Iniciativas de ley: reforma fiscal

"MES: NOVIEMBRE"

El 15 de noviembre presenté a la Cámara de Diputados las iniciativas de Ley de Ingresos de la Federación para el ejercicio fiscal de 1987, y de la ley que establece, reforma, adiciona y deroga diversas disposiciones fiscales, conocida como Miscelánea Fiscal. Estas dos leyes conforman una importante reforma que modifica radicalmente varios aspectos fundamentales del sistema tributario mexicano.

En realidad, a todo lo largo de 1986 la Secretaría de Hacienda y Crédito Público estudió y formuló un conjunto de reformas impositivas. Desde tiempo atrás se había venido hablando de la necesidad de realizar esas reformas, pero no con un esquema claro.

El proyecto de ley fue elaborado, fundamentalmente, por Jaime Serra Puche, aunque también intervino en él Guillermo Prieto. De hecho ya me lo había presentado Jesús Silva Herzog, pero lo hizo de manera poco convincente y en un momento inoportuno, en octubre de 1985, esto es, a un mes de que se tuviera que presentar en el Congreso. Me da la impresión de que el mismo Silva Herzog no le había dado el golpe. Petricioli empezó a preparar este proyecto de ley desde que entró a la Secretaría de Hacienda en junio, y trabajó en él de junio a noviembre.

El Fondo Monetario Internacional ya nos había hecho ver que se nos estaban erosionando las cargas impositivas, y que esto era un problema estructural. También había destacado las fallas de nuestra capacidad de recaudación. El FMI nos pidió que tomáramos medidas, aunque naturalmente sin aclarar de qué tipo o cómo deberíamos implantarlas. Lo que es claro es que dicho organismo dejó de insistir en la necesidad de recortar el gasto, reconociendo que éste ya se había apretado lo más posible, para subrayar la necesidad de aumentar nuestros ingresos por la vía fiscal y por la vía tarifaria.

La realidad es que efectivamente se había bajado dramáticamente la recaudación y ya teníamos muchas declaraciones en ceros. Esto ocurrió porque la inflación deteriora el valor real de las contribuciones, como consecuencia del tiempo que transcurre entre la causación y el pago del impuesto. Además, y con igual importancia, porque disminuye la base gravable de las empresas y alienta el endeudamiento, en tanto que, como ocurría con la legislación anterior, se permita la deducción de los intereses nominales, y no solamente de los reales.

Al hacer atractivo el endeudamiento para las empresas, también se desalentaba la reinversión de utilidades. Así, al subir las tasas de interés junto con la inflación, aumentaban las deducciones y caía la recaudación. En suma, se había per- dido el principio de equidad básica: la carga fiscal de la empresa era inversamente proporcional a su grado de endeudamiento y prácticamente independiente de sus utilidades reales.

Por ello, lo medular de la reforma corresponde al impuesto sobre la renta en lo que se refiere a las deducciones de intereses de las sociedades mercantiles, ya que la iniciativa permite deducir únicamente el componente real de los intereses, esto es, aquel que resulta de restar a la tasa de interés el porcentaje de inflación observado en el periodo.

En un lapso de cuatro años, la tasa impositiva disminuirá gradualmente de 42 a 35%. Este periodo de transición fue propuesto para evitar que las nuevas disposiciones afectaran a las empresas muy endeudadas que, al no poder deducir en adelante el valor nominal de los intereses, podrían enfrentar escasez de recursos para seguir operando. De suerte que a lo largo de los cuatro años se calculará el impuesto sobre la base del sistema anterior y sobre la nueva base, y el impuesto que deba pagarse resultará de un promedio ponderado de ambos, en el que la proporción del sistema anterior será inicialmente más alta y disminuirá paulatinamente hasta que, en el quinto año, la totalidad del impuesto se calculará con el nuevo sistema.

Por otro lado, la tasa de las personas físicas se reducirá en este periodo de transición de 55 a 50%, con el propósito de contrarrestar los mayores impuestos que venían pagando los individuos. Efectivamente, al depender las tasas de los ingresos nominales, la inflación había llevado a los causantes a estratos superiores de la escala impositiva.

La carga fiscal al capital y al trabajo en nuestro país ha sido históricamente inequitativa. Sin embargo, en la coyuntura actual, lo único que buscamos fue restaurar el nivel histórico de carga impositiva. El empresariado mexicano estuvo de acuerdo en esta necesidad; lo que pidieron fue un mayor plazo de ajuste. Petricioli, como posición de negociación, empezó diciendo que las modificaciones se realizarían en dos años, pero cedió hasta cuatro. Por otro lado, los empresarios ponían énfasis en que la tarifa impositiva bajara de 42 a 25% y, sin embargo, se logró establecer ésta en 35 por ciento.

Nuestra negociación siempre tuvo presente el peligro de una reacción negativa de la actividad privada, pues aunque la carga impositiva para las empresas no rebasa el nivel histórico, definitivamente resultará mayor ahora que inmediatamente antes de la reforma fiscal. Sin embargo, su implantación va a ser lo suficientemente gradual como para no desestimular la inversión de las empresas, propiciar la asignación de ahorro a inversiones no productivas o fomentar la fuga de capitales. De otra manera, el tiro nos saldría por la culata.

Nuestra propuesta es incrementar la recaudación fiscal, pero sin desalentar la productividad del país. Petricioli me ha manifestado que está satisfecho con lo logrado y, en esa medida, me siento tranquilo.

Nuestras metas para el futuro consisten en realizar un gran esfuerzo de simplificación legal y reglamentaria. Hay que modernizar la administración tributaria, que es una verdadera maraña. La complejidad del aparato fiscal nos hace prácticamente incapaces de administrarlo. También quisiéramos avanzar eliminando bases especiales de tributación.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.