Sindicato petrolero: amenazas y accidentes

"MES: ENERO"

El incendio y la explosión de dos plantas procesadoras de gas amargo semiparalizaron, el sábado 11 de enero, las labores del complejo petroquímico Cactus 1, en Reforma, Chiapas, provocando en la quincena siguiente escasez de gas natural en amplias zonas del país.

Seis días después, el viernes 17, se produjo otro incendio en el complejo petroquímico de Cosoleacaque, Veracruz, que destruyó 1 000 m2 de su almacén general. El sábado 25, a menos de 15 días del accidente ocurrido en Cactus, se registró un nuevo incendio en la terminal marítima de Pemex , en el puerto de Salina Cruz, Oaxaca, que se extendió sobre 2 500 m2, afectando las bodegas, una parte del patio y las oficinas de la refinería de Pemex en el lugar.

La opinión pública calificó como profecía autocumplida la coincidencia de los accidentes con las denuncias del líder de los petroleros, José Sosa, durante la salutación que me hicieron los petroleros con motivo del Año Nuevo.

Dicha ceremonia tuvo lugar tres días antes del primer accidente, el 8 de enero. En ella, Sosa asumió una posición muy agresiva e insolente. Afirmó que Pemex se inclinaba a un colapso desastroso, argumentando el peligro de que se concursaran las obras de mantenimiento, en lugar de dar dichos contratos a los trabajadores, que eran los únicos capaces de realizarlos. Añadió, dirigiéndose a mí: “Si se hunde Pemex, se hunde usted, nos hundimos todos, se hunde el país”.

Naturalmente, yo también sospeché ante la coincidencia de amenazas y accidentes, pero no tuve ningún indicio de sabotaje en los informes que me presentaron.

La agresividad de los petroleros es resultado de varios factores. En primer lugar, aunque tal vez no sea ello lo más importante, hay que reconocer que, dadas las dificultades económicas, sí existe rezago en el mantenimiento de las plantas petroleras. Por otro lado, es innegable el resentimiento y enojo del sindicato petrolero por la pérdida de privilegios económicos, como resultado de la nueva legislación sobre obras públicas que obliga a licitar todas las obras públicas, incluso aquéllas por las que se interesan los sindicatos. Los petroleros siguen cobrando comisiones conforme a las nuevas normas; adicionalmente, Pemex ha sido flexible en los contratos de mantenimiento que ellos quieren ejecutar, pero ya no hay reventa de contratos.

El tercer factor que alimenta su agresividad es el deseo de ejercer presión en la carrera por las gubernaturas. Ya me dijeron que están interesados en Tamaulipas y Veracruz. El control de puestos políticos clave ha sido parte de su estrategia de poder. Creen tener derecho a una cuota siempre creciente de presidentes municipales, diputados locales, agentes aduanales, agentes de migración, etcétera.

La respuesta que di a sus amenazas e insolencias tuvo también varias facetas. Les respondí: “En los tres años de este gobierno, Pemex se ha saneado financieramente… Debemos dejar muy claro ante el pueblo de México que los concursos de obras de Pemex van en beneficio de Pemex y de su propio sindicato… No debemos caer en catastrofismos alarmistas que a nada conducen. Pemex no se va a hundir, lo vamos a sostener…”.

El 28 de enero, durante la II Reunión Evaluatoria de Pemex, dije varias cosas claramente destinadas a los líderes sindicales. Entre ellas, expresé después de haber reafirmado que la riqueza de Pemex pertenece a la nación y de enlistar a los grupos que conforman la institución: “Es al gobierno de la República al que le corresponde señalar en qué medida y mediante qué modalidades se produce este delicado pero importante proceso de armonización de intereses sectoriales, a la luz del interés superior de la nación… Tenga el pueblo de México la seguridad de que el Poder Ejecutivo seguirá velando, como hasta ahora lo ha hecho, por la sanidad, por la fortaleza, por la eficiencia y por la honestidad de la primera empresa del país. Es mi responsabilidad, me la dio el pueblo de México y la seguiré ejerciendo con firmeza y con decisión”.

Además de dar respuesta pública a su agresividad, les apliqué la “técnica del frío”. Ello los asustó y empezaron a buscar un arreglo. Me platicaron que andaban por ahí diciendo: “Qué se trae el Presidente, no era para tanto”. Mario Ramón Beteta, director de Pemex, también veía con temor el pleito con los petroleros, por lo que inició conversaciones con ellos.

Fue entonces cuando di instrucciones a Beteta y a Bartlett para que hablaran de manera conjunta con los líderes petroleros, haciéndoles ver que de nuestro lado había armonía y decisión. Les pedí que les dijeran de mi parte que no pensaba volver a ninguno de sus actos, a menos de que me dieran una garantía absoluta de que no me faltarían al respeto. Pedí que aclararan que incluso podría yo faltar a su reunión del 18 de marzo, y que para conmemorar la expropiación petrolera habría una ceremonia de la que estarían excluidos. En menos palabras, que me aclararan si querían un pleito frontal.

Ante mi amenaza, doblaron las manos, cuando menos verbalmente. Lo cierto es que sus palabras o la falta de ellas no me inspiran ninguna confianza.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.