Situación económica: recapitulación y perspectivas

"MES: JUNIO"

El realismo económico no deja margen de maniobra y hace que el saneamiento económico tenga costos sociales severos. La dureza de las medidas genera dudas y temores, sobre todo porque se cruzan en el tiempo decisiones inaplazables y a menudo contradictorias que destacan nuestra coyuntura crítica.

Lo ocurrido el 6 de junio es un claro ejemplo de ello. Ese mismo día, el Diario Oficial publicó el acuerdo de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos que determinó en 20.2% el aumento de los salarios mínimos, y la Secofi anunció un incremento de 26% en el precio de la tortilla y de 50% en el del pan.

La simultaneidad de estas medidas, que habían sido negociadas en forma con- junta con los trabajadores, dio pie a muchos periodistas para criticar la política económica del gobierno. Los líderes obreros no resistieron la tentación y se unieron a las voces de reclamo. Esto ocurrió en un ambiente de por sí dubitativo sobre la viabilidad de nuestra política económica.

Quienes orientaron sus críticas a destacar una incongruencia entre la política de salarios y la de precios y tarifas volvieron a sacar a la luz su censura con motivo del alza de la gasolina ocurrida el 13 de abril. En realidad, desde entonces se hicieron evidentes las dudas de muchos sobre la capacidad del gobierno para controlar la inflación.

El aumento en el precio de la gasolina tuvo un efecto más psicológico que real, pues en abril el índice de inflación fue de 4.5%, ligeramente inferior al de marzo.

La toma de decisiones relativa a precios y tarifas es difícil. Hay, aun dentro del gabinete económico, quienes quisieran que subiéramos menos los precios. Ello implicaría bajar el gasto público, lo que en mi opinión es inadecuado en la coyuntura actual, tanto en términos económicos como políticos. Se necesita de la obra pública como soporte del Programa Inmediato de Reordenación Económica; si bajáramos el gasto, aumentaría el desempleo.

No podemos contener los precios; tenemos que continuar con la estrategia gradual de ajuste, manteniendo una política realista frente a la inflación. Es difícil, pues obliga al gabinete económico a trabajar a contracorriente y a enfrentar el desgaste que ello implica.

En términos externos, las decisiones sobre precios y tarifas también son difíciles, pues hay que estar conscientes de que se tiene que atender a una doble clientela. Subir los precios es, para la mayoría de la gente, una fuente de desánimo y desaliento, pues ellos sólo saben trabajar y consumir, y son pocos los que pueden ahorrar. La misma medida, para aquellos que tienen que decidir si invierten o no, si compran bonos, si aumentan su capacidad productiva o si traen dinero de los Estados Unidos, alienta sus expectativas de superación de la crisis, porque les demuestra que el gobierno se está apegando a la política económica que ha propuesto.

Si bien nuestra política de precios provocó reacciones distintas, lo que indiscutiblemente afectó de manera negativa el ánimo de todos fue el alza en las tasas de interés norteamericanas. La primera en más de seis meses ocurrió el 19 de marzo, la segunda fue el 9 de abril, la tercera el 8 de mayo y la cuarta el 25 de junio. Cada una de ellas significó un incremento de medio punto, lo que para nosotros representa una erogación adicional, en cada ocasión, de aproximadamente 350 millones de dólares anuales.

Además de afectar nuestro presupuesto, las crecientes tasas internacionales frenaron la tendencia bajista de las tasas de interés nacionales, lo que nos impidió abatir el costo de la deuda interna. Ello significó un aumento imprevisto en las cargas presupuestales por deuda interna y, por tanto, un menor margen de maniobra en el gasto federal. Además, desalentó a la iniciativa privada.

Ante esta situación, en el mes de mayo, los presidentes de Argentina, Brasil, México y Colombia condenamos el ascenso inmoderado de las tasas de interés internacionales. Adicionalmente, se formuló una solicitud latinoamericana a los mandatarios de las naciones industrializadas que se reunieron en Londres a mediados de junio, para establecer un diálogo Norte-Sur sobre el problema de la deuda externa del área.

