Contadora: diálogo con los cancilleres del Grupo y con los del Grupo de Apoyo en Naciones Unidas

"MES: SEPTIEMBRE"

El 24 de septiembre pronuncié en la Asamblea de las Naciones Unidas un discurso en el que reiteré las tesis básicas de la política exterior mexicana. No pretendía ser un discurso espectacular, ya que en Naciones Unidas sólo pueden serlo aquellos pronunciados por los presidentes de las grandes potencias. Mi objetivo era cumplir con un protocolo, pues ya se ha hecho costumbre que el Presidente de México asista a dicho foro alguna vez durante su sexenio.

Aproveché la presencia en Nueva York de los cancilleres de Contadora y del Grupo de Apoyo para reunirme con ellos en la misión de México. La situación era preocupante, no sólo por lo infructuoso de los esfuerzos de Contadora, sino por el serio estado de tensión existente en toda la región centroamericana. Baste recordar que el 17 de junio los Estados Unidos calificaron de insatisfactoria la última propuesta de paz de Contadora. Phillip Habib señaló que no era suficientemente amplia o verificable. Además, el veredicto de los países de la región quedó suspendido ante la aprobación, el 25 de junio, por parte de la Cámara de Representantes estadounidense, de la solicitud del presidente Reagan de otorgar 100 millones de dólares a la contrarrevolución nicaragüense.

Ante el deterioro de la relación entre Estados Unidos y Nicaragua, nuestra capacidad de acción se reducía. Por ello, en mi plática con los cancilleres latinoamericanos fui, de manera discreta y sutil, más allá de la problemática centroamericana. Hablé de la conveniencia de ir dando pasos graduales en la institucionalización de las actividades de la comunidad latinoamericana. Ello supone encontrar fórmulas para que los múltiples organismos latinoamericanos ya existentes trabajen de manera más coordinada.

Concretamente, se trataría de que las labores de la Asociación Latinoamericana de Integración, la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio, el Sistema Económico Latinoamericano —con su grupo de pesca y su grupo de energía—, el Grupo Contadora, el Grupo de Apoyo y el Grupo Cartagena, entre otros, fueran más coherentes entre sí. Insistí en que mientras todos estos organismos actuaran de manera autónoma, no avanzaríamos en la formación de un concepto de comunidad latinoamericana. Propuse que se avanzara en la vieja idea de crear un parlamento latinoamericano, al tiempo que establecíamos un consejo de ministros de relaciones exteriores, para vigilar el desarrollo regional y apoyar a las diferentes instituciones.

Brasil, que conserva el deseo de ser la potencia hegemónica en Suramérica, se manifestó reticente a nuestro planteamiento, como después pudimos saber por medio de ciertos oficios internos de la Cancillería brasileña que Sepúlveda obtuvo de manera extraoficial. En ellos se señalaba que había que tener cuidado con México, el cual pretendía colocarse en una posición de liderazgo. Parece que los brasileños sienten que su participación en el Grupo de Apoyo a Contadora se dio de manera forzada. Estiman que fueron víctimas de un albazo cuando se creó este Grupo en la reunión de Lima de julio de 1985. También ven con recelo al Grupo de Cartagena. Por ello, precisamente, fue que propusimos que la siguiente reunión para hablar de la integración latinoamericana se realizara en Río de Janeiro.

Ésa ha sido nuestra política: tratar de involucrar a los países que sentimos que tienen una actitud más resbaladiza. Ejemplo de ello fue la reunión de Caraballeda, Venezuela, los días 11 y 12 de enero de 1986, con la que logramos impulsar significativamente la voluntad del país anfitrión de participar más activamente en el Grupo Contadora.*

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.