Nueva tónica

"MES: DICIEMBRE"

El país está muy herido y al Presidente le corresponde funcionar como gozne de unión, tratando de apaciguar el encono entre las diferentes clases sociales. Mi tarea principal es política y consiste en crear un ambiente de confianza. Mi trabajo ha tenido que ser, desde el primer momento, hablar con distintos grupos, tranquilizarlos, activarlos. Para lograr esto, me pareció imperioso demostrar la fortaleza del gobierno. Por eso decidí actuar con firmeza desde el primer día de diciembre. El tono del mensaje de toma de posesión, en el que reconocí la gravedad de la crisis y propuse medidas concretas para enfrentarla, tendió a hacer sentir a la gente que había gobierno, que había capacidad de liderazgo y de toma de decisiones.

El Programa Inmediato de Reordenación Económica, que di a conocer ese día, plantea bajar el déficit público para reducir la inflación. No hay otro camino que ajustar los precios y las tarifas del sector público para acercarlos a su verdadero costo, disminuyendo con ello subsidios que distorsionan los patrones de consumo. Para proteger el empleo, el programa propone que, en el corto plazo, la reducción del gasto recaiga en los sectores menos intensivos en mano de obra. Asimismo, se inició ya un programa de emergencia para crear empleos temporales en el medio rural y en las zonas urbanas críticas. Las medidas para preservar la planta productiva son orientar el gasto público al apoyo de los productos nacionales sustitutos de importaciones, mantener un tipo de cambio realista y ayudar a las empresas a superar su crisis de liquidez, facilitándoles la reestructuración de su deuda externa.

* El PIB cayó 0.5%. Al final de 1982, el desempleo ascendió a 10%. La inflación fue de 98.9 por ciento [N. del E.].

Además, nuestro programa de ajuste contiene disposiciones explícitas para asegurar el abasto de bienes básicos a precios relativamente bajos, así como para conservar la proporción del gasto dedicada a la política social. Finalmente, el programa reconoce que si bien la economía mexicana enfrenta una situación grave que requiere acciones inmediatas, es igualmente necesario dar los primeros pasos para resolver los problemas estructurales.

En mi discurso de toma de posesión también delineé una serie de estrategias para mejorar la situación general. Éstas fueron la renovación moral de la sociedad; la formalización de la planeación del quehacer del gobierno en todos sus niveles; la sanción jurídica de la rectoría económica del Estado, para asentar la obligación gubernamental de promover el bienestar económico general y delimitar su papel en la economía; el fortalecimiento del federalismo, y la democratización.

Determiné con Silva Herzog cómo manejar el problema de la deuda externa que, a estas fechas, alcanza ya una cifra récord, superior a los 87 000 millones de dólares. Se trata de una de las deudas más grandes del mundo. Lo más apremiante es el monto anual que debe pagarse en las amortizaciones del principal y por concepto de intereses.*

Desde un comienzo decidí resolver el problema de la deuda por la vía de la negociación y no de la confrontación. Conjuré la amenaza de la suspensión de pagos que se vivió en los meses anteriores a mi toma de posesión, tan temida en el ambiente internacional, pues pondría en una situación crítica al sistema financiero mundial, en virtud del monto de la deuda mexicana. Otros grandes países deudores, como Argentina y Brasil, se encontraban a la expectativa del curso de acción que seguiría México. Se hablaba entonces de la posibilidad de una ruina del sistema financiero mundial de proporciones comparables a la vivida en la década de los treinta.

Volver la espalda a los compromisos internacionales del país hubiera significado aislarlo de la comunidad financiera internacional cuando más se la necesitaba, cortando de tajo sus disponibilidades crediticias en el futuro y con el riesgo adicional de represalias comerciales e incautaciones de activos nacionales en el extranjero por parte de algunos acreedores.

* La deuda llegó a 87 588 millones de dólares, equivalentes a 134 324 millones de dólares del año 2000. Ello representó 89% del PIB y 1 359% de las reservas internacionales del país ese año. El servicio de la deuda significó 54.6% de las exportaciones petroleras y 32.1% de los ingresos totales del país en cuenta corriente [N. del E.].