El problema aquí es explicar a la opinión pública lo que se puede hacer y lo que no se puede hacer, pues existe un peligro en la forma en que se está manejando la conciencia sobre la deuda externa. El hecho de que mucha gente hasta ahora desconocedora del problema haya tomado conciencia de él, nos pone también en una situación delicada.

La información que se difunde no valora el logro que significa que en abril hayamos suscrito un crédito a 10 años, en el que participaron cerca de 500 bancos, por un monto de 3 800 millones de dólares. El alargamiento de los vencimientos del pago de la deuda ha sido opacado por el alza de las tasas de interés, que se atribuye a la política económica norteamericana. El ambiente se ha calentado de tal manera que muchos quisieran que el gobierno tomara una actitud revanchista y que se negara a pagar lo que debemos.

Por otra parte, la jugada de Argentina, al rehusarse el 11 de junio a aceptar, como condición necesaria para recibir un préstamo, el programa de austeridad propuesto por el Fondo Monetario Internacional provocó un sismo en el mundo financiero internacional e infundió ánimo a quienes proponen la formación de un club de deudores. La respuesta de Alfonsín, que yo entendí como una maniobra de simulación, hizo que el tema de la deuda externa se ubicara más en el terreno político que en el de la negociación real.

El efecto para nosotros fue inmediato. El PSUM, el PST, el PRT, el PPS y la CTM solicitaron que México declarara unilateralmente la moratoria de sus pagos al exterior, y que convocara a los demás países deudores a secundar la moción. El ambiente para ese tipo de proposiciones era particularmente propicio en los días anteriores a la reunión de Cartagena, esto es, la reunión de cancilleres y ministros responsables del área financiera de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, México, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela, que tuvo lugar en Cartagena de Indias, Colombia, los días 21 y 22 de junio.

Nuestras acciones, orientadas a presionar a los países acreedores a reconsiderar su enfoque sobre la deuda, jamás plantearon la posibilidad de una moratoria o la conveniencia de formar un club de deudores. Nos negamos a considerar actitudes simplistas, o a echar buscapiés, como lo ha hecho Argentina. Estoy convencido de que nosotros no podemos jugar con fuego, pues nuestra vulnerabilidad es muy grande. No podemos retar a todo el mundo financiero internacional, ni declarar una guerra económica a los Estados Unidos, pues tenemos que considerar lo que podría ocurrir si hubiera algo de verdad en la hipótesis de que esa nación promovió alguno de los acontecimientos de mayo pasado.

Sin embargo, el hecho de que algunos países latinoamericanos aparentemente sostengan una postura desafiante, hizo que algunos grupos cuestionaran la solidaridad de México con América Latina. Por ello Silva Herzog y Sepúlveda, antes de salir a Cartagena, tuvieron que reiterar que México no rompería la unidad latinoamericana.

El problema de la deuda externa y del alza de las tasas de interés tiene muchas facetas. Mientras que los grupos de izquierda reaccionan de una manera, otros grupos sociales responden a los mismos hechos en forma muy diferente.

Para las clases medias, siempre temerosas de una devaluación que minimice sus ahorros, el alza de los precios y las tasas de interés significa un incentivo para comprar dólares. Por eso, en el curso de mayo y junio se sintió una demanda exagerada de divisas en las ventanillas bancarias. Hubo escasez en la mayoría de los bancos, con largas colas para comprar los 500 dólares permitidos.

Sin embargo, no hubo entonces una verdadera fuga de capitales. Lo que hubo fue, fundamentalmente, malestar entre las clases medias y escándalo entre los periodistas. Estos últimos, y sobre todo aquellos que se consideran de izquierda, insistieron en que la inflación se encontraba fuera de control. Dieron rienda suelta a su espíritu alarmista y presentaron como inminente “la venta masiva de empresas paraestatales a la iniciativa privada”, asunto desatado desde principios de abril a raíz de una información periodística que señalaba a hombres de negocios encabezados por Emilio Azcárraga Milmo como compradores interesados.

