Situación económica: la semiindización de precios

"MES: AGOSTO"

El 21 de agosto se introdujeron los Pagarés de la Federación al mercado financiero mexicano, como instrumentos que garantizan un rendimiento superior al de la tasa de devaluación del peso.

Esta medida y los frecuentes ajustes que hemos tenido que hacer a las tasas de interés responden a la necesidad de atender el mercado de dinero, el cual es muy susceptible a la inflación y a la incertidumbre. Si no actuamos con agilidad en este terreno, no seremos capaces de retener el capital mexicano dentro de nuestra economía.

De igual manera, el reconocimiento de la inflación nos ha llevado a ajustar, mediante el mecanismo de deslizamiento, nuestro tipo de cambio. Los efectos de este proceso, así como los del ajuste frecuente y sistemático de los precios y tarifas del sector público, nos han llevado inevitablemente a una semiindización de la economía.

Lo grave de la inflación es precisamente su tendencia a interconstruir círculos viciosos. Así, por ejemplo, nosotros estamos conscientes de que los aumentos de los precios de los bienes y servicios del Estado disparan los precios de los bienes que produce el sector privado. Sin embargo, no existe otra alternativa que su ajuste frecuente, pues de otra manera aumentaría el déficit público o tendríamos que reducir el gasto en áreas estratégicas.

De hecho, nuestros ajustes han estado siempre rezagados respecto a la inflación, ya que, por razones políticas o económicas, no hemos podido cumplir los programas que al respecto preparan las secretarías de Hacienda y Crédito Público y de Programación y Presupuesto.

Otro factor que alimenta la inflación es el de los ajustes salariales. Aquí empiezan a surgir más problemas, pues recientemente los representantes del sector obrero han manifestado la posibilidad de exigir aumentos emergentes de salario y de proponer medidas tales como la revisión bimestral tanto de los salarios mínimos como de los contractuales. Sin aceptar la propuesta obrera, tenemos que reconocer que la situación actual nos obliga a aceptar, como la única forma de evitar un crítico deterioro del salario, revisiones anticipadas del salario mínimo y negociaciones contractuales más altas.

Como ya comenté, estas realidades ubican a nuestra economía en una situación de semiindización, pues la inflación nos obliga a vivir un proceso constante de ajuste de precios. Sin embargo, rechazamos el concepto técnico de indización de precios, pues consideramos negativo que los ajustes se hagan de manera automática. Cuando esto ocurre, se vuelve prácticamente imposible romper el círculo vicioso de la inflación.

Las dificultades por las que atravesamos nos obligan a seguir con detalle lo que pasa en otras naciones que han vivido circunstancias parecidas. La atención de muchos mexicanos, incluidos algunos técnicos del gobierno, se ha volcado sobre los tratamientos de choque para combatir la inflación iniciados en Argentina y Brasil en junio de 1975 y febrero de 1986, respectivamente. Yo encuentro poco atractivos los planes Austral y Cruzado, porque ambos parten de la congelación de precios, la cual sólo puede aplicarse por un plazo breve, antes de que desaliente la producción.

Por otro lado, la congelación de precios supone, para evitar una elevación dispar de los mismos, una concertación social muy difícil de lograr, por lo que posiblemente se tenga que recurrir a controles burocráticos que no sólo funcionan mal, sino que aumentan la corrupción.

Además, y esto es también determinante, la situación de Brasil y Argentina es muy diferente de la nuestra, pues ellos tienen más diversificada su dependencia. México no puede olvidar que nuestros 3 000 kilómetros de frontera con Estados Unidos han creado un intercambio tan estrecho, que resultaría muy difícil imponer un plan económico de choque. No obstante, es imposible alejar el fantasma sudamericano de la congelación de precios.

La verdad es que yo no puedo declarar de manera tajante que México no impondrá un plan de esa naturaleza, porque no sé a qué puedan obligarme a mí o a mis sucesores las circunstancias cambiantes. Lo que si sé es que yo creo más en el gradualismo que en los tratamientos de choque.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.