Sindicato magisterial: rebelión contra el liderazgo de Jonguitud

"MES: MARZO"

EL CONFLICTO MAGISTERIAL OAXAQUEÑO REBASÓ EL ÁMBITO LOCAL el 3 de marzo, cuando 30 000 maestros provenientes de diversas regiones del estado de Oaxaca llegaron a la Ciudad de México, congestionaron las principales calles del centro de la ciudad y acamparon en las calles de Venezuela, Brasil y Argentina, como medida de presión para que los líderes del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación emitieran la convocatoria al congreso para elegir al Comité Ejecutivo de la Sección XXII. Se trataba -dijeron- de realizar un "plantón indefinido" frente al edificio de la Secretaría de Educación Pública.

Con la marcha a la Ciudad de México, la sección XXII del SNTE culminó sus protestas. Se habían iniciado en esta ocasión desde el 10 de enero, cuando 38 000 maestros oaxaqueños suspendieron labores, dejando sin clases a partir de esa fecha a un millón de escolares. Otros recursos de protesta fueron dos huelgas de hambre, una en Oaxaca y otra en el atrio de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México. En ellas participaron 29 maestros y duraron 28 y 25 días, respectivamente. Asimismo, fueron bloqueadas en diferentes ocasiones diversas carreteras de acceso a Oaxaca y en el interior de la entidad. Finalmente, fue secuestrado temporalmente el director de la Unidad de Servicios Educativos a Descentralizar del estado, Sergio Martínez Aguilar.

El problema del magisterio en Oaxaca, y para el caso también en Chiapas, lo heredamos del gobierno anterior y lo hemos arrastrado durante los tres años de mi gobierno. Resulta que la mayoría de los maestros en esas entidades están controlados por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, aliada del Partido Socialista Unificado de México, por lo que el SNTE, que es mayoritario y está controlado por Carlos Jonguitud Barrios, quiere impedir a toda costa que se realicen congresos que reconozcan que la disidencia es mayoritaria en esos estados.

Jonguitud, por medio de todas las marrullerías posibles, ha evitado que ese congreso tenga lugar. Ha concedido y denegado alternadamente la convocatoria para que se realice la convención seccional de Oaxaca, en la que debe elegirse un nuevo Comité Ejecutivo. Esto ha dado lugar a un sinfín de conflictos, cuyo resultado más lamentable es la frecuente paralización de las escuelas.

El problema es complejo tanto en términos políticos como en términos sociales. Políticamente, resulta claro que el grupo disidente tiene metas que rebasan los intereses sindicales. El desarrollo de las negociaciones durante el episodio en cuestión así lo demuestra. Los hechos fueron éstos.

Cuando vi que la marcha de los maestros efectivamente llegaría a la Ciudad de México, pedí al secretario de Educación Pública, Miguel González Avelar, y al secretario de Gobernación, Manuel Bartlett, que iniciaran las negociaciones con Jonguitud. Les dije: "Ya no es posible seguir deteniendo ese congreso. Es necesario que se realice, aunque ganen los del PSUM. Después buscaremos la forma, por las buenas, de atraer a la gente a nuestro lado".

La negociación era difícil, tanto por los términos concretos de los que se partía como por el peso político de Jonguitud. El escollo evidente consistía en que los maestros pedían que el congreso se realizara en 15 días, cuando los estatutos del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación señalan que se requieren 30 días a partir de la convocatoria. El problema de fondo estriba en que Jonguitud controla al 80% del magisterio nacional, por lo que es muy importante no provocarlo.

Concretamente, había que evitar que en el curso de las negociaciones pensara que lo que impresiona a los secretarios de Estado son las manifestaciones, pues él puede organizar una, no de 30 000, sino de 100 000 maestros; también era necesario evitar que sintiera que los secretarios se impresionan con la suspensión de labores, pues él puede promover suspensiones de labores masivas. En fin, la negociación requería mucha sutileza y buen oficio.

Eso fue lo que hicieron los secretarios, pues cuando le plantearon el problema a Jonguitud, éste dijo que necesitaba 120 días para realizar el congreso. Los secretarios le hicieron ver que era excesiva la diferencia entre 15 y 120 días. Finalmente, y después de mucho trabajo, lograron que se fijara en 90 días, esto es, que se emitiera la convocatoria al congreso en 60 días y se celebrara 30 días después. Este acuerdo se dio a conocer mediante un boletín de prensa de Gobernación el viernes 7 de marzo, cuatro días después de que los maestros entraron a la capital.

Lo sorprendente fue que cuando González Avelar y Bartlett informaron a los dirigentes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación sobre el acuerdo logrado, éstos dijeron que ya no querían el congreso, pues no creían en Jonguitud. Señalaron que volverían a Oaxaca a proseguir su lucha, a recuperar el tiempo de clases y a bloquear los métodos represivos del SNTE.

Como es difícil entender su rechazo a un acuerdo por el que vienen luchando desde hace años, no cabe otra explicación que, en su afán de desestabilización política, los maestros de Oaxaca quieren una movilización permanente.

El problema del magisterio oaxaqueño es también social, pues si dejamos de pagar a los maestros cuando suspenden labores, cerramos la principal fuente de ingresos del estado, lo que moviliza el reclamo de toda la sociedad oaxaqueña.

Por otro lado, es insoslayable el daño que la suspensión constante de labores causa en la educación y formación de los niños. En realidad, la única posible explicación de que la paralización de las escuelas no provoque verdadera agitación social se encuentra en el hecho de que afecta a la población más pobre y, por tan- to, la más incapaz de organizarse para protestar.

Esta situación me ha llevado a pedirle a González Avelar que mueva a la gente, que use a la Confederación Nacional Campesina y a la Confederación Nacional de Organizaciones Populares para impulsar una demanda social que permita al gobierno intervenir. He insistido en que no podemos limitarnos a apaciguar los problemas. Hay momentos en que es necesario promover las soluciones, pues de otra manera los maestros nos van a tomar la medida y, dentro de poco, cualquier cosa que no les guste, en cualquier estado, será motivo de paro de labores.

Cuando llegó a la Secretaría de Educación Pública, González Avelar se propuso orientar su esfuerzo a crear un clima de entendimiento con el SNTE, pues Reyes Heroles dejó la relación con ese sindicato a punto de reventar. Ahora que hay un mejor clima en esa relación, debemos actuar.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.