Deuda externa: negociaciones con la banca comercial

"MES: NOVIEMBRE"

El 19 de noviembre se anunció que 90% de los bancos comerciales con quienes estamos negociando nuestra deuda externa, es decir, lo que en términos hacendarios se denomina la masa crítica, había aceptado las condiciones solicitadas por México, que en lo esencial consistían en una reestructuración de plazos y costos de la deuda vigente, así como en un paquete adicional de financiamiento por 6 000 millones de dólares.

Ello nos significaba un respiro, pues semanas después de que se logró el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional —el 22 de julio— se hizo claro que sería muy difícil obtener de los bancos comerciales los recursos esperados. Con ello, se oscurecieron de nuevo nuestras perspectivas económicas.

Las circunstancias se volvieron tan apremiantes que, alrededor del 20 de septiembre, México planteó la posibilidad de suspender el pago de intereses correspondientes a más de 50 000 millones de dólares de su deuda. Hicimos esto no como un método de presión, sino como la manifestación de una realidad. Dejamos claro que si no nos prestaban el dinero que estábamos pidiendo, no habría divisas para pagar.

Lo que hicimos fue manifestar la realidad: sin el apoyo externo de la banca comercial, la estrategia de recuperación económica no funcionaría y México no podría continuar pagando el servicio de su deuda.

Las contrapropuestas que ellos nos hicieron consistieron en solicitar un mayor ajuste de política económica, principalmente en los terrenos comercial, de inversión extranjera y de reprivatización. Nuestra respuesta consistió en señalar que ya se habían hecho enormes avances en esos aspectos y que no podíamos ir más allá de cierto ritmo y cierto límite.

Esta ingrata y ardua labor de convencer a nuestros acreedores de los avances realizados, haciéndoles ver el tamaño de las dificultades que enfrentamos y el nivel real de peligro de vernos obligados a suspender el pago de nuestra deuda, correspondió, fundamentalmente, a las secretarías de Hacienda y de Programación y Presupuesto, en sus diferentes niveles. En ocasiones los secretarios, en ocasiones los subsecretarios dialogaron con el Banco Mundial, los gobiernos extranjeros y los bancos privados.

Fue una labor constante, difícil, desgastante, pues México se encontraba en el banquillo de los acusados y, a partir de ahí, tenía que defender la eficiencia relativa de su política económica.

La negociación con los bancos comerciales fue muy larga y compleja. Los obstáculos fueron particularmente grandes con los bancos pequeños y regionales de Estados Unidos y, en general, con todos los de Europa. Ellos tenían dudas sobre la viabilidad del arreglo que nosotros pretendíamos, pues en el fondo dudaban de nuestra capacidad para salir adelante. Presentaban resistencias a la posibilidad de dar más dinero a México, porque sentían que, en buena medida, era echar dinero bueno al malo.

Sin embargo, a partir del 19 de noviembre, cuando se anunció que ya se había obtenido la masa crítica, nuestra perspectiva mejoró. Al día siguiente, el Fondo Monetario Internacional se dio por enterado, por lo que pudimos continuar con el arreglo. Una declaración similar hizo el Banco Mundial. Esto nos hizo pensar que posiblemente se firmaría con el total de los bancos en el mes de diciembre.

El problema de la deuda externa nos ha resultado sumamente agobiante, tanto por el retraso en este arreglo, que habíamos estado esperando desde mediados de octubre y que no salió hasta mediados de noviembre, como porque en el fondo el problema de la deuda es el cuento de nunca acabar. Hay que hacerse a la idea de que cada vez que los bancos tengan que hacer un desembolso, tendrá que haber negociaciones.

El punto es que, puesto que nos prestaron dinero, vamos a tener que estar permanentemente sometidos a su vigilancia. Ellos estarán, todo el tiempo, cuidando el movimiento de nuestra economía, y darán opiniones, presionarán y se quejarán. Eso nos obliga a vivir bajo su escrutinio.

En el caso del Fondo Monetario Internacional, en el que el acuerdo se obtuvo por la presión política de Estados Unidos, el staff, resentido, se encargará de escudriñarnos para encontrar cualquier mosca que haya en la sopa y solicitar la suspensión de la entrega de dinero a México.

En el seno de la Comunidad Económica Europea hubo declaraciones exhortando al Fondo Monetario Internacional y a los bancos comerciales a aligerar la carga de la deuda para América Latina. Lo único que ello demuestra es que los europeos son muy buenos para las posiciones retóricas en grandes foros, aunque en el terreno de los hechos sus banqueros son iguales que los norteamericanos y los japoneses.

