Reordenación económica y medidas democratizadoras

"MES: DICIEMBRE"

Algunos han dicho que las modificaciones que propuse al Congreso de la Unión significan cambios radicales y responden al agotamiento de nuestro sistema político. Yo creo que están equivocados. Mi gobierno propone cambios, cambios importantes, cambios que significan reformas trascendentes; sin embargo, esto de ninguna manera implica que se proponga un cambio de sistema, como a veces se sugiere.

Hoy día, con motivo de todo, se habla del sistema político mexicano, cuando antes se usaba la palabra régimen. Considero que este cambio es influencia de las escuelas estructuralistas sociológicas. Yo pregunto, ¿qué es un sistema? Lo entiendo como un conjunto de ideas, principios, normas, instituciones, relaciones y prácticas de operación. Estoy convencido de que el pueblo mexicano sigue siendo fiel a las ideas, principios, normas y relaciones que recoge la Constitución de 1917. En ese sentido, queremos la continuación y el perfeccionamiento del sistema. Se desea que continúen el federalismo, la economía mixta, la búsqueda de la democracia, etc. Todos los principios fundamentales siguen siendo válidos, lo que queremos es que tengan vigencia, que realmente se apliquen.

Por eso, lo que yo creo es que, cuando se habla del agotamiento del sistema, del fin del sistema, la crítica va dirigida en realidad a las prácticas de operación. En mi opinión, no es válido reducir todo el sistema a las prácticas de operación. Estoy de acuerdo en que éstas deben modificarse, pero para mantener el sistema. Lo que yo propongo no es un cambio radical, es un cambio en las prácticas de operación, un cambio en el estilo. Debe entenderse como una reforma, no como una revolución. Cambio de sistema es pedir el cambio al socialismo, al neoliberalismo, al fascismo. Quienes realmente desean ese cambio son muy pocos.

Yo busco modernizar el sistema que nos rige y satisface, y considero que la modernización representa la “autonomización” relativa del Estado y la sociedad; esto es, la delimitación de campos y esferas de acción. Por ahora, es necesario que sea el Estado el que impulse el fortalecimiento de la sociedad. Sin embargo, hay que aclarar que la autonomización de la sociedad debe verse en sus varios y distintos niveles. Existe una autonomización real de los empresarios, de los obreros y de los profesionistas, que forman la parte moderna de nuestra sociedad. Cabe reconocer que los empresarios sí se enfrentan y responden al régimen, que a los obreros no se les puede manejar como se quiera y que los profesionistas tienen formas y canales de expresión.

Sin embargo, junto a ellos hay una sociedad tradicional que todavía está sujeta a la conducción, al paternalismo del Estado. El concepto de sociedad tradicional es demasiado amplio; dentro de él hay que diferenciar grupos y regiones. Hablando de los campesinos, es muy distinto hablar de los de Sonora que de los de Chiapas, ya que los de Sonora tienen una organización mucho mayor, mucho más integrada, mucho más contestataria.

Por ello, el sector social campesino, actualmente debilitado, desorganizado e incapacitado, requiere los instrumentos propios del Estado para alcanzar el fortalecimiento necesario para actuar. Trataré de satisfacer los requerimientos básicos de los campesinos que siempre han estado desatendidos y marginados. Para dar más a los campesinos se tendrá que retirar parte del apoyo que hasta ahora han recibido los trabajadores y los grupos urbanos. Por ende, uno de mis principales problemas será enfrentar las presiones y el malestar político de la sociedad industrial, de la sociedad urbana.

Es necesaria una acción mucho más decidida, mucho más vital del PRI en las ciudades, para contener los problemas políticos que ahí puedan presentarse. El PRI tiene mucho trabajo por hacer para ganar las elecciones. Tiene que movilizarse o perderemos más plazas. La democratización del PRI y el respeto a los partidos de oposición restarán, en principio, fuerza al Poder Ejecutivo, ya que harán que la selección de funcionarios y representantes del partido surja más de las bases y sea menos una decisión de la cima. El respeto a los partidos de oposición implicará reconocer la pérdida de ciertas plazas electorales, pero servirá para legitimar y revitalizar al PRI.

Los problemas que el PRI enfrenta en este proceso se pusieron en evidencia durante las elecciones municipales realizadas el 5 de diciembre en cuatro entidades federales. Éstas dejaron un saldo de varias alcaldías ocupadas por inconformes. El problema central, en este caso, no está en el número de municipios que gane la oposición, sino en la violencia que generan los caciques priistas que no aceptan la reforma política. Ellos son los responsables. Esto ocurre porque los caciques están desatendidos por el PRI, ya que la selección de candidatos del partido a menudo no considera los liderazgos locales e impone candidatos impopulares o desconocidos. De este proceso electoral, lo más importante fue la pérdida de la ciudad de San Luis Potosí a manos de los partidos Acción Nacional y Demócrata Mexicano.

La reordenación económica que propongo requiere para su ejecución un gran poder de parte del Presidente de la República y, en este sentido, parece contradictoria con la voluntad democratizadora expresada en la revitalización de los partidos políticos y en la descentralización política y económica propuesta por mi régimen. No obstante, considero necesario iniciar las dos vertientes, pues la reordenación económica se orienta fundamentalmente a la superación de la crisis actual, y las medidas democratizadoras a la modificación de realidades estructurales.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.