Fondo Monetario Internacional: acuerdo

"MES: MARZO"

En la última semana de marzo, las autoridades financieras mexicanas enviaron al FMI la tercera y última Carta de Intención correspondiente al acuerdo de facilidad ampliada que dicho organismo estableció con México en noviembre de 1982.

En ese documento México se comprometió a mantener en 1985 una estricta disciplina en el programa de ajuste económico, especialmente ante el reciente debilitamiento del mercado petrolero internacional, y ofreció mantener una política cambiaria realista y flexible, así como iniciar una revisión completa de la política comercial para reducir el proteccionismo. El aval del FMI es indispensable en el proceso de renegociación de nuestra deuda externa y, por tanto, nos es vital.

Este año la negociación con el FMI fue tardada, porque dicho organismo estaba preocupado por la falta de cumplimiento de nuestras metas económicas, particularmente por el monto del déficit, y porque encontró demasiado lento nuestro proceso de liberalización del comercio. Sin embargo, se logró concertar el acuerdo, porque nosotros ya habíamos afrontado los problemas derivados del incumplimiento de las metas. Así, el 6 de febrero recortamos el gasto público e iniciamos la liquidación o venta de algunas empresas paraestatales.

Estas medidas tuvieron por objeto ubicarnos en la plataforma adecuada para contener el déficit público, programado para 1985 en 5.3% del PIB. La nueva meta es muy difícil de cumplir, sobre todo porque le pedí a la Comisión Gasto-Financiamiento, compuesta por los titulares de las secretarías de Hacienda, Programación y la Contraloría, así como por el director del Banco de México, que no difirieran el esfuerzo de absorber los intereses devengados no pagados, que no contabilizamos en 1984 y que significan aproximadamente 2% del PIB.

En cuanto a la liberalización del comercio, nuestra política ha sido la de ir sustituyendo permisos de importación por aranceles. Sin embargo, en el contexto de la presión que sobre el particular ejerció el FMI, surgió el intento de agilizar el proceso mediante los Dimex, que son permisos abiertos para que los exportadores importen libremente insumos por el equivalente a 40% del valor de sus exportaciones, salvo algunos productos específicamente listados.

Este instrumento, propuesto por el área financiera, provocó diferencias de opinión tanto dentro como fuera del sector público. Los industriales y el movimiento obrero, y con ellos las áreas gubernamentales que los atienden, objetaron no la apertura de las importaciones, sino el ritmo con que debe realizarse, pues temen que si se hace de manera rápida quiebren muchas empresas y, por tanto, baje el empleo.

Sin embargo, yo estoy convencido de que tenemos que liberalizar el comercio a la mayor velocidad posible, lo que implica buscar el equilibrio entre lo deseable económicamente y lo posible políticamente. El caso es que los Dimex, que se dieron a conocer formalmente el 5 de junio, no fueron un instrumento tan efectivo como yo hubiera deseado. De cualquier forma contribuirán, junto con la eliminación progresiva de permisos de importación, a acabar con los oligopolios que producen ganancias desmedidas y que, por su estructura de costos, crean además presión inflacionaria y restan competitividad a la economía.

La disminución del gasto público, anunciada desde principios de febrero, canceló nuestro plan original que señalaba a 1985 como un año de franca recuperación económica. A nuestros problemas internos se une un panorama amenazado por la tendencia a la baja del precio del petróleo. En esas condiciones, sólo podemos proponernos no perder lo hasta ahora alcanzado.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.