Relaciones entre México y Estados Unidos: las torpezas de John Gavin

"MES: SEPTIEMBRE"

El 19 de septiembre Adolfo Lugo Verduzco, presidente del PRI, afirmó en una entrevista de prensa en Guadalajara que "algunas declaraciones del embajador Gavin han sido imprudentes. Tengo la convicción de que el señor embajador no entiende aún la idiosincrasia del pueblo mexicano y nuestro profundo sentimiento nacionalista y de respeto hacia los demás países. Asimismo, me da la impresión de que el señor embajador no conoce suficientemente nuestro sistema político, que es producto de nuestra experiencia histórica y de nuestra realidad nacional".

Esta declaración, que pronto fue secundada por varios partidos políticos, desató una cascada de críticas contra el embajador de Estados Unidos en México. Periodistas, políticos, dirigentes sindicales y mandatarios estatales se sumaron a la “cargada”. Varios grupos llegaron a pedir que el señor Gavin fuera declarado persona non grata en México. El asunto, dada la actitud de Gavin, siguió candente en los periódicos casi dos meses. Sin embargo, la irritación venía de atrás y sigue en el aire.

Las razones de ello son muchas, unas conocidas por todos, otras sólo por algunos. Entre las cosas evidentes se encuentran sus visitas reiteradas a gobernadores, alcaldes, empresarios y miembros del Episcopado, en vísperas de las elecciones estatales en el norte del país; sus juicios burdos sobre la situación de México, acompañados de recomendaciones políticas a partidos y gobierno, así como la insolencia de sus respuestas cuando se critica su conducta.

El hecho es que Gavin se ha propuesto, saltándose a la Secretaría de Relaciones Exteriores, abrir su propio canal de diálogo con los funcionarios públicos. Se propone fortalecer la presencia de la embajada norteamericana mediante un acercamiento directo con las secretarías de Estado.

Cuando se le ha llamado la atención, haciéndole ver que viola las reglas de nuestro sistema, alega que tiene derecho de ver a quien quiera, ya que en los Estados Unidos no se limitan las posibilidades de intercambio del embajador mexicano. Se niega a aceptar que se trata de un sistema político diferente. Aunque sabe que no nos gusta, continúa viajando por toda la República y entrevistándose con quien se deja.

Su impertinencia llega al extremo de que en un viaje a Chihuahua, a finales de agosto, tuvo a bien invitar a una comida al gobernador del estado, que es priista, al presidente municipal, que es panista, al obispo y a los presidentes del PRI y del PAN estatales, pretendiendo colocarse como el gran árbitro de las diferencias nacionales, capaz de mediar entre las fuerzas políticas existentes. Esto es inaceptable. Naturalmente, el gobernador y el presidente del PRI se negaron a asistir, por lo que los panistas tuvieron que, o quisieron, cargar con la etiqueta de proyanquis.

El último episodio de ese viaje consistió en que el 31 de agosto, en Tijuana, Gavin acusó al PRI, o en todo caso a los medios de comunicación, de decir verdades a medias al señalar que el PAN ha hecho alianzas con partidos estadounidenses, cuando miembros del PRI también han asistido a eventos electorales norteamericanos.

A pesar de que él mismo había preparado reiteradamente el camino, Gavin se enfureció por la respuesta de Lugo Verduzco, la cual, aunque parezca increíble, lo sorprendió. El 21 de septiembre, en medio de un torrente de críticas, la embajada de Estados Unidos en México emitió un comunicado en el que señaló que las relaciones entre México y Estados Unidos eran excelentes y que "no debía permitirse que alegatos irresponsables —manifestados antes de tener conocimiento pleno de los hechos— interfieran con la forma normal como se conducen los intercambios entre nuestras dos grandes naciones".

Esta respuesta provocó aún más la ira de sus críticos, quienes diariamente, durante mes y medio, acusaron a Gavin de intervenir en asuntos que no eran de su incumbencia solicitando que se le pusiera un "hasta aquí", e incluso proponiendo que se pidiera al gobierno norteamericano su remoción. Todo esto, acompañado por los desplantes de altanería de parte de Gavin, se tradujo en un mayor repudio entre nosotros del famoso embajador.

Las razones que éste tenga para actuar como lo hace seguramente giran en torno de un deseo de notoriedad personal que lo haga visible a los ojos del presidente Reagan, a fin de ascender en el escalafón político norteamericano. Sin embargo, por ingenuidad o torpeza, está logrando su descrédito, pues evidentemente viola su papel como diplomático.

