Pemex: combate al contratismo

"MES: ENERO"

El lunes 30 de enero, la Secretaría de Programación y Presupuesto acordó que en las obras públicas por administración directa no podrán participar terceros como contratistas bajo ninguna circunstancia, sean cuales fueren las condiciones particulares, la naturaleza jurídica o modalidades que éstos adopten, incluidos los sindicatos, asociaciones, sociedades civiles y demás organizaciones o instituciones similares.

Al día siguiente, el titular de la Contraloría General de la Federación exhortó a los responsables de las dependencias públicas a revisar sus programas de inversión para dar cumplimiento escrupuloso al acuerdo de la Secretaría de Programación y Presupuesto.

Con esta disposición culminó una de las maniobras más trascendentes que ha efectuado mi gobierno, pues aunque es una medida general, afectará directamente al sindicato petrolero, cuyo contrato colectivo estipulaba el derecho a contratar y subcontratar hasta 50% de las obras y servicios que realice Pemex, aun cuando a últimas fechas sólo habían usado 28% aproximadamente.

El fin de esta prebenda puede significar para el sindicato petrolero una merma de 20 000 o 30 000 millones de pesos anuales, sobre todo si se considera que estas contrataciones se hacen normalmente con un sobreprecio de 30% respecto a la competencia.

Desde mi campaña electoral pensé en la necesidad de acabar con el contratismo; me llevó más de un año lograrlo. El primer acto en este difícil trayecto fue la reforma al artículo 134 constitucional de diciembre de 1982. En ella se proponía la ampliación del principio de licitación pública abierta, esto es, de concursos abiertos para asegurar al Estado las mejores condiciones en sus adquisiciones, arrendamientos, enajenaciones, prestaciones de servicios y contratación de obras, y se determinó no dejar una discrecionalidad administrativa irrestricta en los casos en que el principio de licitación pudiera ser ineficaz. La Secretaría de Programación y Presupuesto es la encargada de la ejecución y de la interpretación administrativa de esta ley.

Tal modificación obedeció al hecho de que el antiguo texto era tan rígido que no se podía cumplir, lo que dio lugar a abusos de distinta naturaleza. El sindicato petrolero, por mencionar sólo el caso más destacado, logró que Pemex le adjudicara un porcentaje creciente de sus obras y servicios. Pero como el sindicato no contaba con las empresas necesarias para realizar dichos trabajos, de hecho se planteaba sólo como intermediario para dar o vender esos contratos a las llamadas "empresas amigas". Lo peor del sistema anterior es que dio lugar a sobreprecios extraordinarios.

La idea de acabar con el contratismo surgió durante mi campaña, pero no fue posible concebir desde entonces la estrategia ni la oportunidad. Esta última, que es determinante, se fue creando durante 1983. A ello contribuyeron los líderes petroleros con la denuncia de "El Trampas" y todos los episodios que le siguieron. Su desprestigio fue total y trascendió al ámbito internacional. Tal situación nos preparó el clima de opinión pública y nos presionó a actuar. No podíamos ignorar que hasta en revistas extranjeras se dijera que la renovación moral se paraba en el quicio del sindicato petrolero.

Tan pronto se destaparon los problemas del sindicato petrolero empecé a buscar la forma de combatir su corrupción. La batalla requería obrar en muchos frentes. Por ello decidimos actuar con cautela, pero cuidando de no caer en la tolerancia, como de hecho había ocurrido en el caso de Pemex desde la expropiación petrolera. Resultaba necesario acabar con esa tolerancia para no ser considerados cómplices.

Como la historia de los abusos sindicales en Pemex es muy larga, también lo es la lista de las áreas en que hay que apretar. Aparte del problema del contratismo, el contrato colectivo del sindicato les otorga ventajas totalmente injustificadas, como la que señala que todos los contratos personales que realice la empresa deben celebrarse con anuencia del sindicato, lo que da pie a la compra-venta de plazas y al abuso de empleados transitorios. Existen situaciones semejantes en el manejo de las prestaciones de vivienda y salud y, sobre todo, en el de las cuotas sindicales, que juntas suman miles de millones de pesos.

