Contadora: estancamiento de las negociaciones

"MES: ABRIL"

Varios hechos me llevaron, precisamente en los días anteriores a mi viaje a Estados Unidos y Canadá, a revisar a fondo la pertinencia de las gestiones del Grupo Contadora. Esta tarea, de por sí difícil, se veía presionada por mi urgencia por definir cómo tratar el asunto centroamericano frente a Reagan. Entre los factores que tomé en consideración, estuvo la posición de los Estados Unidos, que si bien apoyan verbalmente lo que propone Contadora, continúan sosteniendo a los "contras". Supuestamente, éstos son exiliados nicaragüenses a quienes la CIA comenzó a armar y a preparar en Honduras en 1981, a fin de interceptar el flujo de armas que el gobierno nicaragüense enviaba a los rebeldes de El Salvador, pero de hecho se han orientado a buscar el derrocamiento del gobierno sandinista.

Hoy día los "contras", que empezaron siendo 2 000, cuentan con una fuerza de aproximadamente 14 000 hombres y han pasado de los ataques eventuales a una estrategia organizada para destruir la economía nicaragüense a base de interrumpir carreteras, volar estaciones eléctricas y asaltar convoyes del gobierno. La novedad en este proceso consiste en que, desde principios de 1984, los "contras" minaron los puertos nicaragüenses, lo que dañó a buques de diversas banderas.

Mientras esto ocurre, en Estados Unidos hay una gran división entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo sobre lo que se debe hacer en Centroamérica, pero el hecho es que se sigue imponiendo la posición del Presidente norteamericano, quien busca acabar con el gobierno sandinista por medio de la violencia. Para Reagan, ésa es la única forma de terminar con el peligro de la expansión comunista en Centroamérica.

Honduras, El Salvador y Costa Rica, por su parte, siguen fielmente la posición norteamericana. Guatemala, sorprendentemente, se ha mostrado más prudente, más sensata.

Nicaragua también dice estar a favor del proyecto de paz propuesto por el Grupo Contadora, pero en realidad no da muestras de tener el ánimo de realizar una negociación a fondo. Los nicaragüenses dicen que están dispuestos a dialogar, pero que los Estados Unidos no les permiten un acercamiento.

De hecho, el acercamiento de los nicaragüenses es con los soviéticos y con los cubanos, de quienes reciben apoyo militar. Mientras ellos viajen del brazo de Fidel Castro a Moscú y continúen apoyando la guerrilla en El Salvador, la situación de Centroamérica no tiene solución.

El proceso de Contadora, como señaló Sepúlveda por instrucciones mías en la reunión de cancilleres de Contadora que tuvo lugar entre el 29 de abril y el primero de mayo en Panamá, no sólo está estancado, sino que está demeritándose. Tal afirmación fue nuestra respuesta ante la declaración conjunta que el 25 de abril habían hecho Honduras, Costa Rica y El Salvador, en la cual se proponían buscar una solución política a la crisis que vive Centroamérica. Sepúlveda les hizo ver que la formación de subgrupos dentro del área boicotea la influencia de Contadora, esfuerzo que, por otra parte, si consideran parcial e ineficaz, sería mejor suspender.

En esa ocasión, México puntualizó que sin una voluntad política clara de las partes, capaz de traducirse en acciones específicas para lograr la paz, no se podía avanzar, por lo que resultaría mejor suspender las actividades del Grupo Contadora. Colombia sostuvo la misma posición.

Ante la amenaza de acabar con Contadora, los cancilleres centroamericanos se asustaron e insistieron en que la labor debía continuar. Nicaragua y Costa Rica, que estaban enfrentados por el supuesto apoyo que el grupo antisandinista Alianza Democrática Revolucionaria recibe en Costa Rica, suspendieron hostilidades y pidieron la intervención de Contadora para resolver pacíficamente sus diferencias.

En Estados Unidos, la Cámara de Representantes aprobó por unanimidad, el 8 de mayo, una resolución de apoyo a los acuerdos que resulten de las gestiones de paz del Grupo Contadora. Pero las declaraciones eran insuficientes para considerar que habría un cambio. La capacidad de Contadora para lograr resultados concretos seguirá preocupándome.

Mis dudas sobre su viabilidad crecieron al notar un decaimiento en el ánimo de los presidentes de Colombia y Venezuela. Para ellos, la autoridad moral de Contadora peligra en tanto los sandinistas continúen ayudando a la guerrilla salvadoreña. De hecho, Venezuela comenzó a comportarse de manera escurridiza y Panamá, que es un país inestable, puede variar de posición repentinamente. Así que la unidad misma del grupo se puede romper.

