Imagen del gobierno. Rechifla en el Mundial de Futbol

"MES: MAYO"

El 31 de mayo inauguré el campeonato de la Copa Mundial de la Federación Internacional de Futbol en el Estadio Azteca. Al hacerlo fui objeto de una notoria rechifla. El hecho fue impactante y desagradable. Sin embargo, debo analizarlo sin dejarme llevar por los sentimientos.

Lo primero que hay que puntualizar son las circunstancias mismas del evento. El público era de clase media y media alta, como resultado del alto costo de los boletos para asistir a dicha inauguración. Los asistentes se encontraban enervados por el enorme tráfico para llegar al Estadio Azteca, la revisión minuciosa de que fueron objeto para entrar al partido, que seguramente sintieron como medida excesiva de seguridad, y, finalmente, porque antes de mi discurso tuvieron que escuchar otros tres relativamente largos.

No quiero dejar esta reflexión en lo anecdótico. Reconozco que existe inquietud social y que conformamos un gobierno impopular. Entiendo que no podría ser de otra manera, dada la magnitud y duración de la crisis económica por la que atraviesa el país. Sin embargo, hay que ubicar la importancia relativa de la rechifla, pues me parecería un grave error entenderla como un referéndum negativo al gobierno.

Lo ocurrido en la inauguración del Mundial de Futbol nos obliga a reflexionar sobre la recomposición de la sociedad mexicana a partir de la crisis. Particularmente, sobre la aparición en pleno de una nueva burguesía mexicana. La característica más notable de este grupo es su determinación por mostrarse insatisfecho ante la realidad que vivimos. Es, por tanto, mucho más exigente que cualquier otro grupo de la sociedad o de lo que era la misma burguesía hace sólo unos años.

La nueva burguesía empezó a gestarse con el desarrollo económico que México experimentó a partir de 1940. El avance de la industrialización hizo crecer la importancia relativa de este grupo a lo largo del tiempo. Sus diferencias con el gobierno surgieron durante el mandato de Luis Echeverría, quien utilizó un tono agresivo al dirigirse a la elite económica, como parte de su respuesta al fenómeno de agitación nacional derivada del conflicto estudiantil de 1968. Su reacción, en un sentido más amplio, se caracterizó por dar gran énfasis a los aspectos sociales y por la búsqueda de incorporar al sistema a los jóvenes, a los obreros y a los campesinos. Así surgió la idea de formar comisiones tripartitas integradas por representantes de los sectores gubernamental, obrero y empresarial.

Durante su gobierno se tomaron algunas medidas para afectar a los grupos económicamente poderosos, como la Ley de Asentamientos Humanos, pero en general, la burguesía siguió creciendo y haciéndose más poderosa y rica. No obstante, su malestar se fue ahondando, tanto porque la agresividad verbal del gobierno iba en aumento como porque estaban presenciando un incremento importante del tamaño del Estado, con el consecuente desbordamiento del gasto público y el endeudamiento externo.

En 1976 surgió el Consejo Coordinador Empresarial, con el objeto de crear armas ideológicas y pragmáticas para enfrentar a un gobierno que sentía adverso. Este temor de los grupos cúpula de la burguesía no correspondía a la realidad, pues de hecho nada había inhibido el acrecentamiento de su fortuna.

En los últimos meses del régimen de Echeverría, el pique entre el gobierno y la iniciativa privada aumentó. Mientras el Presidente utilizaba en discursos públicos términos como “pobres riquillos” y “riquillos sacadólares”, la economía enfrentaba graves problemas. A partir de las fiestas patrias de 1976 arrancó un periodo de inestabilidad cambiaria que culminó en la devaluación del peso.

En ese periodo se rumoraba con insistencia sobre la posibilidad de un golpe de Estado. Echeverría respondió a quienes veía como sus adversarios con una estocada final al expropiar, unos días antes de dejar el poder, importantes predios agrícolas en el estado de Sonora.

José López Portillo inició su gobierno con un tono conciliatorio. Propuso la alianza para la producción y habló de alentar la inversión privada. Con diversas medidas fue limando las asperezas que le había heredado Echeverría en esta relación.

