Partido Revolucionario Institucional: XII Asamblea

"MES: AGOSTO"

LA PREPARACIÓN DE LA XII ASAMBLEA NACIONAL DEL PRI, efectuada en la Ciudad de México los días 23, 24 y 25 de agosto, logró movilizar, en el curso de cinco meses, a 12 millones de priistas en 38 000 asambleas. Este conjunto de reuniones distritales, municipales y estatales, iniciadas desde abril, animó a las bases priistas y dotó a la acción partidista de un ritmo que, para agosto, ya había alcanzado un ambiente de clímax.

Por eso decidimos realizar la Asamblea Nacional del partido a finales de agosto. Posponerla hubiese implicado correr el riesgo de perder el ambiente de expectativa y efusión que se había generado, lo que en mi opinión era absurdo, pues no comparto con nuestros tradicionalistas políticos —que por cierto son muchos— el tabú de que agosto, en espera del informe presidencial, debe ser el mes del silencio.

Lo importante era demostrar que hemos sacado el partido a flote. Mil novecientos ochenta y tres fue un año de elecciones y, sin embargo, no limitamos nuestro esfuerzo a ganarlas, sino que trabajamos para darle vida al partido, para infundirle un sentido de continuidad y permanencia.

Por ello, tal vez el aspecto más renovador de la XII Asamblea Nacional fue el trabajo preparatorio que para ella se realizó, faceta poco valorizada por los partidos de oposición o por la opinión pública intelectualizada. Sin embargo, el hecho de que en la asamblea se utilizara un nuevo lenguaje caracterizado por la autocrítica, en el que el concepto de renovación se empleó con toda naturalidad, implica que ya había permeado hasta las bases la necesidad de realizar un cambio. El nuevo lenguaje revela ya el primer paso en la búsqueda por modificar ciertas conductas partidistas, y pone en evidencia la importancia de las reuniones que precedieron a la asamblea.

El planteamiento sobre la necesidad de renovar el partido comenzó durante mi campaña presidencial. Sin embargo, de manera más concreta, el proceso de renovación tomó impulso a partir del LV aniversario del partido, en marzo de 1983. Ahí se planteó la necesidad de reconocer los problemas como método para bus- car su solución.

Se señaló desde entonces con toda claridad que el problema central del PRI es el de la selección adecuada de candidatos a puestos de elección popular. Es importante apuntar que al llegar la XII Asamblea Nacional, esto estaba ya en boca de todos, tanto priistas como opositores.

La oportunidad de modificar conductas arraigadas en los mandos priistas se da por la coyuntura política que tenemos que enfrentar. Las elecciones de 1983 demostraron que el PRI se encuentra en una situación sin precedente, diametralmente opuesta a la época en que la sola acción del gobierno sumaba votos al partido. El año pasado, el desprestigio de los gobiernos anteriores restó votos al PRI y fortaleció al Partido Acción Nacional.

La conciencia de las dificultades que debemos enfrentar en las elecciones de 1985 sirvió de acicate a la acción partidista y favoreció una disposición para el cambio. Todo ello fue lo que creó el ambiente de expectativa en torno a la XII Asamblea Nacional.

En su preparación, serví de guía y di orientación, pero no trabajé los documentos al detalle con los dirigentes partidistas. No tenía sentido que lo hiciera, aun cuando los documentos pudieran mejorarse, porque son ellos mismos quienes, a su manera, los tienen que ir elaborando. Los documentos del partido tienen que reflejar a quienes deben acatarlos.

Ideológicamente, el PRI no requiere grandes novedades. Su esquema en este terreno, que es el mismo desde la época de Cárdenas, se forma a partir del proyecto histórico de la Revolución mexicana que sigue vigente. Las adecuaciones que desde entonces se le han hecho no son de fondo. Ávila Camacho eliminó el sector militar, y más recientemente se introdujeron al partido elementos tecnocráticos para realizar labores de planeación. Todo ello sin alterar el esquema cardenista.