Mientras definía un plan de acción concreto, pedí a la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado, con base en una sección de la Ley Federal del Trabajo que es totalmente letra muerta, que rindiera adecuadamente cuentas de sus finanzas a sus agremiados, entregándole copia a la Secretaría del Trabajo. Pensé que tal vez esto llevara a las demás bases sindicales a presionar para que haya un poco más de transparencia y orden en las finanzas de los sindicatos.

Por otro lado, retocamos la Ley de Obras Públicas de 1983, para hacerle ciertas modificaciones aclaratorias. La Secretaría de Programación y Presupuesto coordinó este trabajo y, para ello, consultó a los sectores interesados, entre los que destacan las dependencias del Ejecutivo y particularmente Pemex. También se consultó a la Cámara Nacional de la Industria de la Construcción.

La suspicacia que en los líderes petroleros despertaron nuestros movimientos fue realmente menor. Conversaron con la Secretaría de Programación y Presupuesto sobre las modificaciones a la ley en cuestión, y "La Quina" me pidió los cambios que ellos sentían que podían afectarlos, como lo relativo a ciertas tareas de mantenimiento en las plantas. Evalué su petición y me di cuenta de que era bastante intrascendente, por lo que accedí, pues estaba seguro de que a pesar de ello la ley nos daba las bases suficientes para poner en orden al sindicato.

Ya en enero de 1984 tuve tres o cuatro reuniones para elaborar un plan de acción concreto. En el diseño y ejecución de la maniobra que realizamos a finales de ese mes, participaron las secretarías de Programación y Presupuesto, Gobernación, Trabajo y Contraloría, además de Pemex. Después, intervino también la de Defensa.

Todo estaba preparado para atacar por el lado del contratismo. Decidí actuar con rapidez, pues temí que si dejábamos correr más tiempo, el clima de opinión pública favorable pudiera desaparecer. Además, así dábamos curso a la medida en el primer mes de vigencia de la Ley de Obras Públicas.

Las reuniones sirvieron para madurar nuestro plan y prever sus efectos en los diferentes ámbitos. Se convino en no hacer la medida ad hoc para Pemex, sino darle carácter general. Por tanto, se vio qué problemas causaría en el terreno sindical y cuáles en el mismo sector público. Se previeron diversos escenarios de respuesta y nos preparamos para una posible reacción violenta de parte de los petroleros.

Se afinó el plan de protección a las instalaciones estratégicas, a fin de que, en caso de necesidad, el Ejército pudiera tomar posesión de todas las instalaciones petroleras. Se contempló también la posibilidad de que, en caso de violencia, la Procuraduría General de la República desahogara las denuncias contra Barragán Camacho y Hernández Galicia. Finalmente, se planeó la labor política que habría de realizarse ese día.

Cuando trabajaba en esto, recibí el 12 de enero a Joaquín Hernández Galicia. Lo hice porque debo recibir periódicamente a todos los líderes nacionales que me quieran ver. Debo estar en contacto con la clase dirigente, sean líderes obreros, campesinos, estudiantiles o empresariales. Necesito saber qué piensan, qué quieren, y tratar de llevar con ellos una relación de cordialidad. En este caso, precisamente porque estaba planeando medidas objetivas para hacer más eficiente y honesto el mundo petrolero, quería ver hasta dónde era posible llevar la fiesta en paz con el sindicato.

Hernández Galicia, por su parte, quisiera verme una vez al mes, o más si fuera posible. Tiene mucho interés en ganarme como amigo, en obtener mi confianza. Cuando finalmente me ve, repite constantemente frases como: "Tennos confianza, nosotros estamos contigo". Así que soy yo quien fija el ritmo de las entrevistas y lo que hemos de tratar. Cuando me platica, hay cosas que sólo oigo y otras a las que sí contesto.

En esta ocasión, "La Quina" me platicó de la vida sindical, particularmente de las elecciones recientes. Me dijo que habían ganado en Minatitlán, lo que es determinante, pues la próxima sucesión corresponde a la sección sur.

