Relaciones entre México y Estados Unidos: ambiente de tensión en la Interparlamentaria

"MES: MAYO"

El 10 de mayo inauguré en Querétaro la XXV Reunión Interparlamentaria México- Estados Unidos. El ambiente, como reflejo de los evidentes desacuerdos en nuestra relación con los norteamericanos, era tirante.

Nuestro malestar se vigorizó al hacerse evidente lo reducido de la delegación norteamericana —14 diputados y un senador— y su escasa influencia en los círculos de poder de Washington. Aun Philip Gramm, el senador texano que encabezó a nuestros visitantes, es una figura poco relevante en la escena política estadounidense.

Por lo mismo, y al tener conocimiento de ello, Relaciones Exteriores me sugirió que cambiáramos nuestra agenda, a fin de que no inaugurara yo la sesión o, cuando menos, cancelara la nueva modalidad que había decidido darle, consistente en llevar a algunos secretarios de Estado para que intercambiaran ideas con los parlamentarios norteamericanos. Ponderé la sugerencia y decidí que más valía seguir nuestro programa, precisamente para demostrarles nuestra buena voluntad.

Al inaugurar la reunión pronuncié unas palabras breves pero significativas, buscando influir en el clima general, pero sin abordar asuntos específicos. Manifesté que México desea una relación digna y de respeto recíproco con Estados Unidos. Les enfaticé: “En la dignidad mucho podemos hacer; sin ella, nada”.

Por su parte, Humberto Lugo Gil, el líder de la mayoría priista en la Cámara de Diputados, hizo un buen discurso en el que dejó ver con claridad la posición de México. Pidió comprensión y respeto a nuestras diferencias como naciones, y abordó con claridad los temas más sensibles de nuestra agenda: Centroamérica, seguridad para los turistas extranjeros y narcotráfico.

Philip Gramm respondió con un discurso directo en el que demandó que México libere su comercio internacional y advirtió que los Estados Unidos no permitirán el avance del comunismo en América.

En general, la reunión cumplió su objetivo, pues hubo un intercambio amplio y franco. Los parlamentarios extranjeros tuvieron pláticas con los secretarios de Gobernación, Programación y Presupuesto y Hacienda, así como con el procurador general de la República y con el subsecretario de Comercio Exterior, expresándoles las dudas que ya esperábamos sobre narcotráfico, corrupción y peligros de desestabilización. También cuestionaron la solidez de la recuperación económica y pretendieron medir sus riesgos.

El diálogo directo, según ellos mismos reconocieron, les ayudó a formarse un criterio, pues en Estados Unidos hay muy poca información sobre México, y la que se proporciona está deformada. El resultado fue que las relatorías tuvieron puntos ventajosos para nosotros en los temas de narcotráfico y seguridad para el turismo. Al respecto, los legisladores norteamericanos se comprometieron a bloquear en su Senado el paso de la advertencia para que el turismo norteamericano no viaje a Guadalajara.

En general, la delegación norteamericana se fue satisfecha con el nivel alcanzado en el diálogo. Philip Gramm, por su parte, se comprometió a pedir una entrevista con el presidente Reagan para informarle lo ocurrido y manifestarle la conveniencia de que los legisladores de ambas naciones mantengan un contacto más estrecho.

Cabe mencionar dos incidentes que tuvieron lugar en esos días y que exhiben “la división de poderes” en Estados Unidos. El primero fue que, de manera evidente para todos los participantes, John Gavin se encerró con los diputados demócratas que habían estado criticando ampliamente la política de Reagan; los regañó y éstos le hicieron caso, orientando a partir de entonces sus críticas precisamente a la actuación de Gavin. El segundo fue que, sin argumentar razones, Gavin le manifestó a Lugo Gil su insatisfacción con las relatorías, y le señaló que él debía haber revisado los borradores.

En fin, el clima de tensión en nuestra relación con Estados Unidos es evidente y preocupante para la opinión pública. Sin embargo, ésta ya parece consciente de que la influencia del neoconservadurismo en el régimen estadounidense lo hace peligroso. Ha permeado la idea de que hay premeditación en la serie de incidentes que han ocurrido en nuestra relación.

Resulta evidente que nuestro desacuerdo respecto al problema centroamericano no es la causa única de sus ataques; ahora parece que encuentran inadecuado que en México gobierne el PRI. Desde su perspectiva, nuestro gobierno está muy inclinado a la socialización, pues postula una desmesurada intervención del Estado en la economía. Completan la crítica enfatizando el desgaste que para el sistema político mexicano ha significado la corrupción. A estas causas de tensión, hay que sumar la irritación que provoca la insolencia y arrogancia que caracterizan a Gavin.

Creo que la opinión pública mayoritaria está de acuerdo con el tono de prudencia y serenidad con el que hemos reaccionado a las agresiones norteamericanas. No creo que nadie crea que “nos hemos doblado”, aunque es claro que la izquierda quisiera que respondiéramos con un tono más subido.

Por su parte, la derecha, que es más tímida y temerosa, piensa que se nos están saliendo de las manos las relaciones con los Estados Unidos y culpa de ello a Contadora. Arguye que estamos cargando pleitos ajenos y quisiera que nos alineáramos más con los Estados Unidos. Quienes encabezan esta postura son los miembros del Partido Acción Nacional, pero también es la actitud de amplios sectores empresariales y de las clases pudientes, de franca filiación pronorteamericana.

Dentro del gobierno y entre algunos miembros de la “clase política”, hay preocupación por las relaciones de México con Estados Unidos. Sin embargo, los altos funcionarios se dan cuenta de que es difícil mantener otra posición si no queremos dañar nuestra imagen interna.

Yo buscaré fomentar la comunicación con Estados Unidos y evitar hasta donde sea posible el conflicto. Pero si estamos en conflicto, no pienso doblar las manos, pues ello implicaría tocar la retirada.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.