Situación económica: incertidumbre y especulación cambiaria

"MES: NOVIEMBRE"

Las declaraciones del secretario de Hacienda, Jesús Silva Herzog, el 21 de octubre, durante la instalación del Comité de Financiamiento de la Comisión Nacional de Reconstrucción, dispararon la especulación cambiaria, alcanzando el dólar, el 6 de noviembre, un valor ligeramente superior a los 500 pesos, cuando en las semanas anteriores había estado en 360 pesos.

En esa ocasión, Silva Herzog habló con mucha crudeza sobre la situación económica por la que atraviesa el país. Señaló que las metas en cuanto a déficit, balanza de pagos e inflación no se podrían cumplir.

Habló con la verdad, pero con un tono de franqueza que rayaba en un pesimismo sentencioso, sin considerar que su conducta norma la de otros, y sin consultar conmigo la oportunidad de sus pronunciamientos. Sin embargo, sería absurdo suponer que sus declaraciones fueron la causa única del proceso especulativo. Éste se basa en la incertidumbre del público en torno al futuro económico del país.

No logramos aumentar la credibilidad del gobierno, pues resultan evidentes las dificultades de sanear la economía cuando se tiene que cargar con una deuda externa de la magnitud de la nuestra, al tiempo que bajan los precios del petróleo, nuestro principal producto de exportación. Además, ha habido errores y situaciones imprevisibles; ello ha dificultado nuestra tarea y, por tanto, nuestra capacidad para obtener la confianza del público.

La historia empieza el año pasado. Hay que recordar que el sector empresarial comenzó a señalar que la política económica se estaba saliendo de cauce desde octubre de 1984. Sin embargo, nosotros tardamos en absorber esa crítica: no lo hicimos hasta principios de 1985. Ahí estuvo nuestro error, provocado por la falta de coordinación y comunicación entre los secretarios de Estado, que nos significó un grave daño.

Al reconocer esta situación, no deja de resultarme sorprendente que haya ocurrido, pues nunca como en este gobierno se ha dado tanta coordinación en el gabinete. De los dos sexenios anteriores, en los que yo ya estaba en cargos que me permitieron conocer el proceso de toma de decisiones, pude apreciar que Echeverría no tenía interés en coordinar el gabinete, sino en acosar a los funcionarios, y que López Portillo, que al principio quiso establecer un orden mediante reuniones y documentos de trabajo, poco a poco fue cediendo al desorden. Así que nadie como yo ha tratado de obligar a los funcionarios a la colaboración y, a pesar de ello, se nos fue el déficit de 1984.

Esto, unido a las altas tasas de interés de la deuda interna y externa, así como a las bajas sustantivas en los precios del petróleo, han disparado nuestras proyecciones económicas.

En enero de 1985, cuando finalmente me informaron de la realidad económica prevaleciente, ordené que se tomaran las medidas correctivas necesarias. Sin embargo, para cuando se anunciaron los primeros recortes presupuestales, también se dio a conocer el descenso del precio del petróleo. Como este producto siguió bajando, nosotros hicimos mayores recortes presupuestales —tres en total— y modificamos las tasas bancarias, en un esfuerzo constante por ajustarnos a una realidad económica cada vez más estrecha. Lo evidente de nuestras dificultades desató la especulación cambiaria.

A una perspectiva económica sombría se añadieron varios hechos que golpearon el orgullo nacional. Baste mencionar la ofensiva norteamericana contra el narcotráfico, la cual apenó a la sociedad mexicana, golpeándola anímicamente y haciéndola perder confianza en sí misma.

Por otro lado, el proceso electoral se dio en medio de un ambiente manipulado por Acción Nacional, en el que se partió del supuesto de que habría violencia y fraude, creando la expectativa de que las elecciones se realizarían en un ambiente de violencia. Cuando ocurrieron las elecciones y el PAN no ganó lo que pensaba ganar, sus partidarios realizaron una maniobra muy exitosa para magnificar las inconsistencias que realmente tuvieron lugar, contando para ello con el apoyo tanto de la prensa nacional como internacional.

Para esto, en junio cayó de nuevo el precio del petróleo, y resurgió con ello el ambiente de especulación. No era difícil prever que enfrentaríamos problemas en nuestra balanza comercial y que aumentaría la inflación. Aguardé a que pasaran las tan esperadas elecciones y de inmediato solté el precio libre del dólar.

A finales de julio tomé también medidas importantes para contener el gasto, incluyendo el recorte de personal burocrático. Las medidas dieron tranquilidad en el terreno económico, pero provocaron la furia de quienes fueron lesionados por ellas o se sintieron en peligro de serlo.

El informe presidencial creó un “veranito” de 15 días, que concluyó de manera dramática con el sismo del 19 de septiembre. Considerando que éste ocurrió en un momento de acumulación de tensiones y dificultades, es fácil entender que existiera un terreno fértil para el brote de críticas y rumores. La acción del gobierno frente al sismo, aunque en términos objetivos resultó relativamente eficiente y positiva, fue motivo de reclamo y acusación.

A esto se agregaron los errores de la expropiación urbana decretada a raíz del terremoto, lo que desató de nuevo la ira y el malestar contra el gobierno y aumentó la desconfianza. Finalmente, los rumores sobre la supuesta deshonestidad del titular de la Sedue, Guillermo Carrillo Arena, y las acusaciones a la procuradora Victoria Adato, por la supuesta tortura de unos colombianos cuyos cuerpos fueron encontrados en los sótanos de la Procuraduría del Distrito Federal, hicieron que la irritación y la frustración del público se volcara contra el gobierno. Para muchos, exacerbar sus críticas al gobierno se convirtió en una forma de desahogo.

Todo esto fue formando un clima de inquietud e incertidumbre que explica que a principios de noviembre se haya dado una especulación desmesurada contra el peso.

Pero esto no es todo; habrá que esperar más dificultades en el terreno económico. Tenemos que elevar los precios y tarifas de los servicios estatales; tenemos que seguir pugnando por la apertura comercial, y debemos seguir moderando los salarios. En el terreno de la deuda tenemos que encontrar una negociación que nos permita pagar, lo cual no será fácil, aunque por el momento los norteamericanos muestran una cierta apertura.

Resulta muy difícil gobernar una sociedad con un ánimo tan marcadamente negativo, dispuesta en todo momento a especular contra su futuro. En fin, espero que algún día se reconozca que tomamos las medidas necesarias para evitar la posibilidad de que las tensiones políticas que conlleva una crisis económica se convirtieran en explosivas al enfrentarse con la catástrofe provocada por los sismos.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.