Seguridad pública: remoción del jefe de la Policía Judicial Militar

"MES: FEBRERO"

EL 2 DE FEBRERO ME INFORMÓ BARTLETT que el ex presidente Luis Echeverría se había quejado de que su equipo de seguridad estaba siendo investigado por la Policía Judicial Militar. Esto me llevó a tomar una decisión que desde hacía algún tiempo venía arrastrando. Le pedí a Bartlett que hablara con el general Arévalo para que ese mismo día removiera de su cargo al jefe de la corporación policiaca en cuestión. El asunto era delicado, porque fue Arévalo quien lo nombró y lo protegía.

Yo había estado recibiendo informes, tanto de Gobernación como de la Procuraduría, de que la Policía Judicial Militar se estaba extralimitando en sus funciones: realizaba investigaciones políticas y andaba persiguiendo delitos del orden común. También sabía que habían creado un gran aparato para ello.

Por todo esto, ya traía yo el gusanito de que algo había que hacer al respecto. Este asunto de Echeverría me pareció que era la gota que derramaba el vaso. Yo no puedo permitir que se hagan investigaciones tan delicadas si no es por orden expresa mía. Así se lo manifesté a Arévalo, quien ese mismo día me pidió una cita fuera de agenda.

La capacidad de decisión de un gobernante se fortalece en la medida en que una maniobra delicada le sale bien. En este caso, me sentía fuerte anímicamente por el éxito reciente del acuerdo contra el contratismo, sin que se hubieran provocado reacciones violentas de parte del sindicato petrolero. Ello me ayudó a tomar esta decisión, y acentuó mi convencimiento de que el no tomarlas, arguyendo el riesgo de crear una conmoción, con frecuencia es sólo el reflejo del temor de hacer frente a decisiones delicadas. Cada vez que he determinado hacer aquello que a juicio de muchos alteraría el orden establecido en el país, me he topado con que no pasa nada. Las cosas salen bien en la medida en que estén fundamentadas en la razón. Por ello, la razón es la mejor de las armas para consolidar un poder no autoritario.

Estoy consciente de que si me equivoco, perderé poder. Por eso, si bien hay que tener el valor de tomar decisiones, también es indispensable asegurar que éstas sean razonables.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.