Hernández Galicia me enfatizó que, a fin de atemperar las cosas y cumplir lo que me había ofrecido, su gente en Salamanca había sido víctima pasiva de la violencia de sus opositores. Resulta que López Díaz, a quien ellos habían expulsado a raíz del suceso de la ruleta rusa, trató de recuperar su posición y durante la asamblea electoral los había agredido. Me trajo la grabación para comprobarme que sus seguidores se habían dejado golpear, no obstante lo cual habían impuesto a su candidato. En su opinión, la fuerza pública había cumplido su propósito de mantener la tranquilidad en los actos sindicales, particularmente los agentes de la Federal de Seguridad, ya que ni el gobernador de Guanajuato ni los funcionarios de Pemex habían sido muy entusiastas en su apoyo.

También me pidió más apoyo político para mejorar la imagen del sindicato, pues está preocupado por su desprestigio y quiere realizar una campaña publicitaria. Naturalmente, me reiteró su compromiso de sanear el sindicato.

Como el juego que él tiene es complejo, quiere hacerse de confianza platicando sus asuntos sindicales, para luego aprovechar esa confianza y ejercer influencia en otros temas. Ahora me criticó al secretario de Agricultura, a la Conasupo y a Mario Ramón Beteta. De este último, me dijo que había incrementado el personal de confianza y que estaba creando una superestructura burocrática innecesaria en Pemex.

Así que él anda sondeando para ver hasta dónde llega y nosotros también. Me ofreció tanto en privado como en público, la renovación moral del sindicato y yo decidí darle una ayudadita.

Por otro lado, el 9 de enero tuve una comida con Fidel Velázquez en la que hablamos de las vías y modalidades necesarias para realizar una labor de depuración en los sindicatos. Se tocó el tema del contratismo y don Fidel se mostró conforme con la medida para combatirlo, pues reconoce que existen abusos inconvenientes. Así que también cuidé que, en ese momento, mis relaciones con Fidel Velázquez fueran buenas, aunque él se queje de manipuleo gubernamental en el movimiento obrero.

La decisión de acabar con el contratismo fue trascendente y requirió mucho movimiento. El 30 de enero, Bartlett reunió en su oficina a los gobernadores de los estados petroleros. Cuando les informó lo que iba a ocurrir, no lo podían creer. Les pareció sorprendente que yo me animara a tomar una decisión de esa magnitud. En fin, servirá para que se den cuenta de lo que es capaz el gobierno.

Farell, por su parte, platicó con don Fidel, y Beteta, a su vez, lo hizo con Hernández Galicia.

No creo que nuestra disposición haya tomado por sorpresa a los petroleros, pues en esa conversación Hernández Galicia le dijo a Beteta: "¿Qué necesidad tenían ustedes de que el Ejército se preparara para tomar las instalaciones?", ante lo cual Beteta tuvo que fingir ignorancia.

Estábamos listos para actuar y ellos lo sabían, así que lo importante fue que no resultó necesario hacerlo. Los petroleros se quedaron quietos, y por eso considero que ésta es una de las maniobras que mejor me ha salido.

El 31 de enero, Salvador Barragán Camacho declaró que el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana acataba con beneplácito el contenido del acuerdo. Beteta respondió con unas palabras de agradecimiento. Sé que los petroleros tienen que estar planeando una estrategia de respuesta, pero nosotros estaremos listos. Además, el momento para la reacción violenta ya pasó.

La medida que tomamos es muy importante, no solamente por lo que representa para Pemex, sino también para otros sindicatos. Yo tenía conocimiento de que el Sindicato de Telefonistas iba a solicitar condiciones similares a las del sindicato petrolero.

La reacción popular ha sido muy positiva. Los legisladores del sector obrero opinaron que, de prosperar el acuerdo, México habría superado una de las etapas más corruptas de su historia, y calificaron la medida como saludable, porque dará transparencia al ejercicio presupuestal aprobado por el Congreso de la Unión.

Por su parte, la oposición juzgó la medida como buena. El PAN expresó que aun cuando es de carácter general, afectará especialmente a Pemex, que sin embargo deberá someterse a la nueva disposición, pues la Constitución está por encima de sus estatutos sindicales.

El problema del contratismo no está todavía solucionado. Habrá que ver en qué medida se ejecuta a fondo este acuerdo. El arranque fue muy limpio, pues las partes afectadas no tienen otra alternativa que ajustarse. La razón es una buena arma. En este caso, estuvo acompañada de un buen trabajo de equipo, tanto de diseño como de ejecución.