La XII Asamblea se propuso actualizar la Declaración de Principios y el Programa de Acción, pero sin hacer ningún cambio radical. Más bien se trató de modernizar el lenguaje, aunque naturalmente conservando cierta pimienta demagógica, a fin de matizar conceptos desligados de la realidad actual.

Así, se le bajó el tono a la noción de lucha de clases, pues contradice nuestro llamado permanente a la armonía social. Se cambió la definición de que el PRI es un partido de los trabajadores para señalar que lo es de los mexicanos comprometidos con la doctrina de la Revolución mexicana, la cual se define. De esta forma, el partido se presenta como de todos.

Se intentó eliminar referencias a que el partido pide la nacionalización de las industrias farmacéutica y alimentaria, pues es un hecho que yo no las voy a llevar a cabo. Pero los asesores de don Fidel, Romo y sus secuaces, saltaron, negándose a bajar banderas que les han aportado nuevas clientelas.

En fin, se modernizó el lenguaje del partido, al introducir en sus documentos las siete tesis que surgieron durante mi campaña electoral. Ahora lo que conviene, con las elecciones de 1985 a la vista, es sistematizar los puntos de enfrentamiento con la oposición, a fin de darles respuestas contundentes.

Los estatutos se modificaron para dar cabida a un Consejo Consultivo del CEN formado por cinco personas: los dirigentes de cada uno de los tres sectores del partido y los líderes de los diputados y los senadores. Se hizo en atención a la solicitud que el sector obrero había hecho, desde mediados de abril, para reducir el CEN a fin de permitir la participación de los tres sectores en la toma de decisiones.

Por otro lado, se formó una Comisión de Honor y Justicia para sancionar políticamente a los miembros del partido que se desentiendan de sus compromisos, y para reconocer a quienes destaquen, por su vocación y convicción, en su quehacer político.

Pero la renovación del partido no está en la modificación de sus estatutos, sino en la voluntad de hacerlos cumplir. El partido tiene una organización formal adecuada. El problema está en que los comités municipales y seccionales, que son su base de organización, sólo existen de membrete. Lo original es tratar de crear los 40 000 comités seccionales que supuestamente existen, esto es, fortalecer la estructura horizontal del partido, que ha estado muy descuidada y a la que corresponde trabajar durante las elecciones. La meta de renovación en este terreno es ardua, pues consiste en hacer que el partido funcione de acuerdo con lo establecido.

El otro aspecto importante de mencionar, pues muchos creyeron que implicaría cambios estatutarios, es el de la selección de los candidatos priistas. Esto no fue así, porque hacer cambios orientados a realizar elecciones de tipo primario hubiera creado problemas serios en ciertas áreas. Por lo menos sería el caso en las grandes ciudades o en el nivel estatal, donde dejarle un juego libre a las fuerzas políticas dentro del PRI podría producir una confrontación violenta entre ellas.

La imposición de elecciones primarias significaría un cambio total en la estructura del partido. Por el momento, tuvimos que limitarnos a aprobar la consulta directa mediante el voto secreto sólo para los candidatos a presidentes municipales de los municipios pequeños, conservando la forma de convenciones, con representación de los sectores, en los municipios grandes.

Considero que podremos evitar que sean nombrados como candidatos del partido los amigos, los parientes y los choferes de los “influyentes”. El hecho de que se actúe para que la selección se haga con criterio y objetividad puede ser, en sí mismo, un avance importante.

Debemos estar conscientes de que en todos los partidos de todos los países hay cedazos, hay procesos de selección. No podemos caer en ideas románticas al respecto. Tenemos que entender que nuestro partido tiene una realidad operativa en la cual la gran mayoría de sus miembros, sobre todo quienes gozan de poder, no están dispuestos a aceptar modificaciones tajantes.

