Negociaciones salariales: división en el movimiento obrero

"MES: DICIEMBRE"

El 29 de diciembre, la Comisión Nacional de Salarios Mínimos acordó que éstos aumentarían 30.4% a partir del próximo mes de enero. La determinación del monto implicó una negociación intensa y difícil. Fidel Velázquez, que tiene todos los años del mundo en esto, y por tanto más experiencia que varios de nosotros juntos, insistió inicialmente en que se diera un aumento de 50% que, según él, sería suficiente para todo el año. Pero, ¿quién podía garantizarnos que después no pediría más?

El 50% era inaceptable para nosotros, por el impacto que tendría sobre la economía. Nos echaría todo a perder. Nuestra insistencia en la moderación se debe a que sabemos que la situación actual de las empresas es muy dispareja. Muchas de ellas se verían en serios apuros si el salario mínimo subiera en forma abrupta, independientemente del problema inflacionario general. Por ello, la postura del secretario del Trabajo consistió en ofrecer, por el momento, entre 25 y 30%, aclarando su disposición a revisar los salarios en julio.

En el terreno público, los líderes obreros actuaron con más prudencia que a mediados de año, cuando decidieron destapar el problema salarial para demostrarnos su enojo, porque —pese a su oposición— aumentamos los precios de la leche y de la gasolina. Ahora, cuando menos, Fidel Velázquez no agitó a la opinión pública solicitando montos determinados; solamente habló de la necesidad de un salario constitucional.

Claro que tenemos que entender eso del salario constitucional dentro del marco de lo que nuestra economía puede dar, esto es, de la capacidad real de las empresas para otorgarlo. Si no fuera así, sería muy deseable pedir un salario mínimo similar al norteamericano o apoyarnos en cualquier otro parámetro que nos gustara.

Don Fidel es a veces difícil de entender. Presiona por un salario que sabe que destruiría nuestro programa económico y luego declara a la televisión, el día 19 de diciembre, que la política de austeridad del gobierno es acertada, que el desempleo se está controlando y, en fin, hace declaraciones que bien podría haber hecho yo.

Pero volviendo a las negociaciones, avanzó el mes de diciembre sin que se llegara a ningún acuerdo. Parecía que las circunstancias nos obligarían a tomar uno de dos caminos: o bien la Comisión Nacional de Salarios Mínimos decidía con dos votos a favor y uno en contra, esto es, con el apoyo empresarial y gubernamental y el veto del sector de los trabajadores; o bien se prolongaba la negociación cuanto fuese necesario. Ello significaba que no se lograría el arreglo, como tradicionalmente ocurre, en la semana anterior a la Navidad, y tal vez ni siquiera antes de fin de año.

Farell se inclinaba por la segunda opción, pues consideraba que el suspenso producido por la demora terminaría por voltear a la base trabajadora contra sus líderes, sobre todo si se llegaba hasta enero sin que hubiese un acuerdo. Yo, por el contrario, temía que una situación de suspenso prolongada diera la impresión de que la tensión era muy grande, lo que me inclinaba a que el problema se arreglara en el curso de diciembre, aunque fuera con el voto en contra de los obreros. Prefería, en todo caso, que se reconociera que el gobierno había inclinado la balanza en el sentido que consideraba conveniente.

Antes de Navidad, Fidel Velázquez nos dio la esperanza de que nos íbamos a arreglar. Sin embargo, en los días que le siguieron, la situación se volvió a complicar. Durante mis vacaciones de Navidad en Puerto Vallarta, tuve que estar pendiente y en contacto constante para ver cómo continuaba el proceso de la negociación salarial, lo que me impidió desconectarme mentalmente de los problemas, aunque de todos modos descansé, porque, claro, el ritmo de trabajo cambió mucho. El hecho es que hasta los últimos días de diciembre tuvimos que trabajar en este proceso.

El día 28, Fidel Velázquez nos dijo que el Congreso del Trabajo definitivamente no aceptaría que el aumento salarial fuera de sólo 30%; advirtió que el mínimo aceptable sería 40%. Farell le explicó que el monto propuesto no era un capricho del gobierno, sino pieza crucial de la política económica que estábamos siguiendo, para la cual los salarios son determinantes, y que el cálculo del presupuesto federal se había apoyado en la consideración de que los salarios aumentarían 30% en enero y 15% o 20% en julio.

Pese a toda la explicación, don Fidel insistió en que el Congreso del Trabajo, en forma unánime, había decidido no aceptar ninguna proposición inferior a 40%. Entonces Farell insinuó que algunas centrales parecían estar en disposición de aceptar 30%, pero don Fidel reiteró, de manera tajante, que había unanimidad absoluta en torno a la decisión de no aceptar un monto inferior a 40%. Añadió que el Congreso del Trabajo votaría en contra de la resolución de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos, en caso de que ésta acordara un monto inferior.

