Situación económica: perspectivas de cierre para 1984

"MES: SEPTIEMBRE"

El 18 de septiembre, el gabinete económico me presentó un documento sobre las perspectivas de cierre para la economía en 1984 y las líneas de acción para el último cuatrimestre del año.

Estos documentos, que me presentan en forma regular, son importantes, pues me permiten revisar lo que está ocurriendo y, sobre todo, imaginar lo que va a venir. Ésta es una de las tareas básicas para un Presidente: prever qué giros puede dar una situación y tomar las medidas necesarias para orientar su desarrollo.

En este momento tengo que centrar mi atención y llevarle el mecate corto a los problemas económicos. Éstos son los que más me preocupan, porque sé que el ambiente político, el económico, el social y el psicológico dependen de la evolución que tenga la realidad económica. En este sentido, puede decirse que soy marxista…

La perspectiva del desarrollo económico del año, en septiembre, estimaba que la meta de crecimiento del producto interno bruto en 1984 podría situarse entre 1 y 2%, lo que derivaba de un proceso de recuperación económica gradual. La inflación fue calculada en ese momento en torno a 50%, de diciembre a diciembre. Esto significa que ya se reconocía que la meta de 40% era inalcanzable.

Se habló de que la persistencia de las expectativas inflacionarias, la aceleración del crecimiento del medio circulante y los elevados precios en algunos sectores específicos dificultaron la desaceleración de la inflación. La realidad es que la inflación es muy terca y ya tiene un piso muy alto.

Con una inflación calculada en 50%, se reconocía que el deterioro real de los salarios sería de alrededor de 6% para todo el año. Por otro lado, las importaciones crecieron 27.6%, en tanto que la exportación de productos no petroleros aumentó 34.9%. Se estimó un superávit en cuenta corriente de entre 3 000 y 4 000 millones de pesos.

El punto más delicado fue el concerniente al déficit del sector público. El compromiso original era bajarlo a 5.5%, aunque nos dimos un margen de 1%. El documento en cuestión apuntaba que éste sería de 6.5% del PIB, pero señalaba que en esa estimación no se incluía una cantidad significativa de intereses devengados, que podía representar en el curso del año hasta 2% del PIB, la cual se pagará posteriormente. Esto no afectará nuestra relación con el Fondo Monetario Internacional, pues haremos un arreglo contable similar al que hemos hecho en otros años, transfiriendo ese 2% de déficit al año entrante.

La explicación de por qué el déficit sobrepasó lo estimado es múltiple. Desde luego influyeron las tasas de interés externas, pero también debe reconocerse que hubo presiones para la ampliación del gasto que excedieron el margen disponible de reservas presupuestales y de posibles ingresos adicionales del sector público.

Medir los efectos del déficit es imposible, ya que el sector privado tuvo una recuperación menor que la esperada, lo que hace que el problema no sea tan grave, pues hubo mucha captación de recursos por parte del sistema bancario y menos deuda interna de lo programado. Sin embargo, el problema me preocupa, aunque lo que cuenta aquí es la tendencia

. Ahora, que ya llegamos a un acuerdo con el Comité Asesor de Bancos para alargar los vencimientos de 48 000 millones de dólares que estaban programados entre 1985 y 1990, lo que vamos a hacer es revisar las necesidades de deuda y capitalización de cada una de las grandes empresas del Estado, a fin de buscar el saneamiento de todas.

En general, el problema de recuperación del ritmo de crecimiento depende de la inversión del sector público, que no tiene dinero para invertir, y del sector privado, que está dañado financieramente y tiene un mercado abatido. Así que el camino parece presentarse por el lado de las exportaciones; decirlo es fácil, pero en realidad representa una tarea inmensa.

El manejo de la economía requiere también una tarea inacabable de armonización de mis colaboradores, pues según va pasando el tiempo, cada uno de ellos se va aferrando más a sus propias ideas y, además, cada uno de ellos tiene sus propias expectativas. Así que tampoco ahí se puede dejar floja la cuerda.

Esta situación es delicada, pues en México una secretaría maneja los ingresos y otra los egresos. Esto hace que haya diferencias entre sus titulares, quienes tienen ópticas diferentes respecto a lo que se debe hacer. Por eso es importante que el Presidente dé instrucciones claras sobre el camino a seguir. Si no lo hace con cuidado puede deshacer la política económica de sus secretarios.

La explicación histórica de esta división es que durante el régimen de Gustavo Díaz Ordaz, cuando Antonio Ortiz Mena era el secretario de Hacienda y tenía bajo su control tanto los ingresos como los egresos, llegó un momento en que Díaz Ordaz le tuvo desconfianza, porque consideró que el poder económico que ese funcionario había acumulado le había cercenado poder al Presidente. La destitución de Ortiz Mena en agosto de 1970 dio lugar a una reacción contra lo que había ocurrido y es la explicación del giro que en la administración económica dieron primero Echeverría y luego López Portillo.

Yo considero que la función del Presidente es escuchar puntos de vista distintos y entender el juego de la personalidad y el poder. Debe ser él quien defina la solución y, por eso, la responsabilidad de todas las grandes decisiones, así como de todas las grandes culpas, recae en él. Sin embargo, no le corresponde al Presidente vigilar los detalles o la instrumentación de las decisiones.

Finalmente, el desarrollo económico también está influenciado por los climas de opinión pública. Digo climas porque son muchos: el de la prensa sólo es uno; los otros los obtengo por la vía de entrevistas y por las opiniones que me llegan por medio de diversas personas.

Claro que el problema es siempre ponderarlos. Tengo que evaluar quién me está informando, si lo está haciendo de buena fe o con segunda intención y, en todo caso, si tiene las fuentes adecuadas de información. También tengo que estar consciente de que hay áreas extrovertidas, pero que tienen poco peso y, en otros casos, grupos que tienen poca posibilidad de expresión, pero cuyo peso es fundamental. Así que necesito una observación y una ponderación permanentes. Este trabajo nunca acaba.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.