"Mayo negro"

"MES: JUNIO"

Si mayo fue un mes difícil, junio no fue mejor. En mayo nos enfrentamos a un conjunto lamentable de hechos aislados: la incursión guatemalteca en nuestra frontera sur, con un saldo de seis muertos en el campamento de refugiados de El Chupadero; el bombazo contra Palacio Nacional durante el desfile del Día del Trabajo, que intranquilizó a muchos por lo que pudo haber ocurrido, porque hizo deslucir la importancia del desfile obrero y por las declaraciones que yo mismo hice atribuyendo el incidente a fuerzas extrañas; la interpretación distorsionada de mi viaje a los Estados Unidos, que fue entendido como un enfrentamiento y, por tanto, un reconocimientos del supuesto asedio estadounidense a nuestra política exterior; las calumnias de Jack Anderson, que fueron magnificadas en importancia y contribuyeron a fortalecer el temor a la CIA, vulnerando de paso mi prestigio público; el regateo propio de cualquier negociación salarial, que algunos periodistas presentaron como un castigo salarial para los trabajadores y un castigo político para sus líderes. Esto en el terreno político.

En el terreno económico, al alza de las tasas de interés en Estados Unidos se sumó un pánico cambiario que llegó a generar presión especulativa contra el peso y la solicitud de devaluación por parte de algunos empresarios.

Estos eventos cristalizaron en la opinión pública el 30 de mayo, fecha en que fue acribillado el periodista más leído de México, Manuel Buendía.

Esta tragedia fue interpretada por todos, sin mayor cuestionamiento, como un hecho político. Los directores y el personal de los periódicos lo calificaron como un atentado al periodismo nacional y a la libertad de expresión. Los periodistas asumieron que su integridad física y moral estaba en peligro e hicieron cundir una sensación de temor e incertidumbre ante el futuro.

Al día siguiente del asesinato, un grupo conocido de periodistas formó un comité para vigilar que se llevara a cabo el esclarecimiento pleno del asunto. El primero de junio, la CTM demandó la expulsión del país de los agentes de la CIA y la aplicación rigurosa de la ley a los terroristas de ultraderecha, a los que atribuyó el asesinato de Buendía como parte de una estrategia para desestabilizar al país.

Pronto surgieron todo tipo de versiones que conectaban perniciosamente la infortunada coincidencia de hechos negativos ocurridos en mayo. Ya avanzado junio se acuñó el término "mayo negro".

Aun sin determinar el origen de la conjura, la enumeración secuencial de los hechos, en los que unos se presentaban como antecedentes de otros, cargó el ambiente de inquietud y desconcierto. En el fondo, estos planteamientos estaban orientados a descubrir, en la incursión de soldados guatemaltecos, el alza de las tasas de interés internacionales, el discurso con el que me recibió Reagan en Washington y los artículos de Jack Anderson, una presión abierta y efectiva del gobierno norteamericano para vulnerar nuestra política centroamericana.

El incidente del primero de mayo y los roces propios de toda negociación salarial, así como la presión especulativa interna contra el peso, fueron ligados entre sí para demostrar un supuesto forcejeo entre el gobierno y los trabajadores y el gobierno y los empresarios, y con ello el "fracaso" de la política económica y de la capacidad del gobierno de generar consenso.

Era evidente que los promotores de esas críticas, y seguramente en alguna medida sus clientelas, estaban esperando un acto de fuerza de mi parte, algo que milagrosamente sacara a la opinión pública de ese ambiente catastrofista. Sin embargo, yo siempre tuve claro que una acción aparatosa en ese momento sería artificial y, por tanto, efímera. Sabía que no había salida milagrosa ni acción fácil.

El único camino posible consistía en ir absorbiendo los problemas que, aunque aparecieron en un mismo periodo, tenían origen y desarrollos independientes. Había que esperar a que la opinión pública se serenara y a que operara el instinto de conservación social, de manera que al no agravarse las cosas pudiera asimilarse lo ocurrido.

En un análisis más objetivo, se puede decir que el malestar empezó desde que iniciaron su ascenso, en marzo, las tasas de interés internacionales. Al elevarse éstas, creció también la expectativa de que la inflación fuera mayor. Es cierto que en materia económica, si no nos cuidamos, retrocedemos.

Por otra parte, en abril influyó desfavorablemente el hecho de que hayamos tenido que subir el precio de la gasolina, que afectó al consumo popular e hizo que creciera la insatisfacción de las clases medias y populares.

En ese contexto, los acontecimientos de mayo sirvieron para subrayar el ambiente de insatisfacción ya existente.

La inquietud obrera tampoco es un fenómeno que pueda circunscribirse al mes de mayo. El cuestionamiento que el Congreso del Trabajo hizo a la política económica del gobierno y la respuesta tajante que tuvimos que darle ocurrieron en junio. Éste fue un episodio más en una relación necesariamente difícil en la etapa de austeridad que atravesamos.

