Mis colaboradores: problemas con Silva Herzog

"MES: MAYO"

No deja de sorprenderme el cambio en la disposición de los secretarios de Estado hacia mí. Cuando se inició el sexenio, su actitud era de docilidad y agradecimiento por el honor de haber sido nombrados secretarios de Estado. Pero según ha ido pasando el tiempo, hay quienes sienten que me están haciendo el favor de permanecer en mi gobierno. Esto me irrita profundamente, sobre todo cuando parecen querer demostrarme que no están de acuerdo con las políticas que estoy siguiendo. Su actitud es equivocada.

En mi experiencia como ministro, siempre pensé que si el Presidente me pedía alguna cosa que me creara una crisis de conciencia por ser contraria a lo que yo creía que se debería hacer, la opción era renunciar. Si no quería renunciar, entonces tenía que aguantarme y cumplir las instrucciones del Presidente, pero no arrastrar los pies. Tengo problemas en este sentido con Jesús Silva Herzog.

La paradoja es que Silva Herzog tiene fama de ser un muy buen negociador internacional y, sin embargo, es muy mal negociador interno. Todos sus colegas se sienten agredidos por él. Yo también estoy molesto, porque Silva Herzog sigue pensando que la política económica que estoy siguiendo no funciona. Él quisiera que Salinas apretara más el gasto y que Hernández liberalizara más el comercio.

Por otro lado, no puedo dejar de considerar que está muy decaído. Un ejemplo de su estado emotivo es que no ha realizado la conferencia de prensa que le pedí, a fin de explicar el avance de la renegociación de la deuda. Yo quería que expusiera lo que ha propuesto, lo que le han contrapropuesto, cuáles de sus propuestas se han aceptado y cuáles se han rechazado. No lo hace, porque no le sale.

Silva Herzog está callado porque se le fue el prestigio. En el mundo financiero internacional había merecido el calificativo de Ministro de Finanzas del Año en dos ocasiones consecutivas, y ahora es maltratado por los acreedores de México y no logra avanzar en el proceso de la renegociación de la deuda. En síntesis, Silva Herzog me está dando problemas por su actitud frente a la política económica, en la que quisiera medidas drásticas que no son posibles; por su mala relación con sus colegas, y, finalmente, por lo negativo de su estado anímico.

Respecto a los otros secretarios, tengo el problema de que se han dado resentimientos, odios, rivalidades entre ellos. No se comunican, sino que se agreden. Es increíble como casi todos vienen y se quejan conmigo de que los demás no están cumpliendo con su parte, y que a ello se debe que la labor que les he encomendado no salga bien. Cuando personalizan su queja en alguno de sus colegas, aprovechan para decirme lo que éste debería hacer. Más frecuentemente, lo hacen de manera genérica, sin preocuparse por exponer cómo se puede lograr aquello que plantean.

En otras ocasiones, proponen que se hagan determinadas cosas, pero sin especificar quién tiene que hacer qué y, desde luego, suponiendo que no les corresponde a ellos. Por ejemplo, se quejan de que existe una mala comunicación del gobierno con la sociedad. Añaden que “hay que” controlar mejor a la prensa y filtrar nuestras ideas en la televisión, pero no me dicen que en su campo ellos se van a ocupar de hacerlo ni, en todo caso, cómo puede esto lograrse de manera general.

En suma, los secretarios me transmiten el mensaje de que si las cosas no salen como sería deseable, es porque no se les está haciendo caso. Justifican sus fallas, errores y ausencias, porque el Presidente no los apoya o porque los demás secretarios impiden el desarrollo de su labor. Esto es un ciclo natural, en el que el siguiente paso es pensar que si ellos llegaran a ocupar la Presidencia de la República, resolverían la situación y sacarían el país adelante.

Para mí el proceso es a la inversa. Ahora que soy Presidente, pienso que no puedo lograr lo que me he propuesto por la falta de entusiasmo y creatividad de mis colaboradores. De manera que esto parece un círculo vicioso: si se está abajo, se piensa que al llegar arriba se logrará todo y, cuando se está arriba, se sabe que no se puede hacer nada sin el apoyo de los de abajo.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.