Resulta satisfactorio ver que los líderes de los sectores han declarado que en el momento actual lo más importante para el PRI es seleccionar buenos candidatos, esto es, candidatos que cuenten con auténtica militancia priista y con integridad personal. Ello es útil, pues significa que ésos son los argumentos que ellos esgrimirán, como primer filtro, para seleccionar a los candidatos de sus sectores. Asimismo, nos da la oportunidad, cuando el caso lo requiera, de objetar su selección apoyándonos en sus propias palabras.

La Asamblea removió también expectativas en favor y en contra de la permanencia de Adolfo Lugo Verduzco como dirigente del partido. Hay incluso quienes se cuestionaron si la coyuntura política favorecía una mayor autonomía relativa del presidente del partido respecto al Presidente de la República.

Este planteamiento, como parte de otros que buscan disminuir la fuerza del presidencialismo en México, no corresponden a la realidad de lo que está ocurriendo. La crisis ha hecho que las instituciones políticas se cuelguen del Presidente de la República. De hecho, la sociedad está pidiendo más presidencialismo o, cuando menos, de cierto tipo de presidencialismo.

La posible modificación de los estatutos para dotar de una mayor independencia formal al presidente del partido no cambia la realidad, ni tampoco garantiza una mayor independencia del partido en años posteriores, pues dentro de nuestras instituciones no hay norma que esté a prueba de las personas. Además, no tenemos en el partido el precedente histórico de un liderazgo fuerte, por lo que no sabemos qué alteraciones provocaría en nuestro sistema político.

Los presidentes del partido se han limitado a cumplir la función de intermediarios entre el Presidente de la República y el gran aparato partidista. Así, el presidente del partido negocia políticamente con los líderes de los sectores, que tienen su propia dinámica y presentan demandas políticas que tenemos que atender, y con la estructura horizontal del partido, compuesta por los dirigentes priistas en los niveles estatal y local. Con el diálogo cruzado que logre, atendiendo las demandas tanto de la estructura vertical como de la horizontal, hará las combinaciones requeridas para presentar o enfrentar a los gobernadores con las opciones de candidatos a puestos de elección popular.

Para realizar este trabajo cuenta, en todo momento, con la guía y el apoyo del Presidente de la República. Por ello creo que Adolfo Lugo Verduzco, quien es una persona cercana a mí, puede continuar realizando un buen trabajo.

En términos más amplios, lo que yo quiero hacer es volver al juego ortodoxo del PRI, que consiste en dejar las elecciones de presidentes municipales y de diputados locales, en primera instancia, en manos del gobernador, quien tiene que atender a los intereses y a la realidad política de cada localidad para tratar de seleccionar a los candidatos que efectivamente respondan a las fuerzas políticas del lugar. Para escoger candidatos también requerirá una negociación con los diferentes sectores del partido. Así, el gobernador es el ponente de las ternas, después de recibir las peticiones de los sectores y de percibir la realidad del Estado en el nivel local.

Habiendo hecho el gobernador su composición, se la presenta al Comité Ejecutivo Nacional, el cual la sanciona o modifica, y Gobernación monitorea el proceso, de manera que se forme un diálogo entre el gobernador, el Comité Ejecutivo Nacional del partido y la Secretaría de Gobernación.

Yo no intervengo en este proceso, solamente me mantienen informado y, desde luego, estoy listo por si entre ellos no se arreglan. Tampoco intervengo en la selección de funcionarios priistas de nivel estatal; eso es producto de un diálogo entre el gobernador, el PRI estatal y las fuerzas locales.

Lo que estoy tratando de hacer es dejar que el aparato opere. No manejo al partido muy en corto. Al contrario, dejo que realice su propio proceso político. Mi papel será diferente en el caso de las gubernaturas y las diputaciones federales.

Lo más importante para el PRI en el momento actual es que se reavive, que trabaje con más energía. El éxito dependerá de que se ejecuten las ideas contenidas en nuestro lenguaje de renovación.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.