De acabarse las gestiones de Contadora, México seguiría sosteniendo sus principios de política internacional. En la práctica, sólo nos quedaría la posibilidad de rasgarnos las vestiduras frente a la violación del principio de no intervención. Hasta ahora, Contadora ha servido a México, pues le ha permitido compartir sus posturas internacionales, y ha logrado aplazar el riesgo de una guerra regional en América Central.

Contadora ha servido también para entablar un mecanismo de diálogo entre países que antes no se hablaban y ha precisado un esquema de pacificación. Además, está trabajando en diversos grupos técnicos para proponer fórmulas normativas, proyectos de acuerdos, de convenios y de tratados para lograr la paz y, sobre ella, un esfuerzo de cooperación para el desarrollo económico y social de los pueblos de América Central.

De cualquier forma, el 4 de mayo, cuando vino el enviado especial de los Estados Unidos para Centroamérica, Harry Shlaudeman, le transmití mis dudas sobre el proceso, y le hice ver que estaba revisando a fondo la oportunidad de Contadora. Comenté que si no se podía lograr un avance razonable en la pacificación del área, tal vez lo mejor sería suspender sus actividades.

Shlaudeman se limitó a tomar nota y reiteró que los Estados Unidos apoyaban la moción de paz propuesta por el Grupo y que su función, en concreto, consistía en apoyarla para que tuviera éxito. Sin embargo, en esa misma entrevista, me entregó una carta del presidente Reagan en la que imputaba a los sandinistas todos los problemas de Centroamérica.

A Nicaragua, Cuba y la Unión Soviética también les dije, con todas sus palabras, que Contadora estaba perdiendo razón de ser. Finalmente, filtré la idea en las entrevistas de prensa que concedí antes de viajar a Canadá y los Estados Unidos.

La verdad es que por esos días sentí que nos encontrábamos en un callejón sin salida. Mi información directa de lo que realmente está ocurriendo en Centroamérica es insuficiente. Me informan los embajadores militares que tenemos en Guatemala y Honduras, así como nuestros agregados militares en Guatemala, Costa Rica y Panamá. Naturalmente, los militares son pronorteamericanos y anticomunistas. Por ello, pondero su información con la que me entrega Relaciones Exteriores, que usualmente tiene un matiz antinorteamericano.

Sin embargo, saber lo que realmente ocurre es casi imposible, pues los nicaragüenses me aseguran que sus relaciones con los guerrilleros salvadoreños se han atenuado, en tanto que los Estados Unidos afirman que han aumentado, y que los nicaragüenses avisan por radio a los rebeldes salvadoreños lo que va a ocurrir, y les brindan apoyo de todo tipo.

En mi opinión, los nicaragüenses continúan apoyando a los guerrilleros salvadoreños, pero en menor escala. Además, creo que guardan esta acción como la última carta de negociación con los Estados Unidos. Por otro lado, creo que Cuba sigue apoyando, por todos los medios posibles, la expansión de la guerrilla comunista.

Ahora bien, hay quienes opinan, como los norteamericanos, que lo que hay que hacer es golpear en definitiva a los sandinistas, para evitar que se siga extendiendo la guerrilla comunista en Centroamérica. Otros, como yo, pensamos que acabar con los sandinistas sólo serviría para dispersar a los guerrilleros por todo el continente americano, aumentando así las posibilidades de conflicto en otros países.

Lo que sí debe quedar claro es que para que haya un arreglo serio, los compromisos tienen que ser serios. Mi apoyo al gobierno sandinista se basa en la suposición de que éste dejaría de molestar a sus vecinos. Si esto no es así, el problema no tiene solución.

Por ello, yo creo que la solución depende de una negociación política entre Estados Unidos y Nicaragua, lo que no es fácil, pues en ambos países hay elementos muy radicales.

Así que Contadora está en el peor de los mundos: no tiene facultad de decisión ni atribuciones jurisdiccionales, solamente es una instancia conciliadora, y conciliar tiene sus límites, sobre todo cuando las partes involucradas no tienen voluntad de arreglarse.

Decidí planteárselo así a Reagan, haciéndole ver que si los norteamericanos no toman acciones efectivas, es mejor suspender lo de Contadora. Llegué a esta conclusión, pues estoy consciente de que si Contadora no logra algo específico, algunos pueden llegar a acusarnos de sólo haber servido de parapeto a las acciones norteamericanas, mientras otros podrán pensar que nos prestamos para encubrir las acciones nicaragüenses.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.