Tomar decisiones de esta magnitud, que según muchos pueden poner al país de cabeza, es un reto enorme. Sin embargo, cuando las cosas salen bien, me fortalecen anímicamente y me infunden energía para tomar otras medidas.

Por su parte, los líderes petroleros nos expresaron en conversaciones posteriores que ya esperaban la medida, y nos han pedido que también la apliquemos con rigor a los contratistas privados. Desde luego, ofrecimos hacerlo, pero estoy seguro de que ésa no será la única petición que me hagan los petroleros.

Además, un hecho posterior agravó la situación. El domingo 12 de febrero, en la columna periodística de Joaquín López Dóriga, apareció publicado un documento confidencial que Samuel del Villar me había presentado. El tema era, ni más ni menos, la necesidad y conveniencia de destruir el liderazgo de Hernández Galicia.

El documento es muy confidencial, pues en él se descubren no solamente una serie de proposiciones delicadas, sino también situaciones de hecho poco conocidas, como el que los petroleros aportaban dinero al SUTIN o al STUNAM, o las diferencias esenciales entre Alberto Miranda del SNTE y Hernández Galicia.

Cuando este documento salió a la luz pública, Samuel le dijo a Gamboa que seguramente las filtraciones venían de mi Secretaría Particular, y sólo después mencionó la posibilidad de que lo hubieran sustraído de su oficina o de su casa. Así que si esto afirma es porque algo tendrá en la conciencia.

Samuel se ha comportado de manera vehemente e imprudente en el medio petrolero y me está causando una estática grave. Su torpeza llega al extremo de haberle puesto al documento, como encabezado, "Para Miguel de la Madrid de Samuel del Villar".

Ese documento cayó en manos de López Dóriga porque se lo dieron los petroleros. Realmente me cuesta trabajo entender por qué lo hicieron, puesto que también merma su prestigio. Como son muy elementales, a veces no actúan de la manera que uno considera racional.

En todo caso, hay que aceptar que Hernández Galicia, por razones tácticas o tal vez como resultado de un delirio de persecución, piensa que tiene muchos enemigos y que los presidentes constantemente están realizando un balance entre el apoyo que él puede brindarles mediante el sindicato y el que pueden obtener de sus enemigos. Cree que sólo después de algún tiempo, después de intentar golpearlo, los presidentes se dan cuenta de su patriotismo y de la necesidad de su apoyo.

Por el momento, su principal enemigo es Jesús Reyes Heroles, a quien considera el genio del mal. También está contra Farell y, ahora, contra Salinas. Piensa que Salinas es un aliado de Reyes Heroles, y ahora dice que tiene intereses en empresas contratistas.

Así que empiezan las reacciones. Por lo pronto, el 17 de febrero ya hubo una reunión de petroleros en Veracruz, donde se habló de la necesidad de pedir preferencia en el contratismo. Criticaron a Reyes Heroles y a Pemex por la superestructura burocrática que ha creado, y dijeron que ya hay varios secretarios que se han acercado a ellos para pedirles apoyo en la sucesión presidencial de 1988.

Ellos necesariamente van a presionar para ver si recuperan algo. Será importante ver cómo se da el juego interno en Pemex, pues los líderes seccionales pueden apoyar o presionar a Hernández Galicia como resultado del acuerdo del 30 de enero.

El 28 de febrero recibí de nuevo a Joaquín Hernández Galicia. Esta visita no tuvo más objetivo que ratificar su posición: me hizo ver que no se opone ni se opondrá al acuerdo para evitar el contratismo. Señaló, sin embargo, que tal vez surjan problemas de aplicación en lo relativo a la conservación y el mantenimiento de las plantas petroleras, aunque no me especificó cuáles podrían ser.

Por otro lado, dijo que los petroleros se habían sentido agredidos por un discurso reciente del director de Pemex, en el que había dicho que no se permitiría el medro de ningún gremio. Yo le dije que Beteta me lo había informado, pero que era una interpretación equivocada de ellos, puesto que la referencia no era para ningún gremio en particular.

En general, ya no lo noté tan quejoso; se siente bien atendido por Gobernación.