Otro elemento que se utilizó como caja de Pandora para criticar la política económica actual fue una entrevista concedida el 29 de mayo por Antonio Ortiz Mena a Excélsior. Al reaccionar contra Ortiz Mena, muchos criticaron la política económica que restringe el gasto público.

Estas críticas contrastan con los elogios que en círculos internacionales se hicieron al programa de ajuste económico seguido por México. Ello demuestra que el avance es entendido de acuerdo con las expectativas o con los prejuicios de quien juzga. Sobre los prejuicios no podemos hacer nada, pero sobre las expectativas sí.

En este terreno, la expectativa más importante es la que se refiere al nivel de inflación anual. Nosotros fijamos a principios de año la meta de reducir el ritmo de la inflación a 40%. Fue una cifra ambiciosa y lo sabíamos desde el principio, pero yo creo que en un programa económico, la cifra de control de la inflación debe ser ambiciosa, mientras que la de crecimiento debe ser modesta. Tenemos que decir que la inflación será baja, aunque después tengamos que explicar por qué no se cumplió el objetivo. Desde hace varios meses tengo la expectativa de que la inflación anual sea de 50 o 55%, pero si lo reconozco, es probable que ésta suba. En este terreno, las expectativas cuentan tanto como la realidad.

Todavía no tengo una explicación integral de por qué ha subido la inflación, ya que en ella convergen un conjunto de factores. Mi imposibilidad de precisar la causa se debe, en buena medida, a que Hacienda y la SPP me han presentado cifras diferentes sobre la cuenta corriente, esto es, sobre el monto del déficit. Ya están trabajando para cotejar información y cerrar las cifras.

De cualquier forma, el déficit no se va a disparar. Yo he aceptado que fluctúe entre 5.5 y 6.5% del PIB, esto es, hasta un punto más de lo ofrecido, porque la reserva presupuestal de contingencia, precisamente equivalente a 1% del PIB, que pensaba utilizar a mediados de año para reactivar la economía, fue absorbida por el alza de las tasas de interés internacionales.

Creo que en estas circunstancias 6.5% no es tan malo, aunque hará más difícil el proceso de reordenación económica. Lo que sí cabe reconocer es que las reducciones en el gasto público sólo han sido podas superficiales y no han alcanzado los niveles estructurales. Habrá que meterse a fondo y revisar programa por programa para poder determinar cortes sustantivos.

Por otro lado, ya hay signos de recuperación económica. Éstos se dan por ramas. Así, la producción agrícola presenta perspectivas halagüeñas. Se perfilan cosechas récord de trigo y ha aumentado la producción de maíz, frijol y arroz. La producción de azúcar puede ser la más alta de la historia.

En el sector industrial, cifras preliminares para el mes de mayo nos indican que la producción es 7.2% mayor que en diciembre de 1983. El sector eléctrico observa una tasa de crecimiento de 6.8% respecto a finales de 1983. La industria manufacturera ha vuelto a crecer, después de haber disminuido 8.1% durante el año pasado. Su nivel de producción a junio fue 6.5% mayor que el registrado en diciembre de 1983.

Aun en la construcción, el sector más afectado por la crisis, se presenta ya una recuperación. A este mes, su tasa de crecimiento fue de 6.8% respecto a diciembre. El turismo, que tuvo un crecimiento de 25% en 1983, sigue aumentando.

Espero que los signos de recuperación que se observan en la mayoría de los sectores productivos se consoliden durante el resto del año, de tal manera que no sólo evitemos la continuación de la caída en la actividad económica, sino que volvamos a crecer, aunque sea a un ritmo modesto.

