Mis colaboradores: necesidad de una perspectiva global

"MES: ENERO"

El 14 de enero tuvo lugar la tradicional reunión anual de principios de año con todos los miembros de mi gabinete.

Esta reunión fue significativamente diferente de las anteriores, en las que había pedido que algunos secretarios tocaran temas aislados, pues en esta ocasión di instrucciones para que cada uno de ellos preparara y leyera tres hojas en las que sintetizara lo que había hecho su dependencia durante los tres primeros años de gobierno y que señalara su perspectiva del futuro. La información que se dio a conocer fue buena; incluso pedí que, con pequeñas modificaciones, se publicara en forma de libro.

Lo sorprendente fue observar que algunos secretarios no estaban informados de lo que hacían los otros. Al escuchar lo que tenían que decir sus compañeros, muchos de ellos ponían cara de azoro. Esto significa que han incurrido en el error de dejarse absorber por la responsabilidad que tienen, y no ven lo que se hace en otras partes del gobierno ni entienden cómo se articulan todas las acciones. Tal vez ni siquiera les importa.

La excepción son los secretarios que tienen responsabilidades globalizadoras y, de ellos, el único que tiene una visión realmente panorámica es el de Programación y Presupuesto. De cualquier forma, de la lectura de lo realizado se concluye que ha habido una acción de gobierno muy amplia y profunda.

Otra diferencia significativa fue mi actitud. En ocasiones anteriores había sido más explícito: les decía cosas que les marcaban rutas y caminos, que les hacían ver cuáles eran mis expectativas. Ahora fui más discreto. Me limité a exhortarlos, a animarlos a seguir trabajando. Este cambio obedece a que quiero que tengan más cuidado con lo que el Presidente les dice; quiero que sientan frío, que sepan que voy a ser menos tolerante a los errores.

Mi reserva busca provocar la sensación de que estoy decidido a exigirles más disciplina y trabajo, pues de hecho siento que algunos han abusado de mi confianza. No quise hacer comentarios, porque no era mi intención incurrir en expresiones de desaliento; prefiero que mi actitud les dé la pauta, esto es, que me sientan menos cercano. Quiero que se sientan más vigilados; en fin, que quede claro que yo soy el Presidente y ellos mis colaboradores.

Mi cambio también obedece a la percepción que tengo del tiempo, pues ahora ya tengo la sensación de premura, y quiero que se redoble el esfuerzo al iniciar la segunda mitad de mi gobierno. En estos tres años, el mayor logro ha sido que no se nos ha deshecho el país. Hay instituciones que funcionan y reaccionan eficientemente; no se ha roto en forma brusca la armonía social, y el mecanismo económico, a pesar de las anomalías, sigue moviéndose. La gente sigue igual: comprando, vendiendo, trabajando, invirtiendo. La sociedad se ha adaptado a las circunstancias de la crisis, aunque se ha vuelto más crítica y menos tolerante.

A finales de 1985, en el periodo posterior al sismo, las críticas al gobierno se exacerbaron. Había un ambiente de hartazgo que se tradujo en exigencia de cambios abruptos. En esa ocasión, como en otras, comprobé lo que yo ya intuía, esto es, que la irritación de la sociedad, por brutal que sea, se suaviza con el tiempo. No hay que preocuparse demasiado por ello, pues la crítica, cuando es tan extensiva, termina por autoanularse al perder enfoque.

Esto me confirma que la respuesta a situaciones críticas no debe ser brusca, sino serena, dando tiempo a que las acciones cobren cuerpo y se sientan. El punto sensible es evaluar cuál es el límite temporal de cada problema antes de tornarse explosivo, y actuar en consecuencia.

Por otro lado, lo que más me ha decepcionado en estos tres años de gobierno es ver la magnitud del egoísmo grupal e individual que aqueja a la administración pública.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.