Recuento de 1986 y perspectivas para 1987

"MES: ENERO"

TODOS LOS AÑOS DE MI GOBIERNO HAN SIDO DIFÍCILES. Haciendo memoria, baste recordar que en 1983, en medio del desprestigio que nos legó el gobierno de López Portillo, tuvimos que enfrentar la espantosa necesidad de reconocer la dimensión de la crisis económica en que estábamos inmersos, con la consecuente desmoralización. Atravesamos ese año en medio de resquemores y dudas sobre la viabilidad del gobierno. Enfrentamos la presión obrera, con su amenaza de huelga general, así como manifestaciones constantes en la calle. Fue un año que vivimos en estado de sobresalto permanente y en el que, sin embargo, enderezamos significativamente la economía del país: el déficit público bajó de 18 a 8 por ciento.

Mil novecientos ochenta y cuatro empezó bien, pero, sin darnos cuenta, en el segundo semestre perdimos el control de la economía. Por ello, empezamos 1985 con una economía descompuesta. Desde los primeros meses tuvimos que comprimir el gasto público, tanto para controlar el proceso inflacionario como para hacer frente a los primeros descensos en los precios del petróleo. En julio, junto con otras medidas económicas muy difíciles, redujimos el tamaño del sector público.

Éstas no fueron las únicas dificultades en ese año; también tuvimos que enfrentar las expectativas de un gran triunfo panista en las elecciones para diputados federales, con la consecuente necesidad de luchar contra el supuesto debilitamiento del PRI. A ello se añadieron los trágicos sismos de septiembre, con su secuela de muerte, desánimo y problemas por resolver.

Entramos a 1986 habiendo doblegado el crecimiento panista, autodenominado desde 1983 “la ola azul”. Los panistas vieron frustradas sus expectativas de éxito en la contienda electoral por la gubernatura de Chihuahua.

Mil novecientos ochenta y seis fue un año que requirió muchas decisiones importantes. Las más trascendentes fueron las relativas al manejo de la crisis económica, la cual se vio agravada por la dramática caída de los precios del petróleo y la cerrazón inicial del mundo financiero internacional, que nos secó la fuente de préstamos.

Además de enfrentar en este terreno decisiones difíciles sobre gasto, precios y tarifas, tipo de cambio y tasas de interés, tuve que soportar el problema derivado de la rebeldía del secretario de Hacienda, Jesús Silva Herzog. Su relevo fue importante en el proceso de renegociación de la deuda, pues los norteamericanos vieron que estaba yo dispuesto a ser firme y los secretarios de Estado tomaron nota de que la sangre podía llegar al río.

Otras situaciones en extremo conflictivas fueron las negociaciones para mantener la contención salarial, las nominaciones y elecciones de 13 gobernadores, el manejo de nuestra relación con Estados Unidos, el avance de la reconstrucción posterior al sismo, así como la necesidad de seguir empujando la apertura comercial y el ingreso de México al GATT.

En 1986 la relación con los diversos grupos sociales fue tirante, pero nunca explosiva. Nuestra relación con los obreros no se salió de cauce: no tuvimos ningún conflicto obrero grave. En el campo vivimos problemas en algunas zonas, como las protestas activas para obtener mejores precios de garantía, que nunca nos permitieron olvidar que la situación del campo podría volverse explosiva si dejamos de canalizarle dinero. Sin embargo, el hecho es que no tuvimos ningún conflicto agrario mayor.

La relación con los empresarios fue mixta. Siguió habiendo derechistas que manifestaron una oposición radical al gobierno, lo que no dejó de ser irritante.

Para los voceros de la Coparmex y de alguna manera los de la Concanaco, los avances de la reprivatización son insignificantes. Los otros empresarios han sido más moderados. No tuvimos ningún conflicto regional con este sector, y sabemos bien que los dirigentes nacionales no reflejan la actitud de los empresarios de provincia, que están más dispuestos a reconocer que hemos salvado en gran medida la planta productiva.

Los medios de comunicación continuaron su intento de escandalizar a la opinión pública para vender más, pues el hecho es que venden menos. Yo creo que la circulación de los periódicos ha bajado 50% aproximadamente. Ello se debe a que los insumos para una circulación amplia son muy costosos y también a que la gente compra menos.

Nuestras relaciones con Estados Unidos fueron tirantes, pero realmente en ningún momento explosivas. Nosotros, por táctica, a veces exageramos el nivel de conflicto. La realidad es que esa relación conflictiva con Estados Unidos es permanente. Vale la pena comentar que, en el curso del año pasado, sobre todo después de que se fue Silva Herzog, los norteamericanos reconocieron que hemos avanzado mucho en el saneamiento de nuestras finanzas. Sin embargo, su actitud, también por táctica, es la de presionarnos para que hagamos más, lo que sin duda creó momentos muy desagradables.