Lo más alentador es que se ha evitado el crecimiento del desempleo abierto. Un signo promisorio es el número de asegurados permanentes del Seguro Social, que de mediados del año pasado a mediados de éste ha crecido en más de 5 por ciento.

Por otro lado, ya no hay tanto problema de financiamiento en las empresas. No ha habido quiebras o despidos masivos. En general, la iniciativa privada tiene otra actitud a partir de principios de marzo, cuando pusimos a la venta las acciones de las empresas industriales, comerciales y de servicios propiedad de la banca nacionalizada.

Los empresarios creyeron que no les iba a cumplir en ese terreno. La medida contribuyó a que se recuperaran del desánimo que les provocó lo que ellos sintieron como un proceso excesivamente lento. Sin embargo, hay que reconocer que la nacionalización de la banca amargó a algunos, dejándoles una sensación de vulnerabilidad frente a los caprichos del poder.

Con la venta de las empresas de los bancos, el 9 de marzo cambió notablemente la actitud del grupo de Espinosa Yglesias y de Banamex. Ha cambiado el ánimo general de los empresarios. Cuando me visitan, ya no me hablan del intervencionismo de Estado, como lo hicieron todavía en abril, cuando se discutió el Programa Nacional de Fomento Industrial y Comercio Exterior. Entonces los empresarios se quejaron de que si antes faltaba planeación, ahora ésta era excesiva.

Su bandera actual es la crítica a la burocratización, al reglamentismo, a la lentitud de los trámites y a una supuesta paralización debido al temor a la Contraloría. Hay mucho de cierto en lo que dicen y por ello vamos a actuar. Les he pedido que puntualicen sus quejas, que me digan dónde está el problema y en qué aspectos concretos se centra. Les he pedido que me hagan proposiciones específicas.

Se quejaron, por ejemplo, de que el sistema tributario está descapitalizando a las empresas, pues las tasas fiscales son muy altas, dado que su base no ha sido revisada. Hablaron de porcentajes de depreciación y de tarifas. Yo ya le pedí al secretario de Hacienda que hiciera una revisión a fondo del sistema tributario.

Por otra parte, me piden que en la intermediación financiera no bancaria no participe el Estado, pues quieren sacarle la vuelta a la nacionalización de la banca. Obviamente yo voy a ver hasta dónde podemos ceder y hasta dónde es excesivo lo que solicitan.

Para dar respuesta a sus planteamientos, voy a poner en marcha el programa de simplificación administrativa en todas las dependencias del Ejecutivo, con calendarios concretos. Además, voy a promover que los particulares actúen como grupos de presión, por medio de comisiones mixtas con las entidades públicas. En lo que refiere a la parálisis por el temor a la Contraloría, creo que hay algo de cierto, pero también creo que es un pretexto.

Finalmente, un aspecto central del proceso económico es el tipo de cambio. Existe la duda manifiesta por parte de algunos grupos sobre la suficiencia de un desliz de 13 centavos diarios en la relación del peso con el dólar. La respuesta es que hasta ahora ha sido suficiente. La reserva monetaria sigue aumentando como resultado de la relación entre importaciones y exportaciones. Hay que estar pendientes para ver si éste es un elemento de juicio suficiente o no, pero la captación bancaria es positiva, lo que demuestra que hemos sido capaces de hacer que la banca nacionalizada funcione con eficiencia, revirtiendo la desintermediación financiera que había sufrido el sistema en los dos últimos años.

Las importaciones no se han disparado y las exportaciones no petroleras han crecido 50% respecto al año pasado, alentando nuestros esfuerzos por promover el comercio exterior que, por lo pronto, ya beneficiaron a las compañías acereras.

Por otro lado, la fuga de capitales no es apreciable y el ingreso de divisas es más sustantivo, aunque estoy seguro de que existe evasión al control de cambios. Sobre ello habrá que tomar medidas, aunque no sean dramáticas.

En fin, con sus grandes complicaciones y riesgos, el Programa Inmediato de Reordenación Económica está funcionando.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.