Deuda externa: diálogo multilateral

"MES: JULIO"

La conciencia sobre la gravedad del problema de la deuda externa latinoamericana ha ido en constante aumento, tanto entre las naciones deudoras como entre las acreedoras, y no es para menos, si se considera que los pagos de intereses que muchos países latinoamericanos hacemos al exterior son mayores que los créditos que recibimos.

México es un exportador neto de capitales, lo cual resulta insostenible, porque restringe seriamente el crecimiento de nuestra economía y lastima a la sociedad, que cada vez ve con mayor cansancio que sus esfuerzos son insuficientes y que la recuperación económica es remota. Lo mismo ocurre en un gran número de países, particularmente en América Latina.

En México, el tema se hizo central a partir de julio, cuando el recrudecimiento de la crisis económica provocó que se cuestionara la viabilidad de nuestra política económica y, especialmente, la viabilidad de seguir pagando la deuda externa en los términos actuales.

La realidad es que desde que estalló el problema, en agosto de 1982, hemos tratado de replantear los términos de la deuda, buscando soluciones alternativas. Hemos ido trabajando sobre la marcha, renegociando aspectos que parecían imposibles. Hemos tenido logros y continuamos buscando mejores soluciones.

Un ejemplo de nuestro esfuerzo permanente en este sentido fue la reunión de expertos que, con el auspicio de El Colegio de México, organizamos en Oaxtepec, Morelos, los días 13 y 14 de julio. Invitamos a los economistas que están ligados a los secretarios de Hacienda e incluso a los presidentes de los países latinoamericanos, a gente del Grupo Cartagena y del Banco Mundial. El asunto fue destapado, desgraciadamente, por The Wall Street Journal, lo que puso muy nervioso a Silva Herzog, quien se arrepintió del escándalo que con ello se provocó.

A mí no me preocupó el asunto, pues aunque yo creo que cualquier negociación seria sobre la deuda tiene que hacerse en términos bilaterales, el camino para generar conciencia sobre la necesidad de modificar sus términos bien puede ser multilateral.

El problema con este tipo de reuniones es que proponen la realización de un diálogo político entre acreedores y deudores, que es rechazado por los primeros, quienes se preguntan qué se quiere decir con diálogo político. Ellos temen que, tras ese concepto, simple y llanamente haya un conjunto grande de países endeudados que desean pedir a los industrializados que les anulen parte de su deuda o de sus intereses, o que les den plazos de pago de 40 o 50 años. Los Estados Unidos han dejado claro que, en su opinión, el diálogo político ya está teniendo lugar, de hecho, dentro del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, pues ahí hay comunicación entre diferentes gobiernos. La verdad es que tienen razón, pues nadie puede precisar qué se quiere decir con diálogo político.

Sin embargo, también creo que la amenaza de que los países del Tercer Mundo se puedan insubordinar y romper el orden monetario existente sirve para que los norteamericanos tengan una mejor disposición al diálogo y a la renegociación concreta. Así que aunque no veamos con claridad lo que significa ese supuesto diálogo político, sí vemos la conveniencia ocasional de espantarlos con ese argumento. Tal vez ése sea, en última instancia, “el diálogo político”.

Lo cierto es que ha habido avances en la conciencia internacional de lo que la deuda implica para los países en desarrollo. Una muestra de ello fue la resolución tomada por el FMI el 19 de abril pasado, cuando decidió establecer una estrecha vigilancia sobre los déficit públicos de los países desarrollados. Esta medida es importante, pues contribuye a que los norteamericanos tomen conciencia crítica de la política económica de Ronald Reagan y el daño que ésta hace a los países en desarrollo.

Más recientemente, la Comunidad Económica Europea ha manifestado su inquietud por el deterioro de las economías de los países deudores, y aprovechado la gravedad de estos hechos para demostrar que también a los países europeos los daña el excesivo déficit norteamericano. Finalmente, hasta George Shultz ha reconocido que es imposible esperar que los países latinoamericanos cancelen su crecimiento para pagar la deuda.

Internamente, ya no sólo es la izquierda la que pide que renegociemos o suspendamos el pago de la deuda; la iniciativa privada también nos lo solicita. Por ello, aunque no creo que ahora exista la receptividad necesaria entre los banqueros y los gobiernos de los países industrializados para llevar a cabo una nueva renegociación, he considerado conveniente promover declaraciones como la que hizo Héctor Hernández en Washington el 15 de julio. Ahí afirmó que México no conspira contra la banca internacional, pero advirtió al mismo tiempo que las restricciones al comercio internacional y la caída de los precios del petróleo amenazan con crear condiciones intolerables que impedirán a México hacer frente en forma plena a sus compromisos financieros externos. Estas declaraciones, por cierto, irritan mucho a Silva Herzog.

En julio, el tema de la deuda se volvió candente, porque al tomar posesión, el Presidente peruano Alan García repudió las negociaciones con el FMI y limitó el pago de la deuda externa al 10% de los ingresos que el país pueda obtener por exportaciones. En lo personal, temo que el planteamiento de Alan García sea efímero, pues es insostenible, sobre todo después de que los Estados Unidos le cortaron toda ayuda económica.

Finalmente, el 30 de julio se inició en La Habana la reunión más numerosa que se haya realizado sobre el tema de la deuda externa. Asistieron más de 1 000 personas de diversos países latinoamericanos, lo que sin duda contribuyó al objetivo fundamental de Fidel Castro: reconquistar una postura significativa en el enfrentamiento entre el Este y el Oeste. Por lo mismo, el gobierno mexicano no asistió.

Sin embargo, yo considero que todo lo que sirva para sensibilizar a los europeos, y en especial a los norteamericanos, sobre la carga económica y política que nos representa el pago de la deuda es positivo.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.