Estando así las cosas, se difundieron tres noticias que alimentaron fuertemente el ánimo antinorteamericano entre nuestra población. El 26 de septiembre, el Departamento de Estado norteamericano, por conducto de su vocero Alan Romberg, dijo que eran "totalmente infundados" los alegatos del jefe del PRI en México, pues el embajador Gavin no había trascendido los límites de sus responsabilidades diplomáticas.

El viernes 28 de septiembre, el diario norteamericano The New York Times denunció que sectores duros del gobierno estadounidense trataron de alterar reportes de la CIA, a fin de presionar al gobierno de México para que modificara su política centroamericana. La nota periodística informaba que esa actitud provocó la renuncia del principal analista latinoamericano de la CIA, John R. Horton, tras presiones del propio director de esa organización de espionaje para que cambiara un informe sobre México, a fin de que se presentaran los problemas económicos y políticos de nuestro país como una amenaza a la seguridad interna, así como un peligro para la seguridad de América Central y Estados Unidos.

El tercer hecho que provocó revuelo en la opinión pública fue la aparición de un documento del Grupo Heritage sobre la situación de México. En él se concluía que era conveniente ejercer presión sobre México para modificar sus tendencias socialistas, pero sin desestabilizar el país.

La declaración del Departamento de Estado en apoyo a Gavin era lógica, pues el aparato norteamericano tiene que sostener a su embajador. Es evidente que Gavin los mantiene informados. La duda está en qué tono da a sus informaciones.

En cuanto al reporte de la CIA, yo no tenía conocimiento previo del hecho. Lo único que conocía era la nota periodística aparecida el 2 de abril en la revista Newsweek, en la que se señalaba que el presidente Reagan había ordenado al Departamento de Estado elaborar un "plan maestro" para convencerme de las virtudes de la política norteamericana hacia Centroamérica. Esta noticia se unía a otra publicada por la misma revista en el mes de marzo, en la que se decía que Reagan condicionaría la ayuda económica a México al apoyo de su política en Centroamérica. Sin embargo, la manipulación de información por parte de la CIA no me resultó sorprendente, pues es de todos conocido que dicha agencia es capaz de maquinar cualquier cosa que considera conveniente a sus intereses.

Esta percepción es pública. El ambiente pavoroso que existe en torno a la Agencia Central de Inteligencia ya ha sido incluso objeto de una serie televisada: Washington Behind Closed Doors. Yo considero que la CIA es capaz de todo, pero que tenga yo pruebas de ello, es cosa diferente.

El documento del Grupo Heritage expone la visión conservadora que puede haber en Estados Unidos sobre México. Para ese grupo de opinión, la política exterior mexicana es prosoviética. Consideran que esta política empezó a desarrollarse con Luis Echeverría, siguió con José López Portillo y que yo, de alguna manera, la continúo.

Debido a ello, proponen que se influya sobre México, a fin de promover la formación de un Estado restringido en su participación como rector de la economía y sin la presencia de los sectores sociales, esto es, de espalda a su tradición política revolucionaria. Obviamente, alientan la formación de un sistema bipartidista que permita el arribo de un partido conservador al poder.

El documento en cuestión y las pugnas internas de la CIA exhiben la existencia de grupos ultraconservadores y su enfrentamiento con otros más moderados en el seno mismo del gobierno de Estados Unidos. Tenemos que aceptar que la sociedad norteamericana está dividida por segmentos y grupos, entre los que existe una discusión permanente.

Contrario a lo que diferentes grupos de opinión expresaron a lo largo de todo el mes de octubre, yo creo que no nos conviene tomar una postura abierta frente a estos hechos. Lo que nos conviene es hacer la suerte de Tancredo. Protestar en mis entrevistas privadas con funcionarios norteamericanos sobre el asunto de la CIA puede resultar riesgoso e inútil, pues ellos podrían atribuirlo a un escándalo de la prensa y yo me encontraría en una situación en la que no puedo probar nada.

En cuanto a Gavin, resulta necesario torearlo, evitando caer en su trampa, pues ello le brindaría la posibilidad de alegar ante el Departamento de Estado que en México existe un ambiente antinorteamericano promovido desde el mismo gobierno. Lo que hay que hacer es dejarlo que se equivoque, que tropiece con la realidad, para que su rechazo surja de la sociedad misma.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.