Los fenómenos externos obedecen a sus propias causas. Nuestras dificultades con Guatemala persisten. El problema de los refugiados puede agravarse. La presión sobre nuestra frontera sur aumentará en la medida en que se agrave el conflicto centroamericano.

La verdad es que no existe una auténtica voluntad de diálogo entre Estados Unidos y Nicaragua. Vemos que Shultz va a Managua y que días después el Senado norteamericano autoriza fondos para apoyar a los "contras". Vemos también cómo los nicaragüenses, molestos por esto, deciden ir a ver a sus amigos soviéticos.

Las calumnias de Jack Anderson seguramente vienen como respuesta de gente que no está contenta con nuestra política exterior, particularmente con nuestra política hacia Centroamérica. Ahora, en qué nivel del aparato norteamericano se está manejando esta presión, es algo que ignoro. Desconozco si son elementos medios o superiores del aparato gubernamental norteamericano quienes están empujando a Anderson. En todo caso, el problema no es temporal ni puede resolverse con una medida determinada.

Respecto a Buendía, existe ahora la duda de que haya sido un profesional quien lo asesinó. La forma en que lo mataron, el lugar y la hora llevan a la policía a sostener la hipótesis de que seguramente fue un resentido por una ofensa directa. Sus argumentos suenan lógicos. La policía señala que un asesino profesional siempre tira a la cabeza, en tanto que Buendía recibió tres balazos en el cuerpo; que un profesional tira desde una distancia mayor de la que se le disparó a Buendía, pues ello implica menor riesgo de ser visto o detenido; que busca un lugar más aislado y no un estacionamiento a las seis y media de la tarde o, en todo caso, usa silenciador.

En fin, con esta nueva hipótesis parece difícil que pueda hallarse al asesino de Buendía, pues el panorama sobre las posibilidades de quién pudo haberlo asesinado se abre aún más. La ofensa directa que supone la policía pudo haber sido de tipo político, ideológico, religioso o privado. Por ahora, ya se han hecho exámenes exhaustivos de sus columnas para conocer a sus enemigos. Entre ellos se encuentran la CIA, los petroleros, el Opus Dei, los "tecos";* en fin, son tantos grupos y tantas posibilidades, que no veo fácil que la policía pueda encontrar al culpable.**

Así que los problemas que mayo destapó seguían presentes en junio, pero ahora con la carga de tensión e incertidumbre que la prensa les añadió. Ésta, durante todo el mes, estuvo picando crestas, subrayando lo negativo, tratando de dar lugar a pleitos entre funcionarios. De hecho, la prensa se convirtió en junio en un problema en sí misma.

Mi posición, en todo momento, fue la de guardar prudencia. Me resultaba claro que una sobrerreacción ante los hechos nos podría llevar a callejones sin salida. Una respuesta global o en todos los frentes al mismo tiempo sólo hubiera servido para radicalizar conductas y, con ello, efectivamente convertir un conjunto lamentable de hechos aislados en el principio de una ruptura del consenso.

Los problemas hay que resolverlos uno por uno. Tenemos que ir sorteando la insatisfacción y las presiones de cada sector de la sociedad, para después hilvanar soluciones posibles. Lo primero que hay que reconocer es que existen segmentos de opinión. Sus diferencias dependen del grado de penetración de ciertos factores en la conciencia de cada grupo.

Desde luego, el ambiente de la Ciudad de México es mucho más negativo que el del resto del país. En el Distrito Federal todo es crítica e incertidumbre, en tanto que en otros lados he encontrado una solidaridad básica con el gobierno. En muchos foros y de diversa manera he recogido el mensaje de diferentes grupos que preguntan: "¿Qué podemos hacer para apoyar al gobierno?".

* Los "tecos" son un grupo estudiantil de extrema derecha, en Guadalajara [N. del E.]. ** Al ver que no progresaban las pesquisas, nombré como procurador especial, con el consentimiento del grupo de amigos de Manuel Buendía, al licenciado Miguel Ángel García Domínguez, a fin de que se dedicara exclusivamente a la investigación de su asesinato. Se dotó a dicha Procuraduría Especial con amplitud de recursos humanos, materiales y financieros.

Infortunadamente, las tareas del licenciado García Domínguez no lograron que las investigaciones fueran conclusivas durante mi gobierno. Sin embargo, sirvieron de base para que seis meses después se localizara al autor intelectual del crimen. Éste resultó ser el licenciado José Antonio Zorrilla Pérez, quien fungía, en el momento del crimen, como titular de la Dirección Federal de Seguridad. Al parecer, Zorrilla Pérez había observado que las investigaciones que realizaba Buendía sobre el narcotráfico lo estaban alcanzando. Zorrilla Pérez fue sujeto de juicio y, a la fecha de publicación de este libro, permanece en la cárcel.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.