Tuve que actuar, decidir, proponer soluciones, porque así lo exige la situación, pero sin ignorar las dificultades que se avecinan. Presenté mi Programa Inmediato de Reordenación Económica sabiendo que no funciona en el corto plazo, porque la inflación se acerca peligrosamente a 100% y no es posible absorber la cantidad de circulante existente, que este año casi ha duplicado su monto total. Sé que la moderación de la inflación ocurrirá, en el mejor de los casos, en junio o julio. Mi meta ideal es bajarla a 60% en 1983. Es una meta difícil.
Me preocupa la situación económica del país, pues sus efectos serán duros para la población. Más concretamente, me intranquiliza la tensión social que mis medidas puedan generar. También me preocupa que la crisis económica me impida entrar a resolver los problemas de estructura. Ni modo, en una primera etapa tengo que limitarme a salvar el momento.

En este contexto, me orienté a reedificar la figura del Presidente de la República. La seriedad, austeridad, discreción y honestidad son virtudes demandadas en la Presidencia. Adolfo Ruiz Cortines las tuvo y, por ello, la primera ceremonia a la que asistí como Presidente fue la del noveno aniversario de su muerte. Además, la necesidad de mejorar la imagen del Presidente y del gobierno mexicano en el exterior me llevó a conceder varias entrevistas a corresponsales extranjeros.

Por otro lado, como creo que la imagen del Presidente está ligada a la de los funcionarios que lo rodean, el primer día de trabajo de mi gobierno me reuní con los miembros de mi gabinete para concientizarlos de la gravedad de la situación económica del país, tanto cuantitativa como cualitativamente. Les señalé las medidas de renovación moral que deberán regir a los funcionarios públicos. Enfaticé la necesidad de gobernar con el ejemplo, de resolver los problemas con las leyes y de mantener viva la consulta popular. Les dije que todo gasto de prensa y publicidad tiene que autorizarse y centralizarse en Gobernación, que no deseo declaraciones improvisadas a la prensa, que éstas fomentan contradicciones y dispendio, por lo que sólo deben ocurrir cuando haya una razón autorizada para ello.

Para funcionar, las reglas del juego necesitan ser aceptadas e impuestas por mis colaboradores directos. El equipo que integré es diferente de fondo y de forma de los que lo antecedieron. La composición de su equipo cercano denota el estilo del Presidente. Su acción depende del aliento que éste le dé. Luis Echeverría y José López Portillo formaron gabinetes dispares, por no mantener una coherencia en la visión de lo que se debía hacer. Debido a ello, no hubo consistencia en sus equipos. En el grupo de Echeverría había gente tan disímbola como Hugo Margáin y Horacio Flores de la Peña. En el equipo de López Portillo esto se acentuó, pues él cree en la dialéctica, esto es, en la necesidad de tener polos opuestos para escuchar opiniones encontradas y, entonces, derivar en el justo medio. A mí me parece que tal concepto termina por inhibir toda política. Yo tengo una visión clara de lo que debo hacer e invité a colaborar conmigo a quienes sé que comparten mis puntos de vista. El que mis colaboradores formen un grupo cerrado no me impide crear y mantener los conductos de comunicación necesarios con la opinión pública. Conozco las críticas de quienes sostienen una opinión diversa; muchas de ellas son interesadas.

En la primera semana de diciembre también me reuní con los gobernadores y con los miembros del PRI. Recibí su apoyo y ofrecí estar atento a sus actividades y planteamientos. Fueron reuniones separadas las que tuve con el Comité Ejecutivo Nacional del PRI, con el sector obrero, con el sector campesino, con el sector popular, con la diputación priista y con los miembros del Senado.

Por otro lado, acudí personalmente a la Suprema Corte de Justicia, a fin de reiterar mi respeto por la división de poderes y para hacer congruentes las reformas al Código Penal con la nueva Ley Federal de Responsabilidades de los Servidores Públicos, que estaba promoviendo ante el Congreso de la Unión.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.