Me pidió también que el gobierno acelere el proceso contra "El Trampas", y me informó que piensa seguir su lucha depuradora en el sindicato, lo que tal vez dé lugar a otras consignaciones.

Finalmente, comentó que, ante la situación existente entre el gobierno y el sindicato, hay políticos que buscan a los petroleros, pero que ellos no hacen caso de esos acercamientos, porque son muy institucionales. Yo le dije que efectivamente ése era el caso, por lo que no estaba preocupado, pues sabía que ellos entendían que su relación tenía que ser con quien fuera el Presidente de México.

Cuando él me platica estas cosas, no me dice quiénes los buscan. Su táctica consiste en tratar de impresionarme, y yo, claro, no me dejo: no le rasco al asunto, ni les pregunto detalles. Sé que de todos modos me voy a enterar.

Se trata, sin duda, de diputados, senadores y gobernadores que aprovechan la coyuntura para demostrarles su amistad, destacando que no comparten la actitud del gobierno respecto al sindicato. Lo hacen para ver qué sacan o, en última instancia, por pura "grilla", esto es, sin propósito ulterior y sólo por sentirse importantes. Por ejemplo, el gobernador de Tlaxcala, Tulio Hernández, quien ya me había informado que tenía buena relación con "La Quina" y Barragán, me comentó recientemente que los líderes petroleros lo habían invitado a la ceremonia del 18 de marzo. Sin embargo, planteó que no pensaba ir, porque tal vez su presencia podría ser malinterpretada. Mi respuesta consistió en decirle que así era, que seguramente se podría malinterpretar…

Por otro lado, alguien me dijo que Enrique Cárdenas González, ex gobernador de Tamaulipas, haciendo gala de su filiación, había llevado a los líderes petroleros con Echeverría.

En fin, por mi parte, me limité a insistirles a los líderes que mejoraran sus relaciones con Pemex y con los secretarios a los que tienen que tratar. Les dije que lo que yo deseaba era que mantuviéramos una relación digna y respetuosa.

Ahora bien, los posibles obstáculos que el acuerdo del 30 de enero pudiera encontrar aparecerán durante la negociación del contrato colectivo del sindicato petrolero. Parece ser que el sindicato va a pugnar porque Pemex realice obras por administración y no por contrato, lo que implicaría una contratación masiva de trabajadores y, por tanto, más fuerza para ellos. La inconveniencia de su postura es evidente, pero habrá que enfrentarla políticamente.

El sindicato siempre ha buscado concesiones y las ha logrado desde tiempos del presidente Miguel Alemán, cuando era director de Pemex Antonio J. Bermúdez. Fue entonces cuando la empresa requirió contratar compañías particulares para ejecutar determinadas obras, y como el sindicato argumentó que éstas eran materia de trabajo, Pemex le dio concesiones compensatorias, tales como un porcentaje del total contratado. Más tarde, le concedió la posibilidad de actuar como intermediario ante las compañías contratadas, lo que dio lugar a abusos impresionantes.

De cualquier forma, tenemos que entender que la lucha de todo sindicato se orienta a lograr una mayor afiliación y, por tanto, siempre tratará de obstaculizar que el patrón contrate trabajo por fuera.

Esta forma de lograr beneficios es diferente de la que se ha planteado en la Constitución para la consolidación del sector social. Esta última es una tendencia internacional que se desarrolla de manera bastante espectacular en Alemania, donde los sindicatos controlan, entre otras cosas, el sistema bancario. Pero allá, precisamente porque son alemanes, saben distinguir muy bien entre el manejo del sindicato y el de sus empresas filiales. Éstas trabajan de manera muy profesional: les contratan ejecutivos especiales y les forman sus consejos de administración como a cualquier otra empresa. Así que los sindicatos se vuelven empresarios. Este modelo llama la atención de nuestro movimiento obrero organizado, pero lo que pasa es que aquí no tiene todavía la madurez y la preparación para realizar algo parecido.

En el terreno legal está prohibido que el sindicato opere empresas directamente, pero desde luego no lo está el que tenga empresas filiales, como ha quedado claro en el nuevo texto constitucional. Lo difícil es que pueda organizarlas sin caer en los vicios que lo caracterizan, como el nepotismo y la corrupción, que hacen imposible mantener sanas sus empresas.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.