Contadora: formación del Grupo

"MES: ENERO"

En lo que se refiere a Centroamérica, el riesgo inminente que existía en la zona en el momento en el que Reagan tomó el poder ha ido disminuyendo. En sus inicios, la posición del Presidente norteamericano hacía realmente temer un estallido. El solo paso del tiempo y el hecho de que los Estados Unidos no hayan actuado de una manera más agresiva en Centroamérica han ayudado a la estabilización de la zona. El riesgo de precipitar el conflicto existe por la posibilidad de un error de cualquiera de las partes. Hay que cuidarlo.

Durante el sexenio anterior, la posición de México respecto a Centroamérica ayudó a la estabilización de la zona, pero dada la falta de apoyo a nuestra postura, México pagó un alto costo. El tono estridente y la naturaleza de las medidas del momento —como el comunicado firmado con Francia, en el que se solicitaba ante la ONU que se reconociera la representatividad de las agrupaciones revolucionarias para negociar políticamente— causaron gran irritación en varias partes del mundo, particularmente en Estados Unidos. Esto no sólo por la rivalidad que siempre ha existido entre este país y Francia, sino por la existencia de la Doctrina Monroe. La situación se hizo tan conflictiva que López Portillo empezó a moderar su postura a finales de su sexenio.

Ahora la posición de México consiste en reconocer que es un país económicamente débil, que no puede continuar apoyando de una manera tan amplia a Centroamérica. A Nicaragua le hemos ayudado mucho, le hemos prestado mucho dinero. Los nicaragüenses deben a México aproximadamente 500 millones de dólares.* Además, les hemos entregado mucho petróleo y piden más. Ahora México les hace ver que no está en posibilidad de continuar con ese tipo de apoyos. Estamos cuidando que el Acuerdo de San José, en el que México se comprometió a entregar petróleo al igual que Venezuela, sea cumplido también por Venezuela. Los centroamericanos deben darse de santos si se cumple este acuerdo.

La política actual de México hacia Centroamérica consiste en tratar de conseguir que otros países latinoamericanos apoyen nuestra posición, para evitar ser los únicos en promover una solución política al conflicto armado en Centroamérica. Estamos logrando un acercamiento con Venezuela y hay interés en Colombia y Panamá. En los primeros días del mes ya hubo una reunión de nuestros cancilleres en la isla panameña de Contadora. Aprovechamos el comunicado conjunto para recalcar los sentimientos de solidaridad que unen a nuestros cuatro países, y constituimos el Grupo Contadora. Colombia se ha comprometido a invitar al grupo a Perú, a Ecuador y a Bolivia. México, por su parte, está buscando un acercamiento con Brasil para estos propósitos.

* Las cifras en pesos o en dólares que se mencionan a lo largo del texto se encuentran convertidas a su equivalente en dólares del año 2000 en un apéndice (págs. 853-857) [N. del E.].

Esto es lo que hemos llamado la “ofensiva de paz” de México. Hay que ampliarla a toda Latinoamérica. La idea es lograr que sea el mayor número posible de países latinoamericanos los que apoyen la solución política del conflicto centroamericano. Resulta más conveniente que sea un grupo latinoamericano el que apoye nuestra política.

Hemos platicado con los Estados Unidos sin prejuicios. Les hemos informado lo que estamos haciendo y lo que vamos a hacer. Se los decimos directamente, porque sabemos que de todas maneras obtendrán esa información. A nosotros nos conviene mucho más tener un diálogo abierto con los norteamericanos para que conozcan directamente nuestro punto de vista. Les hemos dicho que también puede haber un apoyo, un interés de parte de los europeos; que habrá que buscar, además de la participación de Francia, la de España y la de los países escandinavos.

A los cubanos les hemos explicado que el horno no está para bollos. Han entendido que no es momento para que actúen. También hemos trabajado para moderar a Nicaragua.

En todo este proceso, México no busca un liderazgo abierto, aunque evidentemente se nos reconoce como un país que tiene capacidad de conducción. Se nos ha dado ese lugar. Ahora bien, nosotros no buscamos estridencias, de manera que lo que estamos ejerciendo tal vez sea un “liderato confidencial”. A mí no me interesan los espectáculos. No me interesa la grandiosidad que con ello se pueda lograr.
Me interesa la efectividad.

También considero importante vender más la política exterior de México en términos internos. Antes, esta política la manejaba un grupo muy exquisito, que se deleitaba dionisiacamente en sus decisiones. Yo le he indicado a Sepúlveda que se reúna con académicos, empresarios y obreros, para explicar las acciones que estamos tomando y las políticas que hemos decidido adoptar. Al informar abierta y francamente, tanto a los norteamericanos como a los diferentes sectores de nuestra sociedad, estamos evitando la suspicacia que éstos sentían frente a la política exterior que desarrollaba López Portillo.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.