Mercado petrolero: sobreoferta y baja del precio del crudo

"MES: FEBRERO"

EL LUNES 4 DE FEBRERO, la SEMIP Y PEMEX INFORMARON que México había reducido en 1.25 dólares el precio del barril de crudo ligero tipo Istmo, con lo que su cotización pasó de 29 a 27.75 dólares. El crudo pesado tipo Maya conservó su precio de 25.50 dólares el barril. De mantenerse estos precios durante todo el año, México dejará de recibir divisas en 1985 por unos 300 millones de dólares.

La fragilidad del mercado petrolero internacional se hizo palpable a partir del 17 de octubre de 1984, cuando Gran Bretaña decidió bajar el precio del petróleo del Mar del Norte en 1.35 dólares por barril. La medida fue seguida al día siguiente por Noruega y, de inmediato, Nigeria reaccionó reduciendo en dos dólares por barril el precio de su petróleo, a fin de mantener su clientela, ya que Gran Bretaña y Noruega son sus grandes competidores.

Estas disposiciones forzaron a la OPEP a reunirse inmediatamente en Ginebra. Su situación, como cartel de productores, era débil, pues Nigeria, además de reducir su precio, estaba vendiendo por abajo de la mesa más petróleo del que correspondía a su cuota. Esta indisciplina de los países productores, que echan al mercado más petróleo cada vez que necesitan dinero, desacredita a la OPEP y daña a todos los productores. Inglaterra, Noruega y la URSS hacen otro tanto, lo que crea una sobreoferta que deprime el precio.

El ambiente de inestabilidad en el mercado petrolero nos afecta gravemente, por lo que estamos empeñados en colaborar para que este mercado se ordene. Francisco Labastida, secretario de Energía, Minas e Industria Paraestatal, ha viajado cuantas veces ha sido necesario para promover el diálogo en este sentido.

Labastida fue como observador a Ginebra el 22 y 23 de octubre pasado, cuando se planteó la posibilidad de limitar la producción de petróleo como estrategia fundamental para mantener estables los precios del energético. El temor real era la posibilidad de que se iniciara una guerra de precios, en la que si la OPEP bajaba los suyos, los países ávidos de divisas lo harían aún más, cayendo los precios como en un tobogán.

La junta de la OPEP en Ginebra se interrumpió el 23 de octubre, para ser reanudada el día 29, a fin de que una delegación, formada por los representantes de ocho países productores y exportadores de petróleo —México entre ellos— y encabezada por el ministro saudita de petróleo, Ahmed Zaki Yamani, viajara a Nigeria para tratar de convencer a las autoridades de ese país de que reconsideraran su decisión de abatir en dos dólares el precio del barril de petróleo.

Nuestra participación en este tipo de acciones demuestra un cambio importante en la actitud de México hacia los problemas del mercado petrolero internacional: hemos abandonado la actitud de mantenernos al margen para tratar de contribuir activamente a su ordenación.

El lunes 29 de octubre, la OPEP decidió reducir sus niveles de producción de petróleo de 17.5 millones de barriles diarios a 16 millones. Tres días después anunció que, con la excepción de Nigeria e Iraq, los restantes miembros de la organización estaban de acuerdo en la forma en que se distribuyó el esfuerzo por recortar la producción petrolera.

El jueves primero de noviembre, los titulares de Pemex y de la SEMIP anunciaron la decisión del gobierno de México de reducir en 100 000 barriles diarios sus ventas externas de petróleo durante ese mes, así como de mantener el precio de 29 dólares por barril de crudo tipo Istmo y de 25.50 por barril de tipo Maya.

El 5 de diciembre, Francisco Labastida inició un viaje por Estados Unidos, Canadá, Arabia Saudita y Kuwait, a fin de dialogar con sus homólogos para prever la posible desestabilización del mercado del crudo como resultado de la menor demanda al finalizar el invierno en los países consumidores.

En Washington se entrevistó con el secretario de Energía, Donald Hodel, quien es un hombre bastante primitivo y considera que “los arbitrarios intentos de la OPEP por fijar artificialmente la producción para mantener elevados los precios” no sirven a los intereses ni de los consumidores ni de los productores… Parece que están más conscientes del daño que ocasionaría el desquiciamiento del mercado petrolero en el Departamento de Estado y en la Tesorería.

Las compañías petroleras norteamericanas saben, por su parte, que si baja demasiado el precio del petróleo, les resultaría incosteable la producción. Así que la posición de Estados Unidos ante el problema es incierta.

Al reunirse con los ministros de petróleo de Arabia Saudita y Kuwait, Labastida encontró en el primero una actitud retadora. Parece que los sauditas quisieran provocar una guerra de precios, convencidos de que ésta afectaría dramáticamente al mundo desarrollado. Se preguntan: ¿Qué pasaría con los bancos occidentales si dejan de recibir el flujo de capital de los petroleros, al tiempo que éstos dejan de pagar su deuda? Nosotros tratamos de convencerlos de que hay que evitar el crack, porque éste sería un escenario de tragedia.

Cuatro días antes de la reunión, que tuvo lugar el 15 de diciembre, Yamani había declarado que cualquier cambio en el sistema de precios de crudo en el Mar del Norte abriría la puerta a una guerra de precios. Lo cierto es que una baja considerable en los precios del petróleo no se limitaría únicamente al mercado del crudo, sino que podría afectar la capacidad de pago externo de muchos países exportadores, lo que provocaría fuertes daños a la estabilidad financiera y a la economía mundial.

La sobreoferta hizo que el viernes 28 de diciembre la compañía Phillips Petroleum redujera en un dólar su precio de compra del crudo, es decir de 29 a 28 dólares el barril. La Conoco y la Mobil Corporation rebajaron también en 1.30 dólares su precio de compra. Esto estaba encaminado a arruinar el esfuerzo de la OPEP para evitar la caída de los precios mundiales de petróleo.

Al día siguiente, la OPEP realizó la reunión de fin de año que tenía programada y concluyó sus trabajos con la aprobación de una fórmula de compromiso para reducir la diferencia entre los crudos ligeros y los livianos, manteniéndose el precio oficial de referencia de 29 dólares por barril para la variedad “árabe ligero”.

Entre el 11 y el 16 de enero la Texaco, la Gulf Corporation y la Exxon también redujeron en un dólar su precio de compra. Esta presión a la baja se agravó por la decisión de Gran Bretaña de establecer el precio de su producto conforme al mercado libre.

El 30 de enero los ministros de la OPEP decidieron, después de tres días de arduas negociaciones —en las que México participó como observador—, abandonar el precio preferencial del crudo arábe ligero y reducir en 1.60 dólares el precio por barril.

El lunes 4 de febrero, nosotros redujimos 1.25 dólares el precio de nuestro barril de petróleo. El 6 de febrero anunciamos un recorte importante del gasto público, necesario por varias razones, pero que la opinión pública aceptó como inevitable ante la baja del precio del petróleo. Lo grave es que el mercado continúa inestable y subsiste la tendencia a la baja.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.