Estando así las cosas, Bartlett entró a la negociación, tal como se filtró en la prensa. Le dijo a don Fidel que el voto en contra de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos significaba una decisión muy seria desde el punto de vista político, ya que daría la apariencia de un rompimiento entre el gobierno y el movimiento obrero. Bartlett lo exhortó a considerar las consecuencias de un acto de esa naturaleza, y le dijo que, aunque difíciles de prever, desde luego tenderían a debilitar al movimiento obrero.

Don Fidel alegó la existencia de una gran tensión social, la necesidad de mantener la paz social y el temor de que si no se daba un aumento sustancial al salario mínimo, las bases podrían rebasar a sus dirigentes. Bartlett aceptó que los problemas existían, pero insistió en que si bien el rompimiento político con el movimiento obrero podría dañar al gobierno, perjudicaría más al movimiento obrero. Quedaron en que al día siguiente, el 29, se reunirían todos los representantes del Congreso del Trabajo con Farell y con Bartlett.

En esa reunión, se vio que no todas las organizaciones obreras estaban apoyando a Fidel Vélázquez, es decir que él había estado alardeando de su apoyo. La CROC, la CROM, la CRT y los mineros, que son quienes tienen representación en la Comisión Nacional de Salarios Mínimos, demostraron su solidaridad política con mi gobierno. Reconocieron que la intensidad de la crisis económica exigía el apoyo a las decisiones del Ejecutivo. Así que a Fidel Velázquez no le quedó otra alternativa que solidarizarse.

Tal desenlace explica que en los primeros días de enero los líderes de las diversas organizaciones laborales se hayan acusado mutuamente de traición, situación que debe entenderse como parte de un proceso de ajuste que no calificaría yo de crítico.

Lo ocurrido deja ver que, fuera de la CTM, las centrales están cansadas de que don Fidel se arrogue la representación de todos y se luzca con su poder conjunto. Hay que reconocer que muchos líderes le tienen celos y resentimiento. En el mediano plazo, eso podría profundizar un hecho que hoy ya es una realidad: don Fidel no es un líder absoluto. Existe, por la naturaleza misma de las organizaciones laborales, una pugna natural entre todas las centrales por la titularidad de los contratos colectivos. Los gobiernos anteriores al mío habían dado su apoyo a la CTM, manteniendo limitadas a las otras centrales. Nosotros, en cambio, las estamos ayudando a que se desarrollen con mayor independencia.

La pugna entre las centrales obreras fortalece al gobierno, dándole la posibilidad de tener mayores iniciativas ante el movimiento laboral. La realidad es plural y nosotros debemos actuar en consecuencia. Nuestra táctica, desde luego, consiste en no echarnos en los brazos únicos y exclusivos de don Fidel, pero esto no quiere decir que exista un plan para demeritarlo. Sólo buscamos un manejo hábil, lo que significa que el secretario del Trabajo tiene que manejarse en forma directa y con personalidad propia frente a cada una de las organizaciones laborales.

Finalmente, la relación del gobierno con diferentes centrales obreras es un buen ejercicio preventivo ante la perspectiva de la desaparición física de don Fidel. Nos está permitiendo aprender a lograr una mayor capacidad de persuasión entre distintos grupos.

El problema de fondo es que tenemos un liderato obrero viejo, anquilosado, en gran parte corrupto. Mientras el país fue progresando económicamente, el gobierno y el movimiento obrero realizaron un pacto de tolerancia bastante efectivo: a cambio de apoyo político, el gobierno no se metía para nada con los líderes o las bases, dejando que los dirigentes fueran hasta donde sus bases los aguantaran.

En la coyuntura actual, por el contrario, si dura mucho el demérito salarial, es indiscutible que la base trabajadora se va a intranquilizar y les va aguantar cada vez menos a sus líderes. Don Fidel está molesto y preocupado, porque siente intranquilidad en la base y teme que haya un movimiento de revisión de la relación base-líder, y la verdad es que no está preparado ni acostumbrado a ese tipo de actitudes.

Por otro lado, los líderes obreros están en una situación de desconcierto: no saben bien a bien cómo va su relación con el gobierno. También están intranquilos por la situación del sindicato petrolero, pues saben que los estamos apretando gradualmente. Éstas son señales para el movimiento obrero en general, como también lo es el hecho de que se tenga detenido en la Procuraduría General de la República el proceso contra Hernández Galicia y Barragán Camacho. Sin duda todo esto les preocupa. A mí me conviene la situación de incertidumbre y de angustia del movimiento obrero. Mi duda es hasta dónde puedo estirar la cuerda.

Concluyendo, habrá que aceptar que el triunfo que nos dio esta negociación salarial puede todavía tener costos ocultos. La forma en que se realizó abre la puerta a que pronto nos vuelvan a solicitar la revisión de los salarios mínimos. Tal vez lo hagan desde marzo. Ello dependerá de cómo vaya nuestra relación con el sector obrero, que hay que reconocer que no es estable. También influirá, naturalmente, la evolución de la situación económica.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.