Los partidos de oposición siguieron caracterizándose por su incapacidad para el diálogo. El PAN se radicalizó en este año. Creció el neopanismo con propensión a la violencia. Su discurso se hizo más agresivo y duro. Por ello, a pesar de ser la segunda fuerza electoral del país, no puede ejercer influencia sobre el sistema político, ya que cuando sus dirigentes vienen a verme, lo único que hacen es recetarme lo mismo que dicen en la calle.

El acercamiento del PAN a los grupos conservadores de Estados Unidos es evidente. Sin embargo, ese partido tuvo un avance importante en la votación en Chihuahua, donde logró grandes movilizaciones. En Sinaloa no ocurrió lo mismo, porque su candidato Manuel Clouthier se desgastó con una actitud muy grosera.

El PDM, que es la otra fuerza de derecha, sólo tiene influencia regional. Sus militantes son auténticamente violentos, pero no lograron aumentar la votación a su favor. La izquierda continúa con su agresión sistemática a todo, salvo a la política exterior. De hecho sus partidos tuvieron una pérdida electoral, pues han sido incapaces de hacerse más atractivos. En el fondo, y afortunadamente, los partidos de oposición desaprovecharon la crisis.

El PRI se reanimó mucho con la victoria de Chihuahua. Está más consciente de los nuevos retos, se ha movilizado más y está actuando con más cuidado. Sin embargo, como durante años la oposición creció a costa del PRI y éste perdió prestigio y credibilidad en esa entidad, el resultado de las elecciones fue puesto en duda. La polarización entre panistas y priistas en Chihuahua requiere urgentemente una reconstrucción política a fondo, a fin de evitar problemas en las elecciones federales de 1988.

Otro problema que debemos enfrentar en Chihuahua es la alianza abierta del clero y el PAN. No cabe la menor duda de que los obispos de Chihuahua y Ciudad Juárez son abiertamente militantes panistas. Para comprobarlo baste leer los documentos básicos que han firmado, como “talleres para la democracia”. En ellos, además de los argumentos panistas tradicionales, atacan los artículos 3º y 130 constitucionales.

La Iglesia es heterogénea: está dividida. Sin embargo, el común denominador entre la Iglesia del norte y la del sureste, que es de izquierda, consiste en que ambas promueven temas que son conflictivos frente al Estado, esto es, que conciben la denuncia como parte de su “misión”.

En Veracruz la campaña del PRI se desarrolló bien. En Puebla, muy bien. En Aguascalientes estuvo bien manejado el proceso, aunque en Calvillo tuvimos un problema con los sinarquistas. En Durango sí ocurrieron cosas indebidas: la CTM se hizo cargo del proceso electoral y el centro fue incapaz de controlar la situación. En Tamaulipas tuvimos conflicto por plazas, particularmente con el PARM, pero nada muy grave. Como diría el profesor Olivares Santana, en Laredo y Matamoros tuvimos situaciones “desaseadas”.

No puedo negar que hay muchos aspectos de lo ocurrido en 1986 que me dejaron insatisfecho. En primera instancia, el alza de la inflación y la reducción del salario real y del consumo. Sin embargo, en conjunto, terminó el año con un sabor de boca positivo, ya que ante una situación dramática que pudo habérsenos escapado de las manos, haciendo que el país cayera en bancarrota, supimos manejar con gran habilidad las circunstancias. Demostramos con ello que los años de crisis nos han enseñado a manejar situaciones por demás conflictivas. La prueba es que la inflación, si bien subió a 105%, no se disparó de manera incontrolada, como tampoco se dieron quiebras en cascada con el consecuente desempleo masivo. Incluso, aumentaron las reservas del Banco de México.

La mejor forma de medir lo logrado en 1986 es el espíritu con el que empieza 1987; es decir, que tanto a finales de 1986 como al inicio de este año estamos viviendo un fenómeno importante: el regreso de capitales mexicanos radicados en el extranjero. Si bien esto todavía es incipiente, ha regresado el capital necesario para mantener la economía caminando y están aumentando las inversiones. Vemos en ello un signo de confianza, un signo de reconocimiento al hecho de que pudimos superar circunstancias dramáticas y logramos encaminar el país por un sendero de recuperación.

La perspectiva para 1987 es borrosa, aunque hay signos positivos como el aumento del precio del petróleo, la resolución del paquete financiero externo y una mejor relación con Estados Unidos. Además, ya existe mayor aceptación del concepto de cambio estructural, que al principio era tan poco entendido. Ahora hay más apoyo a la reconversión, la descentralización y la apertura comercial. Finalmente, el proceso sucesorio se está manejando en un ambiente de adaptabilidad y trabajo.

En esta última cuestión yo he querido ser más ortodoxo y sobrio que otros presidentes. La consecuencia es que la gente está más animada. Ha habido un gran movimiento en la Bolsa de Valores y las acciones patrimoniales de los bancos se han vendido sin ningún problema. Nuestra meta para 1987 es que la inversión privada aumente 15% y que el gobierno también dé un impulso real a la inversión en otro 15 por ciento.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.