El mes de retraso en la firma del acuerdo de estos bancos comerciales nos afectó, obligándonos a mantener una política muy rígida en el terreno monetario, crediticio y fiscal. Pudimos sobrevivir sin tener una pérdida peligrosa en nuestras reservas monetarias, gracias al retorno de capitales, que fue de entre 1 000 y 1 500 millones de dólares en los últimos meses del año, así como a la disminución de las importaciones, el aumento de las exportaciones y la recuperación del turismo. Estos resultados se debieron, precisamente, a que mantuvimos una política rígida de astringencia, obligando a la sociedad a responder para sobrevivir.

El éxito de la negociación fue completo. Además de que aceptaron otorgarnos el financiamiento fresco, logramos reestructurar a 20 años una cuantiosa parte de la deuda externa. También obtuvimos reducción en las sobretasas y comisiones cargadas por los bancos, lo cual afectó mucho a los bancos pequeños. Ésa fue una de las causas por la que algunos se manifestaron tan reacios a firmar el acuerdo.

Los bancos pequeños nos pidieron que reconsideráramos nuestra solicitud de disminución en los costos de la deuda, pero nosotros nos mantuvimos firmes, y pudimos sacar el acuerdo adelante. No dudo que esos bancos ya estén formando una reserva para la deuda mexicana, es decir, preparándose para las pérdidas que les pueda significar en sus contabilidades.

Por otro lado, sabemos que algunos de los bancos más pequeños venden a otros intermediarios parte de nuestra deuda, y lo hacen con un descuento enorme. Sin embargo, nosotros no podemos considerar ese mecanismo como la solución para comprar parte de nuestra deuda a valor de mercado, pues aunque hemos realizado algunas operaciones marginales, no tenemos la cantidad de dinero que se requiere para ello.

Lo que los bancos sí han visto como conveniente es intercambiar deuda por acciones patrimoniales de empresas mexicanas. Esto ya ha venido ocurriendo, sobre todo en el caso de la deuda privada. Ha sido decisión de los empresarios privados, y el gobierno los ha apoyado por medio del Banco de México y de la Comisión de Inversión Extranjera. Incluso se han creado normas y reglamentos para proceder en esos casos.

En cuanto a las empresas públicas, el interés de los compradores se ha orientado exclusivamente a las estratégicas, como Pemex, que no estamos en disposición de vender; y no se han acercado al tipo de empresas del que nosotros quisiéramos deshacernos.

La aceptación por parte de la banca comercial del “seguro contra fluctuaciones en el precio del petróleo” y el “seguro para el crecimiento” generó especulaciones y equívocos. En realidad se pactó que, en principio, en el caso de que el precio del petróleo disminuyera por abajo de nueve dólares, o México no lograra cierto crecimiento de su economía, podríamos solicitar 500 millones de dólares adicionales.

Fue un acuerdo en principio, lo que no crea obligación alguna. No podía ser de otra manera, pues de lo contrario todos los acreedores solicitarían que en sus préstamos se incluyera un seguro contra la depreciación del producto que representa su mayor ingreso. La confusión estuvo en que se tomó como definitivo lo que sólo era una idea.

De cualquier manera, lo más significativo de la última ronda de negociaciones fue que al acordar una reestructuración de plazos y costos de la deuda existente y obtener un paquete adicional de financiamiento, logramos un margen de maniobra para manejar la economía. Nuestro máximo logro fue que no incurrimos en el caos que hubiera significado dejar de pagar la deuda. Por otro lado, sin dinero fresco, nos hubiéramos obligado a un presupuesto ultrarrestringido, con los conflictos consiguientes.

A la luz de esta negociación se entiende más claramente la importancia del Programa de Aliento y Crecimiento, ya que lo anunciamos como puntal a partir del cual realizar la negociación. Ahora tendremos que esperar que lleguen los recursos y camine la economía para cumplir con sus puntos específicos.

Por ello, el escenario económico más probable para 1987 consiste en un primer semestre muy difícil, pues no habrá una reactivación económica rápida ni será posible bajar la inflación. Por lo mismo, continuarán las tensiones del desempleo y del déficit público.

Dado que tardaremos en recibir dinero del extranjero o en aumentar nuestra recaudación fiscal, en el primer semestre de 1987 estaremos obligados a sobrevivir con los recursos que obtengamos por la venta de bienes y servicios públicos, esto es, por precios y tarifas.

En el segundo semestre esperamos que la mayor liquidez produzca el repunte de la actividad económica, con un descenso de la inflación. El déficit será más controlable, porque los requerimientos de financiamiento del gobierno serán menores, lo que nos permitirá bajar intereses y soltar un poco el crédito. Confiamos en que continúe creciendo la exportación y se mantenga la recuperación del turismo. En fin, las perspectivas para el segundo semestre de 1987 son mejores.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.