Ánimo de venganza: Cuenta Pública de 1982

"MES: OCTUBRE"

En el mes de octubre hubo inquietud y revuelo en torno al dictamen de la Contaduría Mayor de Hacienda sobre la Cuenta Pública Federal y del DDF de 1982. El informe sobre el resultado de la revisión de dicha cuenta, escrito por Miguel Rico, se extralimitó al calificar como altamente ineficientes a la mayor parte de los programas desarrollados en ese año y al señalar que había descubierto graves errores administrativos que condujeron a fuertes erogaciones económicas, sin la justificación de documentos que acreditasen su aplicación. En él también se habló de “sospechosas maniobras” en las que participaron empresas privadas y que arrojaron muy cuantiosas pérdidas a la administración pública.

Este dictamen revivió un sentimiento popular insatisfecho, expresado de mil maneras: “Que paguen los culpables”. Obviamente, los partidos políticos de oposición, sobre todo el PAN y el PDM, insistieron en que se fincaran “responsabilidades penales, civiles o administrativas a todos los funcionarios del régimen lópezportillista que saquearon al país”.

Estas afirmaciones fueron seguidas por otras que ridiculizaron el esfuerzo actual de renovación moral y que terminaron en severas críticas al gobierno. Por ello, tal vez, algunos diputados priistas sintieron necesario salir a la palestra para asegurar que la Cámara de Diputados no sería cómplice ni solaparía irregularidades de ningún funcionario público o de industriales que hubiesen incurrido en actos ilícitos en el manejo de la hacienda pública en el último año del gobierno del presidente López Portillo.

Cundió la incertidumbre sobre a dónde conduciría esta polémica, pues nadie ignora que hubo desorden en el gasto y sobregiro en la Cuenta Pública de 1982. Ahí estuvo el anticlímax: la Contaduría Mayor de Hacienda sólo encontró elementos suficientes para fincar responsabilidades contra un ex delegado del Distrito Federal.

El episodio fue desafortunado, pues aparte de que nos llovieron críticas, se dañó la credibilidad del gobierno. Otro aspecto importante fue que Carlos Hank, el ex regente, y su grupo se pusieron muy inquietos, se asustaron. No es imposible considerar que fueron ellos quienes promovieron la campaña de desprestigio contra el general Ramón Mota, jefe de la policía capitalina. Tal vez pensaron que con ello se harían extrañar, al tiempo que desacreditaban la capacidad del actual gobierno para resolver los problemas.

De lo que estoy seguro es que faltó coordinación entre la Contaduría Mayor de Hacienda, el liderato de la Cámara, las comisiones del Congreso y el Poder Ejecutivo. Iniciado el escándalo ya no fue posible hacer nada, pues no puedo pedirle a Rico que no haga su trabajo. Lo que he hecho es pedirles a mis colaboradores que se acerquen a Rico y que lo cuiden.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.