Banca: críticas por problemas de comunicación

"MES: ENERO"

El jueves 9 de enero, Bancomer, BCH y Somex enviaron sendos comunicados a su clientela anunciándole que a partir del primero de febrero cobrarían 250 pesos por cada cheque expedido por los cuentahabientes, así como comisiones por gastos de operación en cuentas de cheques con saldos mensuales menores a 30 000 pesos. Señalaron que esta medida se había acordado en el seno de la Asociación Mexicana de Bancos y que sería adoptada por todas las instituciones.

El escándalo no se hizo esperar. Los editorialistas se hicieron eco del males- tar que produjo este anuncio y acusaron a la banca nacionalizada de ineficiente y “usurera”. Para todos los cuentahabientes resultaba fácil creer que esta medida se daba como resultado de la incapacidad del Estado para administrar los bancos.

El hecho de que la medida sólo haya sido anunciada por algunas instituciones hacía evidente la descoordinación del sector, y propició que algunos especularan sobre la capacidad de algunos banqueros para actuar con autonomía frente a las autoridades financieras.

En realidad, el cobro de los servicios bancarios fue un asunto ampliamente discutido por los bancos y las autoridades competentes. La banca mexicana tradicionalmente no los cobra, como forma de mercadotecnia. Carga su costo a la tasa de interés. Sin embargo, la Asociación Mexicana de Bancos está a favor de que se cobren tarifas por ciertos servicios, como de hecho ocurre en otros países.

La razón de ello estriba en que de esta manera su costo se cubre por el usuario directo y no por toda la clientela. Además, se evita el abuso en su utilización, como ocurre con los cheques que, al no costar, se expiden muchas veces por cantidades nimias, a pesar de que su procesamiento y control tienen un alto costo para las instituciones.

El Banco de México, Hacienda y yo mismo éramos partidarios de esta medida. El problema estuvo en la forma en que se manejó, tanto internamente como ante el público. Lo más importante fue esto último, pues no se realizó una campaña preparatoria que divulgara las razones y fundamento de una medida que afecta a millones de personas. El rechazo y el desprestigio fue el costo de esta torpeza.

El manejo interno de la medida fue también singularmente inadecuado. Cuando estalló el escándalo traté de desenredar la madeja. Los banqueros argumentaron que el Banco de México había acordado dejarlos en libertad para actuar sobre este punto como consideraran conveniente. La autorización, en todo caso, no fue por escrito.

Por su parte, Miguel Mancera me aseguró que los banqueros habían actuado sin autorización. Dijo que aprobaba el fondo de la medida, pero no la forma en que se había actuado. Silva Herzog afirmó que habían actuado sin autorización de la Secretaría de Hacienda, y que había que dar marcha atrás. Dijo que los banqueros habían comprendido su error.

Yo le pregunté a Silva Herzog que de quién era facultad autorizar esas tarifas, y me respondió que del Banco de México. Pregunté si era materia de la Junta de Gobierno, a lo que respondió que no sabía. Entonces le dije: “Pues que lo sea, para que Hacienda y la gente se enteren de lo que hace el Banco de México y puedan darle una opinión política”.

El lunes 13 de enero se dio marcha atrás mediante un comunicado de prensa de la Asociación Mexicana de Bancos. Las críticas por este sainete fueron tan severas que Silva Herzog tuvo que negar, en una conferencia de prensa, que existiera desorganización o indisciplina entre las instituciones bancarias.

Las cosas no pararon ahí. Rafael Reséndiz, director de prensa de Hacienda, filtró a la columna de Francisco Cárdenas Cruz, que es muy amigo suyo, que todo lo ocurrido se debía a que los banqueros eran amigos cercanos del Presidente, quien les daba audiencias privadas, lo que los hacía incontrolables. Aludía a que el director de Bancomer, Ernesto Fernández Hurtado, es mi tío.

Muy molesto, le hablé a Silva Herzog y le dije:

—Mira Chucho, ya vi la columna de Cárdenas Cruz y quiero decirte que Reséndiz te hace mucho daño, porque la forma de hacerte lucir no es atacándome. No se vale que para sacarte del problema me lo trate de echar encima a mí. No me resultan agradables esas formas de ser.

—Tampoco es agradable para el secretario de Hacienda que el Presidente sospeche de él —me contestó irritado.

—Me resisto a pensar que el secretario de Hacienda sería capaz de una maniobra de este tipo. Pero sí sospecho que hay tolerancia excesiva, pues no es la primera vez que Reséndiz hace cosas de este tipo. La próxima vez yo mismo lo voy a correr —concluí.

Conozco muy bien a Reséndiz y sé de lo que es capaz. Trabajó con Heriberto Galindo y fue quien le organizó su precampaña a David Ibarra.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.