Relaciones entre México y Estados Unidos: protesta ante la agresividad norteamericana

"MES: JUNIO"

EL 2 DE JUNIO CONCLUYÓ LA XXVI REUNIÓN Interparlamentaria México-Estados Unidos sin que, por primera vez en la historia de estas reuniones, se emitiera una relatoría o declaración conjunta. Las marcadas diferencias que se expresaron en las sesiones pusieron en evidencia el deterioro de la relación bilateral.

Los legisladores mexicanos rechazaron la tendencia intervencionista encabezada por el senador Jesse Helms, señalando la inconveniencia de que autoridades estadounidenses expresaran opiniones sobre asuntos internos que sólo competen a nuestro país. Por su parte, la delegación norteamericana se negó a considerar una solución política a la deuda externa, en la que deudores y acreedores compartieran la responsabilidad.

No es que nuestros legisladores hayan optado por la confrontación; sólo respondieron, marcando una pauta de protesta, a la agresividad norteamericana, que en los últimos meses se ha exacerbado.

Para reforzar la actitud de nuestros legisladores, el mismo día en que se clausuró la Reunión Interparlamentaria pronuncié un discurso fuerte en Hermosillo.

Respecto a la deuda externa, señalé: “Vamos a cumplir nuestras obligaciones financieras de acuerdo con la capacidad de pago real del país y sin ahogar el aparato productivo nacional. Esta capacidad de pago —hay que hacerlo entender a nuestros acreedores— solamente puede mantenerse y aun elevarse, y con ello coincidir con sus intereses, en la medida en que a México se le permita seguir creciendo. No hay pagadores muertos ni clientes quebrados”.

En relación con sus críticas y presiones permanentes, dije: “No estamos para recibir lecciones de qué es el cambio estructural y menos que se pretenda interpretar el cambio estructural para los mexicanos de tal manera que México pierda su esencia nacional”.

Mis declaraciones asustaron a aquellos grupos que siempre se atemorizan cuando ven que les alzamos la voz a los norteamericanos, pero, en general, fueron bien recibidas, pues el pueblo de México ya llegó a su límite de tolerancia a las críticas norteamericanas.

Lo desmedido de las críticas de Helms y de Gavin ha resultado muy irritante, tanto que ya enfadaron incluso a algunos grupos norteamericanos. Sin embargo, hay quienes señalan que la embestida de Helms nos ha ayudado, pues no habíamos logrado en los últimos años tanta simpatía interna, como a partir de las declaraciones de ese facineroso.

De cualquier forma, el temor por el deterioro de la relación binacional, con el consecuente crecimiento del sentimiento antinorteamericano en México, seguramente influyó en la invitación que me hizo el presidente Reagan el 9 de junio para que lo visitara el próximo agosto.

Tal es el exceso de las críticas norteamericanas a México, que yo espero que la moción de Reagan al invitarme sea el inicio de un esfuerzo por suavizar las tensiones. Sin embargo, voy preparado a todo, aunque ya nada podría tener el efecto dramático de aquel artículo de Jack Anderson durante mi primera visita, cuya principal fuerza consistió en tomarnos por sorpresa. Anderson está totalmente desprestigiado y la prensa norteamericana ha perdido impacto en México, al mostrar sus prejuicios.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.