Imagen del gobierno ante la sociedad y ante mis colaboradores

"MES: ENERO"

EL MES DE ENERO SIEMPRE ES SECO, ABURRIDO. Además hay que enfrentar la cuesta de enero. Para sacudir ese ánimo pesado, característico del mes, programé varias reuniones de "arranque del año", a fin de dar directrices, orientaciones y animar a los grupos a que renueven su trabajo.

También es importante dejar sentir que el país camina. Ése fue el sentido del mensaje televisado que dirigí a la nación con motivo del Año Nuevo, así como de las reuniones que sostuve con todo el gabinete, con los gobernadores, con el sector campesino, con el popular y con el obrero.

La imagen que yo quise promover con el mensaje de Año Nuevo es la de un Presidente un tanto plano. Yo creo que la situación es tan delicada y que la gente recuerda tan claramente las imágenes de elocuencia y de prepotencia de mis predecesores, que lo que ahora quiere es algo diferente. No considero que en este momento deba yo buscar una imagen impactante: tengo que manejarme con un perfil mucho más moderado.

Por otro lado, precisamente el hecho de que los editoriales de finales de año hayan reconocido que he fortalecido mucho el poder de la Presidencia de la República, me inclina a pensar que puedo y debo evitar actitudes de prepotencia. El mejor camino es el de la sencillez, dando una imagen de sobriedad: eso es lo que quiere la gente. Por eso, ante las críticas que se me pudieran hacer en este sentido, yo diría que fue una imagen preparada para tal efecto. Ahora bien, debo reconocer que no me resultó satisfactoria la forma que tuvo este mensaje. No me gustaron la iluminación ni el manejo de las cámaras, y también tengo dudas sobre el escenario.

Las reuniones con el gabinete y con los gobernadores me sirven para recordar pautas que ya he fijado. En esas reuniones no he entrado en el fondo de los temas políticos; más bien he dado directrices de actuación. Entre ellas destacan la búsqueda de coherencia y cohesión, la necesidad de una mayor comunicación entre mis colaboradores cercanos y la renovación moral.

Con el gabinete quise también tener la atención de informarles sobre la política del gobierno, porque no quiero que las secretarías sean vistas como compartimentos estancos. Aproveché la reunión para ratificar un estilo de trabajo y pedirles que afianzaran y renovaran el dinamismo del gobierno, a fin de mantenernos así a la vanguardia de los acontecimientos y poder cumplir nuestros programas con hechos concretos.

Destaqué la necesidad de que las dependencias del Ejecutivo fortalezcan sus áreas jurídicas y amplíen su comunicación con las comisiones del Poder Legislativo, con el propósito de mejorar el procedimiento y la oportunidad para la preparación de las iniciativas de ley. Aclaré que en la mayoría de las ocasiones sería conveniente consultar opiniones y preparar el pensamiento y la actitud de los legisladores federales y, en algunos casos, de los gobernadores de los estados.

Asimismo, les pedí que ampliaran la comunicación de las dependencias del Ejecutivo con los sectores social y privado. Reiteré que la disciplina presupuestal es esencial para el cumplimiento de los objetivos que nos hemos fijado. Señalé que dentro del primer semestre deben quedar finiquitadas las etapas de diseño y publicación de programas, y enfaticé que el reto fundamental es su ejecución eficaz.

Comenté que debemos dar mayor difusión al esfuerzo que estamos haciendo para promover el desarrollo social. Pedí mayor coordinación para atender los asuntos del campo, dando prioridad al desarrollo del sector social. Finalmente, recomendé a todos dar apoyo a los programas de control en el crecimiento del gasto corriente, particularmente el burocrático, e implantar y perfeccionar la operación de los sistemas de control de gestión.

Estoy conforme con la manera en que se han desarrollado las cosas hasta ahora, aunque, claro, se pueden mejorar la comunicación y el trabajo en equipo, ya que es natural que en todo gobierno, dadas las diferentes competencias y los fines de política competitivos con instrumentos entrecruzados, surjan celos, piques. Incluso es posible que esto ocurra por razones institucionales, esto es, que se está tratando de destacar una área sobre otra.

No es posible, además, que todos los secretarios tengan la misma línea de pensamiento; lo que importa es que diriman sus diferencias en forma civilizada y serena. En términos generales creo que lo han logrado, pero la tarea de mantener cohesión en el equipo es algo que nunca termina.

La reunión con los miembros de mi gabinete me obliga a pensar en su composición, pues estoy consciente de que ello es una responsabilidad personal del Presidente. En un balance final, los errores que sobre la marcha se les atribuyan a los diferentes secretarios de Estado recaerán sobre mí, pues con el paso del tiempo todo será entendido como responsabilidad del Presidente.

En general, encuentro negativo para el país el movimiento de sus principales funcionarios. No es bueno moverlos mucho, porque esto repercute en todo el ambiente político. Los cambios llaman a más cambios y éstos empiezan no sólo a ser esperados, sino incluso promovidos por quienes están abajo. Sin embargo, si yo llegara a estar convencido de que algún secretario no está funcionando, lo puedo cambiar sin que ello genere un problema demasiado serio, pues es atribución del Presidente nombrarlos y removerlos libremente.

Mi actitud la percibe la gente. Como dijo Manuel Buendía en su artículo periodístico que hacía alusión al toreo: a diferencia de los presidentes anteriores que fueron de estilo sevillano, yo soy rondeño: más serio, más sobrio, con menos espectáculo.

La reunión con los gobernadores se da en un ambiente distinto que la del gabinete, pues con los secretarios de Estado existe una relación de mayor cercanía. Yo los nombré, además de que muchos de ellos me acompañaron en el transcurso de diferentes trabajos y en mi campaña electoral. Sus nombramientos obedecen no sólo a su capacidad, sino también a una relación personal de confianza que yo tengo en ellos.

Con los gobernadores la relación es distinta. Ellos sienten que tienen su propia base de poder, pues llegaron a sus puestos como resultado de procesos políticos electorales y, por ello, se sienten más autónomos. Además, son más mañosos.

Claro, los gobernadores se manifiestan y actúan con disciplina política, y tienen, definitivamente, una dependencia económica. Sin embargo, no cabe duda de que actúan frente a mí en forma más autónoma de lo que lo hacen los secretarios de Estado. En última instancia, el Presidente también puede remover a algún gobernador, pero yo me he resistido a pensar seriamente en hacerlo, porque sería regresar a etapas ya superadas y daría una muestra de prepotencia presidencial. Yo creo que el país necesita la estabilidad de sus instituciones, y que muchas veces lo que más refleja los cambios es inseguridad.

En mi reunión con los gobernadores, les pedí que pusieran especial atención en atender los aspectos sociales, particularmente en lo que se refiere a política de control de precios, políticas de abasto y políticas de fomento a la producción, con todo lo que ello significa, pues debemos entender que el combate a la inflación no debe darse solamente restringiendo la demanda, sino también incrementando la oferta.

En el orden político, propuse desarrollar nuevas modalidades en el ejercicio democrático del poder, cuidando el perfeccionamiento de los procedimientos electorales.

Por otro lado, insistí en la necesidad de dar prioridad al desarrollo de cuerpos de seguridad profesionales; sanear y hacer más eficientes la justicia laboral y la justicia agraria; atender la coordinación de la Federación y los estados en las políticas relativas al campo, y ratificar el proceso de descentralización de la vida nacional. Finalmente, insistí en la necesidad de reafirmar y practicar el principio de la renovación moral.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.