Relación con los ex presidentes

"MES: FEBRERO"

El 16 de febrero desayuné con José López Portillo. Éste fue el último episodio de una situación embarazosa para todos: el pleito entre los ex presidentes. Mis dificultades con ellos se hicieron evidentes desde el viernes 16 de diciembre, cuando el Centro de Estudios Económicos y Sociales del Tercer Mundo, del cual es director el ex Presidente de la República Luis Echeverría, cerró sus puertas e indemnizó a la mayoría de su personal. El hecho fue provocado por la suspensión de la partida económica que el gobierno federal asignaba a ese organismo.

La versión oficial de por qué se le retiró el subsidio federal al Centro es que los programas de ese centro de estudios no son prioritarios y que, en un momento como el actual, en que hay escasez de recursos, es necesario retirarle el subsidio, al igual que se hizo con otras entidades similares.

Pero en el fondo, la medida fue para frenar al licenciado Echeverría, quien estaba desarrollando una actividad que no se justificaba. El hecho significativo es que quería utilizar el Centro para tratar de impulsar su interpretación particular del pensamiento de izquierda. Además, había estado haciendo una serie de declaraciones, en una de las cuales me calificó de "ingenuo", por no estar de acuerdo con el populismo.

Yo consideré que esto no era adecuado y le di instrucciones al secretario de Gobernación de que platicara con él y le hiciera ver que mi gobierno no iba a aceptar su activismo. El argumento que él dio fue que sólo estaba siguiendo su ideología nacionalista y que no se detendría en su lucha contra el imperialismo. Agregó que estaba dispuesto a continuar, aun a costa de su propia vida y, en fin, le recetó a Bartlett todas sus teorías sobre el Tercer Mundo.

El secretario de Gobernación, a quien yo le había dado instrucciones de que fuera muy suave en la forma, le contestó después de escucharlo que no podía aceptar la argumentación que le estaba dando, sobre todo si venía de un ex secretario del mismo ramo, pues bien sabía él que sus acciones, en el fondo, significaban una actividad política. Le dijo que el gobierno no podía permitir que en materia de política exterior él lanzara una voz propia, diferente de la oficial y en competencia con ella.

Bartlett agregó que le estaba haciendo el juego a la Unión Soviética, pues su aceptación de la vicepresidencia del Consejo Mundial de la Paz no podía interpretarse de otra manera, ya que él no podía ignorar que ese país es el que financia y controla a dicho organismo; que su presidente, el señor Chandra, de la India, no es otra cosa que un empleado de los soviéticos y que todo eso era un garlito.

El licenciado Echeverría respondió que la situación del organismo está cambiando, pero se le escapó decir: "Aun cuando le retiren el subsidio al Centro de Estudios del Tercer Mundo, seguiré actuando como lo estoy haciendo". Así que él mismo nos dio la fórmula para detenerlo.

Cuando se soltó el rumor de que se le retiraría el subsidio al Centro, Echeverría le pidió una cita a Carlos Salinas. Cuando éste le confirmó lo que iba a ocurrir, el licenciado Echeverría le preguntó si podía conseguirle una cita conmigo. Habló sobre la posibilidad de que: "Al hablar con el Presidente, éste reconsidere su posición". Salinas le respondió que la decisión estaba tomada y que no era susceptible de revisión, por lo que era mejor que no pidiera una cita, pues podría darse una situación penosa para él.

Así las cosas, el asunto se destapó en el Congreso de la Unión, donde el PSUM, el PPS y el PST defendieron a Echeverría. Ya revoqué el acuerdo de 1976 mediante el cual funcionaba el subsidio. En este acuerdo, por cierto, se estipulaba que el presupuesto del Ceestem debería aumentarse anualmente 15%, lo que hice religiosamente el primer año.

Echeverría pidió la liquidación de los trabajadores del Ceestem, y yo decidí concederla, porque creo que al enemigo que huye, hay que tenderle puente de plata. El hecho es que había 250 comisionados de la Secretaría de Educación, a los que se les pagaba sobresueldo con el subsidio de 200 millones de pesos. Así que en realidad el subsidio anual era de alrededor de 500 millones de pesos. El licenciado Echeverría participó en la liquidación del personal para evitar problemas.

Sé que este asunto no va a terminar aquí, pues Echeverría quiere que el Centro siga funcionando, aunque él tenga que financiarlo personalmente.

