Partido Revolucionario Institucional: renuncia Lugo Verduzco y entra De la Vega

"MES: OCTUBRE"

El 7 de octubre, Adolfo Lugo Verduzco renunció a la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Revolucionario Institucional, para aceptar su postulación como candidato del partido a la gubernatura del estado de Hidalgo. Al día siguiente, los tres sectores del PRI eligieron a Jorge de la Vega Domínguez como nuevo presidente de su Comité Ejecutivo Nacional.

Relevé a Lugo Verduzco de la presidencia del PRI porque de manera prudente, por medio de terceras personas, me hizo saber que deseaba irse a Hidalgo. La razón que esgrimió para pedirme dicho cambio fue que se sentía anímicamente agotado por el peso del partido. Aproveché la coyuntura, pues pensé que dado que el PRI es un centro natural de desgaste, tanto porque su función es la negociación permanente como porque debe ser manejado como un pararrayos político, era inconveniente mantener allí a una persona que se sentía agobiada. Por el contrario, ante la perspectiva de la sucesión presidencial, necesitaba ahí a alguien que se sintiera lleno de fuerza y vigor.

La candidatura al gobierno de Hidalgo abrió la posibilidad de retribuir a quien me había servido con gran lealtad, y se presentaba en un momento muy adecuado.

Como presidente del partido, Lugo Verduzco enfrentó una etapa difícil, que supo librar bien. Para evaluar su gestión hay que recordar que cuando se inició mi candidatura a la Presidencia de la República, el PRI estaba totalmente desarticulado. Baste recordar que para julio de 1983 ya habíamos perdido las elecciones en las ciudades de Chihuahua, Durango, Guanajuato y San Luis Potosí. Esta importante ola de fracasos hizo que se creara la sensación de que el PRI podía perder todo el norte del país.

A cuatro años de distancia hemos recuperado todas las posiciones. Lo logramos porque se hizo un gran trabajo. Nuestro triunfo, aunque no impoluto o inmaculado, es indiscutible.

El PRI avanzó tanto en el terreno doctrinario como en el pragmático. Lo primero fue reconocer la necesidad de cambio. En la XII Asamblea, que tuvo lugar en agosto de 1984, se habló con franqueza sobre la necesidad de hacer una mejor selección de candidatos. En dicha ocasión también se actualizaron los textos básicos del partido, incorporándoles mi pensamiento político.

En la práctica, ello significó iniciar una serie de experiencias en diferentes estados de la República, en las que las candidaturas a las presidencias municipales fueron consultadas con las bases priistas. El objetivo es seleccionar candidatos realmente populares, esto es, rescatar a los verdaderos líderes naturales.

El experimento, inevitablemente, se ha realizado de manera selectiva y en forma orientada, pero no por ello deja de ser un cambio significativo que implicó muchas negociaciones muy complejas. No se puede minusvaluar el esquema sectorial del partido, ni los intereses de sus operadores o de los gobernadores.

Avanzamos dentro del gradualismo necesario para evitar rupturas que pondrían en peligro la estabilidad del país o que propiciarían la desarticulación o desunión del partido. Por ello, los logros alcanzados por Adolfo Lugo Verduzco no han penetrado plenamente en la conciencia del público. Hizo más de lo que supo lucir, o tal vez de lo que la gente estuvo dispuesta a aceptar, dada la deslegitimación política provocada por la misma crisis.

La realidad es que rompimos una inercia de pasividad dentro del partido, que se inició durante el gobierno de Manuel Ávila Camacho y se consolidó durante el gobierno de Adolfo Ruiz Cortines. A partir de ese momento, el partido se sintió seguro de sus triunfos y dejó de esforzarse por adecuarse a la sociedad. Por ello, estos primeros pasos de renovación, si bien son pequeños, requirieron una enorme energía y desgaste, pues hubo que vencer inercias espectaculares.

Escogí a Jorge de la Vega porque lo conozco bien. Es un político sereno, moderado y conciliador, que tiene el respeto de la llamada clase política. Es, sobre todo, un hombre leal.

Le fijé como línea de acción preparar al partido para la sucesión presidencial, esto es, movilizarlo, afianzarlo, tratar de meter al redil a todos y empezar a dar esperanzas, pues ya es el momento de hacerlo. En fin, yo necesito que el PRI sea un aparato actuante, organizado, que esté lo mejor aceitado para el momento de la sucesión. Ello supone la organización de diferentes tipos de reuniones y acercamientos.

Tenemos que ir buscando nuevas formas, pero respetando los hábitos políticos de los diferentes segmentos sociales. No es el momento para dar maromas experimentales que no sabemos a dónde nos puedan conducir. Tenemos que darle calor a los líderes populares que encuentran en las manifestaciones masivas la oportunidad de ejercer su pequeño poder de acarreo y dominio. Hay que mover todos los resortes del partido.

De la Vega llegó al partido lleno de brío. Generó expectativas y trató de reclutar y acercar a todo aquel que se dejara, incluso a la Corriente Democrática. Su arribo a la presidencia del PRI fue bien recibida por todos los grupos políticos.

No creo que existiera ninguna liga entre Jorge de la Vega y aquellos que la opinión pública señala como presidenciables. No lo creo, porque Jorge es un hombre muy frío. Por otro lado, su supuesta vinculación con Carlos Hank González es tan cierta como que De la Vega es “muy amigo” de Echeverría, de López Portillo, de Díaz Ordaz y, en fin, de todo el mundo: ésa es su habilidad como político.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.