Centroamérica: comentario a las entrevistas realizadas por Excélsior a los presidentes de la región

"MES: ABRIL"

El 21 de abril, Regino Díaz Redondo, director del periódico Excélsior, inició la publicación en ese diario de una serie de entrevistas con los presidentes de Honduras, El Salvador, Nicaragua, Guatemala y Costa Rica.

Éstas resultaron interesantes y permitieron al público conocer la opinión y el sentir de quienes están directamente involucrados en el conflicto centroamericano. Las entrevistas traslucieron características de dichos gobernantes.

La entrevista con el Presidente de Honduras, José Azcona, fue lamentable. Se exhibió como un títere de los norteamericanos y a Honduras como un país invadido. Baste recordar la forma en que defendió el derecho moral de los Estados Unidos de apoyar a los contrarrevolucionarios nicaragüenses, así como el descaro con el que reconoció que cuantas veces los nicaragüenses se metieran en territorio hondureño, pediría ayuda a Estados Unidos.

Finalmente, su obsesión por México fue verdaderamente grotesca. Calificó al gobierno mexicano de ser revolucionario por fuera y derechista por dentro; más derechista que el gobierno hondureño. Señaló que los funcionarios del PRI constituían una verdadera oligarquía. Su insistencia en criticar a México fue inusitada y absurda.

La entrevista al Presidente de El Salvador, José Napoleón Duarte, reflejó una mayor dignidad y madurez. Duarte destacó, seguramente con mucha razón, que tiene que trabajar en el filo de la navaja entre derechistas e izquierdistas. Su postura, aunque sólo fuera verbal, fue de defensa de la soberanía nacional.

En su exposición hubo varias ideas que vale la pena acotar. En primera instancia, Duarte rechazó abiertamente la conveniencia de un diálogo directo entre Nicaragua y Estados Unidos, argumentando que es injustificable que dos naciones decidan el destino del conjunto de naciones que se encuentran en la región ístmica.

Formalmente tiene razón. Sin embargo nosotros hemos promovido ese diálogo bilateral porque pensamos que es la forma más pragmática de proceder, ya que la realidad nos demuestra que El Salvador, Honduras y Costa Rica siguen muy de cerca la opinión de Estados Unidos. Dicho de otra manera, un arreglo entre Nicaragua y sus vecinos no es posible sin la anuencia norteamericana, por lo que el primer paso es la negociación entre Nicaragua y Estados Unidos. Hecho esto, deben realizarse todas las formalidades del caso.

Otro asunto que Duarte manejó abiertamente fue que, en el seno de las reuniones de Contadora, ha habido discrepancias entre México y Nicaragua. Esto no se ha manejado de manera tan explícita en México, pero no cabe duda de que muchos han apreciado una moderación en nuestra actitud respecto a Nicaragua. Ello ha resultado tranquilizador, e incluso grato, para sectores importantes de la opinión pública interna.

Una discordancia central entre la postura de Duarte y la nuestra radica en su insistencia en que, para que se firme el Acta de Paz de Contadora, es necesario el inicio de un proceso de democratización interna en Nicaragua. Uno puede entender que los países vecinos sientan que un proceso de apertura interna es la única forma de lograr que los nicaragüenses refugiados en sus países, que aparentemente son muchos, regresen a su país.

Nicaragua, por su parte, asegura que existen opciones políticas para los antisandinistas en los siete partidos políticos registrados. A lo que los sandinistas se niegan abiertamente es a negociar con los contras. Esto último es lógico, pero surgen bastantes dudas sobre la efectividad con que pueda darse cabida a la acción política de sus opositores.

Los nicaragüenses han cometido errores que irritan a amplios sectores de su población, como esa locura de formar una Iglesia Católica Nacional. De cualquier forma, la postura de México es de respeto a la autodeterminación de los pueblos. Por ello nosotros no hemos presionado, en ningún momento, para modificar la política interna nicaragüense, ni aceptamos que ése sea un requisito para firmar el Acta de Paz de Contadora.

La entrevista con Daniel Ortega, Presidente de Nicaragua, reflejó la posición nicaragüense ante el conflicto, ampliamente difundida con anterioridad. Ortega habló de la agresión norteamericana por medio de mercenarios; de que el sandinismo es un movimiento enriquecido por el marxismo y la experiencia cubana, pero en esencia nacionalista, no expansionista. Dijo que había democracia interna y economía mixta, y que Nicaragua buscaba relaciones de respeto, en tanto que los Estados Unidos sostenían una política prepotente, peligrosa y violatoria del derecho internacional.

El Presidente de Guatemala, Marco Vinicio Cerezo, sostuvo una postura de autonomía relativa frente a Estados Unidos. Enfatizó la necesidad de un acuerdo para evitar la regionalización del conflicto centroamericano. Señaló que había demasiada presión sobre el gobierno sandinista, corriéndose el peligro, al dejarlos solos, de que se desencadenara un proceso de terrorismo. Afirmó que Guatemala puede convivir con un régimen marxista en la región, a condición de que éste no agreda.

El Presidente de Costa Rica, Óscar Arias, también insistió en la necesidad de que se inicie un proceso de democratización en Nicaragua. Calificó al gobierno de ese país de arrogante, soberbio y prepotente. Señaló que no había condiciones para concertar un diálogo bilateral entre Costa Rica y Nicaragua. Sin embargo, se manifestó opuesto a la existencia de los contras y reiteró la neutralidad costarricense.

El sabor de boca que dejaron estas entrevistas fue que la solución del conflicto centroamericano es aún muy remota.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.