Por otro lado, estoy investigando si el Ceestem tiene propiedades en forma directa o por interpósita persona. Sé que hay unos ranchos en Tabasco y en Chiapas, una casa en Guanajuato y ciertas instalaciones en Nayarit. El inmueble de San Jerónimo es propiedad de Echeverría, y durante el tiempo de funcionamiento del Ceestem, él estuvo cobrando renta por su utilización. Él se reservó la propiedad del inmueble por si el Ceestem se liquidaba.

Así que Echeverría seguirá actuando, pero ahora lo hará, cuando menos, sin fondos federales. Es un hombre que, mientras viva, será muy inquieto: está obsesionado con defender su prestigio ante la historia. Por eso le dictó a Luis Suárez el libro Echeverría en el régimen de López Portillo. El enfoque central del libro consiste en condenar a su sucesor, lo que me pareció lamentable.

Los adelantos de su libro, promocionados en artículos en Excélsior y Siempre! los días 18 y 25 de enero, respectivamente, provocaron que López Portillo publicara en El Universal, el 25 de enero, un telegrama que sólo decía: "¡¡¿¿Tú también, Luis??!!".

A partir de ese momento se exacerbó la opinión pública contra los ex presidentes. Su figura se demeritó, pues el pleito les restó prestigio y exhibió su falta de madurez y de responsabilidad nacional en momentos en que el país sufre grandes dificultades. Tal situación afectó negativamente al gobierno, al sistema y al partido, sobre todo porque ocurrió al tiempo que se hablaba del desgaste del sistema, del PRI y del desprestigio de la institución presidencial.

En este contexto, López Portillo tuvo el arranque de regresar repentinamente a México el 11 de febrero. Justificó el viaje con la excusa de que venía a ver los problemas administrativos de sus casas, pues parece que su mantenimiento implica gastos enormes, y que además había que saldar cuentas de arquitectos y proveedores.

El hecho es que, cuando llegó, me envió un recado en el que me mandaba saludar respetuosa y afectuosamente, deseándome éxito. Así que decidí invitarlo a desayunar a Los Pinos.

Llegó sereno, cordial. Me platicó lo que estaba haciendo y cómo estaba. Desde luego, me dio su interpretación del problema. Él entiende los ataques de que es objeto como parte de una maniobra de diversos grupos por demeritar al sistema por esa vía. La atribuye a los ex banqueros, a los líderes empresariales, a los Estados Unidos, es decir, a la derecha interna y externa que busca debilitar el sistema político mexicano. Dice que tiene información de que Echeverría es un factor en la campaña de desprestigio en su contra.

Desde su punto de vista, su antecesor está buscando su salvamento histórico con un rompimiento de eso que se ha dado en llamar "el docenato" o la "docena trágica", lo cual no es válido, pues cada uno tiene que hacerse responsable de lo que le corresponde.

Por otro lado, me confesó que el telegrama inspirado en la frase de Julio César "Tu quoque, Brutus?", fue un arrebato emotivo propio de la vena literaria que lo llevó a escribir Don Q. Yo le dije que había tratado de parar su publicación, pero que se me había escapado El Universal. También le hice ver que había hecho intentos por apaciguar, aunque no con mucho éxito, el ambiente de envenenamiento.

Me dijo que sabía de esos esfuerzos y, por tanto, dio muestra de no tener resentimiento conmigo. Sin embargo, advirtió que desde el momento en el que un Presidente llega con la bandera de la renovación moral, cede espacio al ataque por corrupción.

Yo le dije que estaba consciente de que se está atacando al sistema por diferentes circunstancias y que, en mi opinión, la única forma de defenderlo consiste en trabajar y resolver los problemas para sacar al país de la crisis económica. Añadí que sólo así se iría mitigando el desprestigio. Finalmente, le di mi punto de vista sobre su enfrentamiento con Echeverría, ubicando la culpa fundamentalmente en este último. En su caso, le dije, la gente lamentaba que se hubiera desbocado.

Estoy consciente de que en la medida en que la tensión entre López Portillo y yo disminuya, se reduce también la probabilidad de sus reacciones intempestivas.

Respecto a Echeverría, no tengo expectativas de controlarlo. Él tiene, como algunos dicen, un proyecto político: quiere hacer cosas que lo mantengan en la palestra. Va a reabrir el Ceestem, alimentándolo con recursos propios, que los tiene en abundancia, y con recursos internacionales.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.