El auge petrolero acalló las críticas, en tanto los grupos económicos se fortalecieron políticamente e incrementaron sustantivamente sus capitales.

El prestigio de López Portillo comenzó a decaer cuando se hizo evidente el fracaso de su política económica. La devaluación de febrero de 1982, junto con las absurdas medidas de aumento salarial inmediato, los anuncios de recortes presupuestales nunca realizados y el reconocimiento de una deuda externa exorbitante, gestaron malestar y críticas entre las clases medias y altas. La nacionalización de la banca, que fue entendida por estos grupos como la violación de sus derechos esenciales, produjo una reacción enfurecida de quienes se sintieron traicionados. El golpe causó reacciones emotivas, dándose una verdadera ruptura entre la iniciativa privada y el gobierno.

El inicio de mi sexenio coincidió con el momento en el que el país entró de lleno en la crisis económica. El evidente fracaso del Estado en el terreno económico acrecentó el malestar y la insatisfacción de la burguesía, y la actitud de ésta ha venido cobrando cuerpo y fuerza. Desafortunadamente no he podido superar esta situación, dada la imposibilidad de sacar al país de la crisis con más rapidez.

El descontento supone una voluntad de cambio, aun cuando ésta no esté bien definida. En el terreno económico, la capacidad propositiva de la burguesía es casi nula, pues se trata de un fenómeno por demás complejo. Por tanto, su deseo de modificar las cosas se hace más explícito en el terreno político. La señal más evidente es que ahora se preocupa por los procesos electorales, los cuales antes veía como un mero trámite. Pero su interés es selectivo; se orienta sólo a aquellas elecciones en las que siente que puede ganar la oposición, y que son, en el conjunto del país, poco significativas en términos numéricos.

La inconformidad e incredulidad cuando el PRI gana en las áreas en que la burguesía deseaba el triunfo de la oposición no se deben a los defectos del sistema electoral, que nadie ignora, sino al hecho de que no obtenga el triunfo que representa la tan deseada venganza. A veces reacciona en forma frenética, pues está auténticamente convencida de que se le robó la victoria. Ello se debe a que conforma un grupo endógeno que no se relaciona con otros sectores sociales, sino que funda su opinión en lo que escucha de otros miembros del mismo grupo. Así, cuando todos los componentes de la comunidad social a la que pertenecen reconocen haber votado por el PAN, les resulta imposible creer que otros votaron por el PRI. Lo que pasa es que extrapolan la experiencia de su grupo a toda la sociedad.

Su fracaso la llena de amargura. Ello me ha hecho considerar, a fin de evitar que se amargue más, la conveniencia de identificar aquellos municipios en que sería posible reconocer el triunfo de los candidatos del PAN, aun cuando éstos no sean plenamente comprobables.

La importancia de la burguesía o clase media alta es, independientemente de su número o potencial económico, que controla en buena medida la transmisión de valores a través de la televisión, la radio y la prensa. En el caso de la radio, pero sobre todo de la televisión, esto es clarísimo. Sus programaciones están dirigidas a quienes tienen capacidad de compra y, sin embargo, sus puntos de vista permean a toda la sociedad.

La prensa en México, como me comentaba hace poco el director del periódico El Nacional, Mario Ezcurdia, más que portadora de información es vehículo para que diferentes capillas de la clase media y media alta envíen mensajes al gobierno. Hay una amplia variedad de periódicos, lo que permite que los diferentes lectores encuentren aquel que les es más afín, es decir, el que vocea mejor lo que el lector quiere que el gobierno sepa, lo que refuerza su sentido de lo cierto.

Los altos funcionarios enriquecen el proceso, pues pagan para que se escriba a favor de su gestión y, con frecuencia, para que se ataque la de otros.

Éstos son algunos de los fenómenos que acompañan a la nueva burguesía. La rechifla, lejos de invitarme a una retracción, me hace pensar que debo hacerme más presente ante la opinión pública, exponiendo y reforzando por medio de entrevistas la información que yo considero fundamental.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.