Seguridad pública: conflicto entre Excélsior y el secretario de Protección y Vialidad

"MES: OCTUBRE"

El martes 16 de octubre, el general Ramón Mota Sánchez, secretario de Protección y Vialidad del Distrito Federal compareció ante la Comisión del Distrito Federal de la Cámara de Diputados.

Esta comparecencia tuvo varias particularidades. La primera fue que se invitó, sin que hubiera precedente de ello, a la prensa capitalina. La segunda consistió en que la comparecencia se dio en un ambiente de hostilidad y expectativa, pues dos días antes el diario Excélsior había desatado una campaña de desprestigio contra el general Mota, a raíz de un supuesto allanamiento de sus instalaciones.

La historia del allanamiento puede entenderse de varias maneras. Los hechos fueron que, el domingo 14 de octubre, un grupo de voceadores ebrios provocaron a unos policías, quienes los fueron siguiendo hasta las inmediaciones del edificio de Excélsior. Ahí, los voceadores enfrentaron a los policías, los golpearon y desarmaron, y luego entraron en el edificio del rotativo.

Los policías pidieron apoyo para entrar a detener a sus agresores. Según Excélsior, los policías entraron con lujo de violencia a la casa editorial, penetrando hasta los departamentos de reparto y rotativas, para apresar a quienes calificaron de modestos expendedores de periódicos.

Este incidente bastó para que se hablara de allanamiento de morada, aunque la ley permite a la policía preventiva entrar en un domicilio, sin la orden judicial respectiva, cuando se trata de un delito flagrante. No obstante, el incidente se magnificó, llegándose a hablar, absurdamente, de un ataque a la libertad de prensa.

Se unieron a Excélsior, desde el primer día, el PSUM, el PAN, el PPS y PST, así como la Unión de Voceadores y Expendedores de Periódicos de la República Mexicana y la Unión de Periodistas Democráticos, para criticar desmedidamente a las fuerzas de seguridad.

En ese contexto tuvo lugar la comparecencia. El ambiente de prejuicio contra el general Mota encontró, en la torpeza de sus expresiones, la coyuntura para dar rienda suelta a los ataques. Mota habló de que sin la participación social, la policía no puede ser una isla de pureza. Habló también de la necesidad de que el ciudadano contribuya a la seguridad pública mediante la autoprotección de su persona, de su hogar y de su trabajo.

Estas afirmaciones bastaron para que en los días siguientes proliferaran editoriales que señalaban que Mota había confesado la absoluta incapacidad de la policía para dar garantías a la población. Se dijo que incitaba a los ciudadanos a armarse para autodefenderse.

En fin, los periódicos, principalmente Excélsior, señalaron con alarma la situación de inseguridad que se vive en el Distrito Federal. Calificaron a Mota de inepto, corrupto, prepotente y corresponsable moral de los crímenes, entre otras cosas.

El escándalo que provocó la comparecencia hizo evidente que fue un error permitir la entrada de los periodistas a dicho acto. Peor aún, hubo torpeza en el manejo del asunto, tanto por parte de la Cámara de Diputados como del Departamento del Distrito Federal, pues en realidad debieron cuestionarse sobre la conveniencia de que Mota asistiera a una entrevista de ese tipo, ya que para nadie era una secreto que el jefe de la policía es un soldado seco, autoritario y poco avezado en conferencias de prensa o en el diálogo parlamentario.

Según el líder de la Cámara, había una gran presión externa a favor de solicitar la comparecencia de Mota, sobre todo porque ya habían asistido otros secretarios del DDF. Sin embargo, he tenido informes que sugieren que hubo una verdadera conspiración para hacer caer a Mota.

Es claro que se manifestó la enemistad del gremio periodístico. Incluso, es posible concebir que lo del supuesto allanamiento haya sido una emboscada que sirvió para calentar el ambiente.

Un elemento sospechoso es que Víctor Payán, quien fue jefe de prensa de Durazo y es actualmente un reportero con gran poder en el Excélsior, tuvo una participación activa en la promoción de las críticas a Mota. Payán es enemigo del actual jefe de prensa de la policía, un señor Íñigo, pero ello no es suficiente para explicar su afán de desprestigiar a Mota ni la razón por la que tuvo eco entre los periodistas.

Resulta necesario entender que en ese medio hay intereses que reaccionan ante cualquier saneamiento de las corporaciones policiales. Baste señalar que algunos reporteros de la fuente policiaca tenían, hasta la llegada de Mota, plazas en la policía; otros eran cómplices de los fenómenos de extorsión, y otros más tenían facilidades para obtener permisos en bares y cantinas o para lucrar con la prostitución. Mota ha lesionado sus intereses y no resulta sorprendente que deseen su remoción.

Por otro lado, no es imposible que gente ligada al sexenio anterior, atemorizada por el recelo que provocó la revisión de la cuenta pública de 1982, haya organizado este tinglado, consciente de que se trata de una de las áreas más vulnerables del gobierno. No podemos negar que existen hechos que dan base a los ataques periodísticos, a los que gustosamente se unieron los malquerientes del gobierno, los amarillistas y los tremendistas.

Hay problemas reales de seguridad pública, causados por fallas de la policía, que todavía tiene muchos malos elementos. Mota se ha esforzado por disciplinarlos, imponiendo sanciones, pero seguramente subsisten prácticas delictivas dentro de la policía.

Sabemos, y siempre lo hemos sabido, que regenerar a la policía es un problema que lleva tiempo. Debemos también reconocer que la crisis económica por la que atravesamos provoca el aumento de cierto tipo de delitos. Todo ello sirve de municiones contra Mota y afecta el prestigio del gobierno, pues toca cuerdas muy sensibles de la sociedad.

El tema de la seguridad pública se mantuvo candente durante dos semanas. La tormenta no cedió hasta el 20 de octubre.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.