Empresarios: actividad política en Nuevo León

"MES: NOVIEMBRE"

El lunes 11 de noviembre, la Confederación Patronal de la República Mexicana publicó en los principales diarios un desplegado en el que denunció que altos funcionarios gubernamentales habían conminado recientemente a varios importantes empresarios a abstenerse de participar en actividades de índole política. Estas acciones fueron calificadas por la organización empresarial como violaciones a las garantías individuales y como un atentado a la libertad.

El miércoles 13, el secretario de Gobernación, Manuel Bartlett, envió a di- versos diarios capitalinos su respuesta a las acusaciones de Coparmex. En términos generales, Bartlett señaló que el gobierno jamás interviene en las decisiones internas de los sectores, y mucho menos en las de las empresas; que las acusaciones sobre la intimidación a empresarios resultaban vagas e imprecisas, pues no se indicaba ningún dato concreto sobre quiénes, cuándo, en qué circunstancias o por qué, en relación con los supuestos hechos.

Enseguida, Bartlett recordaba que las cámaras de Industria y Comercio han de servir a las funciones para las que están constituidas, y aclaró que “quien pretendiera utilizar estas organizaciones para fines políticos personales de algún dirigente violaría la ley y atentaría contra la libertad política de los agremiados”.

Como puede apreciarse, se trató de un intercambio desagradable de acusaciones y amenazas entre la iniciativa privada y el gobierno. Fue un asunto que nunca debió salir a la luz pública, pues destapó conversaciones supuestamente realizadas a puerta cerrada.

El origen de este episodio se encuentra en la actitud de enfrentamiento de los dirigentes de las cámaras empresariales de Nuevo León a raíz de las elecciones de julio. No sólo apoyaron abiertamente al PAN, sino que se negaban a asistir a la toma de posesión del gobernador electo Jorge Treviño, lo que ya significa un gesto de desafío. Esta hostilidad manifiesta ante el gobierno se exacerbó con el decreto de expropiación posterior al sismo y con las elecciones municipales de Monterrey.

Como yo sé que los empresarios tienen un doble juego, en el que, por un lado, propician o toleran que los dirigentes de las cámaras empresariales agredan al gobierno y, por otro, ellos se desviven por establecer contactos gubernamentales que beneficien a sus empresas, decidí llamar a Eugenio Garza Lagüera, con quien tengo una buena relación, para aclarar un par de ideas.

Lo recibí el 10 de septiembre y le dije: “Eugenio, estamos rumbo a una colisión entre el gobierno y los empresarios, que no creo que sea conveniente para ninguna de las partes”. Garza Lagüera, consternado, me contestó que estaba convencido de que deberíamos evitar tal situación, por lo que añadí: “Ustedes me han estado haciendo ataques muy duros por medio de sus cámaras, y ello provoca a la gente de mi lado. Tráeme a un grupo de amigos comunes para que platique con ellos”.

Mientras tanto, yo sabía que Jorge Treviño y Manuel Bartlett estaban haciendo su labor.

El 16 de octubre recibí a los hombres que más pesan en Monterrey: Eugenio Garza Lagüera, Bernardo Garza Sada, Gregorio Ramírez, Carlos Maldonado y Adrián Sada Treviño. Empezamos a hablar, y de inmediato me dijeron que ellos no querían un pleito con el gobierno; que en lo básico estaban de acuerdo con las medidas que estábamos tomando. Insistieron en que sus diferencias con el gobierno eran superficiales y no de fondo. Me informaron que los principales empresarios de Monterrey habían llegado a un acuerdo, por cierto muy difícil de alcanzar, por el que los tres primeros niveles de funcionarios de las empresas no participarían directamente en política.

Al respecto, les comenté:

—Miren, yo no quiero quitarle a ningún mexicano su derecho de ejercer la política, pero sí quiero dejar claro que no creo que las organizaciones empresariales, o las empresas como tales, deban tomar bandos políticos. Lo que no quiero es que pongan como dirigentes empresariales a panistas, particularmente en la Coparmex, porque cuando colocan a personas así en esos puestos, éstas dejan de ser útiles, pues ya no abogan ni representan los intereses de los empresarios, sino más bien los del PAN, y entonces yo ya no sé si debo tratarlos como representantes empresariales o como agentes del PAN. En lo individual, repito, me parece muy positivo, si ellos lo desean, que participen en política, afiliándose al partido que más les guste, pero no como empresas o como organizaciones empresariales.

Alguno de los que participó en la reunión rompió la discreción que la plática suponía, y a ello se debió el desplegado de la Coparmex y, más tarde, el artículo en la revista Proceso.

En el fondo, yo creo que el número de empresarios interesados en la política panista son menos de los que se piensa. La mayoría de los empresarios son indiferentes a la política o, incluso, serían priistas si se les hubiera abierto el camino para ello. Los activistas son los líderes empresariales que, al pugnar por puestos en las organizaciones empresariales, dan muestra de tener una vocación política.

De cualquier forma, después de las elecciones de julio, el Partido Acción Nacional se desinfló, como lo prueba el resultado de los comicios municipales en los que hubo un alto abstencionismo y un triunfo claro del PRI. Ello se debe, en parte, a que pusimos a una figura muy conocida, como lo es el ex gobernador de la entidad Luis M. Farías, como candidato a la alcaldía de Monterrey. Esto desesperó al candidato panista José Luis Coindreau, quien desarrolló su campaña en un tono agresivo, e incluso grosero, que terminó por molestar a los mismos empresarios.

El abstencionismo, que alcanzó 62% en las elecciones municipales, frente a 41% en las elecciones para gobernador, tiene varias explicaciones. La primera es que siempre son menos atractivas las elecciones municipales que las estatales; la segunda es que no inflamos el padrón electoral, como se hacía tradicionalmente, y la tercera, que la campaña de desprestigio promovida por el PAN en julio, tanto en la prensa nacional como internacional, para descalificar las votaciones en el sistema electoral, aumentó el abstencionismo.

El abstencionismo daña más al PAN que al PRI, pues en última instancia deja el campo abierto a la inercia priista. Lo que sí se puede saber es que una población verdaderamente enardecida sí vota; participa políticamente, no se abstiene. Podemos pues concluir que la capacidad del PAN para movilizar gente después de las elecciones de julio bajó sustantivamente.

Por otro lado, el gobernador Treviño es un hombre limpio, trabajador y eficiente, y eso seguramente nos irá ayudando a combatir el ánimo antipriista en la entidad.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.