Fondo Monetario Internacional: finalmente el acuerdo

"MES: JULIO"

El 22 de julio el gobierno mexicano suscribió una nueva carta de intención con el Fondo Monetario Internacional, mediante la cual ese organismo se comprometió a entregar al país nuevos créditos por 1 600 millones de dólares para permitir su desenvolvimiento económico.

El acontecimiento revistió especial importancia, tanto por lo novedoso de las condiciones estipuladas en el acuerdo como por el hecho de que el país se encontraba al borde de la insolvencia financiera, como consecuencia de que el precio de exportación de nuestro petróleo había caído en más de 50%, estando ahora en cerca de 9 dólares.

La originalidad del acuerdo consistió en la incorporación de mecanismos de apoyo contingentes en caso de que la recuperación económica no fuera lo suficientemente dinámica, así como de mecanismos de compensación crediticia en caso de fluctuaciones exageradas en el precio internacional del petróleo. También de mucha importancia fue la incorporación del concepto de “déficit operacional”, que no incluye los pagos de intereses que resultan meramente por el aumento de la inflación, lo que permite medir mejor el avance en la corrección de las finanzas públicas.

Estos aspectos significaron un triunfo importante para México, el cual logró el primer acuerdo con el FMI que no supone la aceptación de una política económica restrictiva absoluta. Fue, por tanto, la primera ocasión en que los organismos financieros internacionales apoyaron la tesis de que para pagar es necesario crecer.

Por otro lado, este acuerdo significaba el aval necesario para iniciar la negociación con los bancos comerciales por un total de 12 000 millones de dólares, suma que habíamos estimado necesaria para lograr un crecimiento de la economía mexicana de 3 o 4% en 1987 y 1988.

El Fondo Monetario Internacional modificó su disposición respecto a México por varias razones. La más aparente fue que se asustaron ante el cambio de nuestro secretario de Hacienda durante la fase más crítica de la negociación, pues pensaron que el Presidente podría cambiar de tono y, con ello, abrir la posibilidad de un conflicto.

Su temor era fundado, pues ya había yo decidido que si no se lograba el acuerdo con el Fondo en los términos solicitados, tendríamos que suspender los pagos de la deuda e iniciar negociaciones directas con nuestros acreedores. De hecho eso fue lo que Brasil hizo el 25 de julio, ante la rigidez del FMI y por contar entonces con una posición de balanza de pagos más desahogada, dado el ahorro de su cuenta petrolera y los éxitos iniciales del Plan Cruzado.

Otro factor importante para lograr el acuerdo con el FMI fue que Petricioli supo resaltar el esfuerzo realizado por México para sanear nuestra situación financiera. Los funcionarios del FMI y del gobierno de Estados Unidos se quedaron sorprendidos al conocer los detalles de la reducción del gasto público programable, la racionalización del sector público y la apertura comercial. Estos esfuerzos no habían sido reconocidos, según ellos mismos nos filtraron, porque Silva Herzog no había sido capaz de transmitírselos. Esto demuestra la trascendencia que una persona puede tener en un proceso que afecta a toda una nación.

El aspecto más determinante para que el FMI flexibilizara su postura fue la presión que el Departamento del Tesoro norteamericano ejerció sobre este organismo internacional para que, en el caso de México, privaran las consideraciones políticas sobre las técnicas. No hay duda de que el gobierno norteamericano tuvo interés en evitar la moratoria mexicana, sobre todo cuando la sintió inminente. Los riesgos económicos y políticos que tendría que enfrentar su vecino del sur en tal coyuntura los atemorizaron por las repercusiones que podrían acarrear para ellos.

La magnitud de la presión norteamericana sobre el Fondo Monetario Internacional llegó a crear problemas entre su director, Jacques de Larosière, y los técnicos que ahí trabajan. Para estos últimos, como es bien sabido, las consideraciones políticas son inaceptables. Ello me lleva a pensar que sólo si se da una realineación de facto del FMI respecto al Departamento del Tesoro y el Banco de la Reserva Federal, aceptará aquel órgano la tesis de que, para poder pagar, un país necesita crecer. En otras palabras, creo que el caso de México fue excepcional.

El apoyo norteamericano fue significativo, pero de ninguna manera incluyó aceptar modificaciones que los afectaran directamente. La defensa encabezada por el presidente del Banco de la Reserva Federal, Paul Volcker, de los intereses patrimoniales de los bancos privados, impidió, según reveló Franz Ludolf, vicepresidente del comité de 600 bancos que maneja la deuda de México, la condonación total del pago de los intereses de la deuda mexicana por un periodo de dos a cinco años, como supuestamente lo habían propuesto 25 instituciones financieras asiáticas y europeas. Los norteamericanos se niegan a asentar en libros la descapitalización real de los bancos; prefieren continuar con la simulación frente a los ahorradores.

De cualquier forma, es muy importante que los norteamericanos hayan aceptado, cuando menos en algunos casos, los aspectos políticos de las deudas latinoamericanas. Otro caso es Perú, que aunque ha sido declarado inelegible para nuevos créditos por el FMI, dado que ha dejado de servir su deuda, recibe, a través del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo, apoyos que tienen por objeto evitar que caiga el gobierno de Alan García. Es evidente que los norteamericanos temen que ese país regrese a un gobierno militar, cuyo signo político no pueden prever. También temen que se fortalezcan grupos comunistas, como Sendero Luminoso.

La realidad es más compleja de lo que suponen los técnicos del FMI, lo cual explica que este organismo esté sujeto a problemas de credibilidad en muchos países. Existen ya amplias críticas académicas que sugieren que el Fondo Monetario Internacional necesariamente tendrá que superar sus criterios monetaristas.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.