-Contras”.* El 11 de marzo la Cámara de Representantes aprobó una resolución en el mismo sentido. Ahí los demócratas, que son quienes controlan esta Cámara, sabían que aunque ellos negaran el

*Nombre con el que la opinión pública conoció una operación militar norteamericana clandestina. En diciembre de 1986, el Ejecutivo estadounidense creó una comisión para investigar si el producto de la venta de armas a Irán se había destinado a apoyar las actividades de los contrarrevolucionarios nicaragüenses, en contravención a las disposiciones del Congreso de los Estados Unidos [N. del E.].

apoyo a la “contra”, éste podría salir más tarde con el veto de Reagan. Sin embargo, decidieron seguir adelante precisamente para vulnerar la política de Reagan.

La visita a México del presidente Arias los días 26 y 27 de febrero hizo evidentes ciertas diferencias en nuestra apreciación sobre Centroamérica. Sin embargo, lejos de oponerme a la presentación del Plan Arias o a la posible reunión en Esquipulas, señalé que me parecía muy positivo que los centroamericanos se responsabilizaran de sus problemas.

Lo que sí me pareció muy desafortunado fue lo declarado por Arias sobre el proceso de negociación de la deuda externa durante una entrevista televisada a su llegada a México, así como las críticas al sistema político mexicano que externó durante el viaje extraoficial que realizó al estado de Oaxaca. Sus imprudencias obligaron al gobernador Heladio Ramírez a callarlo públicamente en un par de ocasiones.

La verdad es que ello sólo nos demuestra una torpeza. Sin embargo, creo que es válido decir que Arias y, en general, los presidentes, corresponden al nivel de sus países. Yo diría que cualquiera de los gobernadores de los estados de la República mexicana es superior a Arias.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.