Recuento de 1983 y perspectivas para 1984

"MES: DICIEMBRE"

Ojalá que en 1984 podamos salir adelante tan bien como en 1983, aunque como me dijo el procurador el otro día: "Va a ser el tercer año consecutivo de jaqueca". Sin embargo, el año que termina nos ha enseñado que la crisis es llevadera; que por mucho que nos quejemos, no ocurrió aquello que realmente puede calificarse como crisis, como cuando visité Chile en 1974 y vi las calles vacías y colas en los mercados. Aquí todo mundo se queja de la crisis, pero los almacenes están llenos, los mercados, aunque con productos caros, están surtidos. No falta ningún alimento y la gente está saliendo de vacaciones. Claro, todos están más apretados —en especial la clase media, cuyo ahorro se ha demeritado— ya no pueden darse los lujos que se daban antes, pero no se les ha llegado a abrumar.

Lo que más me preocupa del año que pasó es la lentitud de las dependencias del Ejecutivo para actuar. No sé por qué es así, no sé si a algunos funcionarios les falta energía o carecen de entusiasmo, o si es que hay una burocracia excesiva que lo empantana todo. Hubo insuficiencias, falta de cumplimiento de programas, falta de entusiasmo en determinadas áreas.

Reconozco que el problema de las elecciones me dejó un mal sabor de boca. Creo que esto le pasa a todo aquél con una idea de democracia al estilo occidental, como yo la tengo. No considero realmente que si hubiéramos actuado de otra manera se hubiera perdido el poder; lo hubiésemos conservado, pero desgastado, y hoy estaríamos en una situación diferente. Así que hay que aceptar cosas desagradables en aras de objetivos de más largo plazo.

En 1984 tenemos dos riesgos esenciales: que la inflación continúe demeritando el nivel de ingreso, lo que puede generar protesta social y dificultad en la relación obrero-patronal y, por otro lado, que se agrave la recesión económica. Están además los imponderables de siempre: las lluvias, los precios del petróleo y las tasas de interés. Así que 1984 va a ser un año de riesgos.

También será año pastoso, aburridón, que no va a tener el encanto del primer año. Implica riesgos políticos, pues tendré que pagar las cuentas que debo. Los partidos de oposición están enojados; en realidad, están enojados conmigo todos aquellos que pretendieron ampliar su poder político y no lo pudieron hacer. Seguiré pagando, también, el haber mantenido la nacionalización bancaria. Voy a tener que pagar todo lo que no he concedido: salarios a los obreros, mayor obsecuencia con la iniciativa privada. Frente a eso, claro, está el hecho de que ya se ha visto que sí sé hacer política.

Yo he llegado a la conclusión de que la situación es tan difícil que el conflicto va a ser permanente, por lo que no debo desesperarme. El gobierno es, por naturaleza, el centro de los conflictos y mi chamba es enfrentarlos.

Por otro lado, creo que mi imagen es buena. Se me considera serio, trabajador, que le entro a los problemas y que éstos, pese a las grandes dificultades, se han empezado a superar. No hay entusiasmo ni glamour para mí, pero yo no podría aspirar a ello.

Será interesante ver qué pasa con el estado de ánimo de la gente. Me impresionó mucho lo que me dijo recientemente María de los Ángeles Moreno, subsecretaria de Programación y Presupuesto: "Ojalá la crisis dure bastantito, pues está cambiando el ánimo de la gente. Le está sacando cosas buenas a todo mundo". Será interesante ver qué ocurre si logramos controlar e incluso superar la crisis.

La actitud que tome la clase dirigente es fundamental, porque realmente es impresionante su capacidad para voltear la actitud nacional. Nosotros lo hemos conseguido en un año. Creo que una de las cosas más importantes que hemos logrado es que los mexicanos ya no se sientan tan desvalorizados. La forma en que estamos superando la crisis, y el modo en que esto es visto en el extranjero, empiezan a crear la sensación de que, finalmente, cuando queremos, podemos.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.