Empresarios: visión limitada

"MES: ENERO"

El nivel político de los empresarios como grupo es insatisfactorio. Baste analizar sus comentarios, tanto en las reuniones públicas como en las privadas.

A guisa de ejemplo, los días 24 y 25 de enero se celebró en Hermosillo, Sonora, la Reunión Anual de Comercio con el título “40 Años de Intervención Estatal en la Economía”. En ella, más que aclarar ideas o fomentar el espíritu empresarial, se criticó al gobierno, pues los empresarios se han convencido de que ésta es su labor política fundamental, mejor dicho la única, pues no saben hacer política sectorial de producción o de mercadeo.

Las representaciones empresariales han definido su tono político. Los más radicales son los de la Coparmex, que buscan el enfrentamiento con el gobierno, pues sus dirigentes son activistas del Partido Acción Nacional. La Concanaco y la Concamin son un poco menos radicales, y el Consejo Coordinador Empresarial es el más moderado de todos los grupos, aunque no por ello deja pasar la ocasión de hacer algún comentario crítico.

En la reunión de comercio, los empresarios concluyeron que todas las dificultades que atravesamos —inflación, inestabilidad económica e inquietud social— se deben a la excesiva intervención estatal, que ha perdido sus objetivos cualitativos, “alucinada” por los aspectos cuantitativos. Nicolás Madahuar, presidente de la Concanaco, afirmó que la desmedida presencia del poder público en asuntos económicos ha producido un “Frankenstein” que agobia al sistema con burocratismo, corrupción y exceso de recursos canalizados a las paraestatales.

En fin, se niegan a entender el fundamento histórico de nuestro sistema de economía mixta, e insisten en cuestionar la validez de la rectoría económica del Estado.

Sus intervenciones, cuando me reúno con ellos en grupos privados, son aún más pobres. Su actitud es verdaderamente lastimera, sobre todo si piensa uno que antes de reunirse conmigo realizan sesiones preparatorias.

En el caso del grupo Hombres de Negocios, hacen conciliábulos, nombran coordinadores para preparar un pequeño texto que me leen cuando llego y “arreglan” algunas de sus intervenciones para “la conversación”. El 29 de enero comí en casa de Jorge Larrea con este grupo. El diálogo con ellos me decepcionó por lo absurdo y superficial de los temas que decidieron abordar, sobre todo considerando la gravedad de los problemas que enfrenta el país.

Lo primero fue el chisme. Hicieron referencia a la insolencia del líder del sindicato petrolero durante la salutación de Año Nuevo, que por tradición me hacen diversos grupos sociales. En esa ocasión, efectivamente, los líderes petroleros hicieron una crítica descomedida de la empresa, utilizando para ello un tono irrespetuoso y agresivo con el Presidente de la República. Ese hecho fue objeto de muchos comentarios y conjeturas, en especial de quienes viven de los chismes de Palacio. Naturalmente, el comentario tenía una intención provocadora.

Les respondí que somos un país libre en el que los sindicatos pueden decir lo que quieran. Les expliqué que los petroleros están muy molestos con mi gobierno porque hemos afectado sus intereses con la reciente legislación sobre obras públicas y porque han encontrado en nosotros actitudes nuevas que nos permiten desenvolvernos con mayor autoridad moral. Enfaticé que ellos seguramente podían entender este fenómeno, pues en la medida en que existe menos complicidad entre empresarios y autoridades, cada quien puede expresar con mayor fuerza su punto de vista. Así, al igual que ellos externaban sus opiniones críticas, también lo hacían los sindicatos. Señalé que, en mi opinión, no debían asustarse de que hablaran los líderes sindicales, como yo no me asustaba de lo que ellos decían.

Abundé en el tema diciendo que las crisis siempre implican riesgos de polarización, pues cada uno de los actores sociales piensa que es el momento de hacer valer sus posiciones. En ese contexto, el gobierno es el moderador, por lo que a mí me conviene que si se radicaliza un grupo, también se radicalice el otro. Esto vale para empresarios y trabajadores. Concluí diciéndoles: “Si ustedes son más moderados, todos tendremos que ser más moderados; pero si ustedes son más radicales, es natural que los sindicatos también lo sean”.

De este tema, con el que querían picarme el orgullo, pasaron a otro tan ni mio como lo es el tratamiento que en el libro de texto de secundaria del Estado de México se hace del capitalismo y el socialismo, el cual los ofende.

Les dije que no había fondo en el asunto, que se trataba de un simple error.

Lo que fue aprovechado por Juan Sánchez Navarro para interponer socarronamente: “¿Se equivocaron de nuevo?”.

“Sí —respondí—. El problema es que yo no tengo tiempo de leer todos los libros de texto. No tengo esa capacidad de trabajo. Por tanto, quisiera pedirles que cuando ustedes descubran un sistema para evitar errores en sus empresas, me lo den a conocer”.

Para concluir el punto, les dije: “No sé si este asunto, por su tamaño, es lo más indicado para la agenda de ustedes con el Presidente de la República”.

Después llamé a Claudio X. González y le dije que sentía que los participantes en la reunión se habían comportado torpemente. De otra manera, ¿cómo explicarse que trataran temas tan triviales con el Presidente? Yo esperaba que me preguntaran cómo se estaba preparando México para enfrentar el desplome de los precios petroleros, qué podían hacer ellos, cuáles eran los planes de emergencia.

Pero nada de esto preguntaron, a pesar de que se trata de una realidad que nos está afectando de manera dramática, poniendo en peligro la viabilidad económica del país.

Para completar el cuadro sobre estas reuniones, me han platicado que cuando yo me retiro, los hombres de negocios gozan destrozándose mutuamente, burlándose de quienes trataron de pasarse de listos y regodeándose por la forma en que el Presidente los puso en su lugar. Dan rienda suelta, de esa manera, a sus propias rivalidades.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.