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Miguel de la Madrid Hurtado
Cambio de rumbo
Miguel de la Madrid
 
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Miguel de la Madrid Hurtado nació el 12 de diciembre de 1934. Hijo del jurista Miguel de la Madrid Castro y de Alicia Hurtado Oldenbourg. Fue nieto del gobernador Enrique O. De la Madrid Brizuela y bisnieto del gobernador Miguel de la Madrid Guerrero. Un tío suyo, el médico militar Gerardo Hurtado, también fue un prominente político y gobernador de Colima. El padre del licenciado de la Madrid, Miguel de la Madrid Castro, destacó en su carrera de abogado por sentar jurisprudencia con relación a los litigios relacionados con los límites territoriales. También dedicó sus esfuerzos a defender a los pequeños propietarios rurales y fue uno de los fundadores del diario Ecos de la Costa. Miguel de la Madrid Castro gozaba de una carrera profesional y política en ascenso cuando, el 24 de febrero de 1937, fue asesinado violentamente. La madre del licenciado de la Madrid, Alicia Hurtado, era hija de un médico prestigiado cuya familia también pertenecía a una de las familias más queridas en Colima. Al momento de nacer su hija menor, de nombre también Alicia, justo un mes después de la muerte de su marido, la familia de la Madrid Hurtado se vio obligada a emigrar al Distrito Federal. Doña Alicia tomó esa decisión por razones de salud pero también para alejarse de la tragedia.

La familia de la Madrid Hurtado pasó años difíciles y de grandes sacrificios. Alicia Hurtado trabajó para una casa de huéspedes, luego montó una residencia para estudiantes donde vivieron muchos de los colimenses que emigraban a la capital para realizar sus estudios profesionales. A los pocos años, con infatigable esfuerzo y gracias a la ayuda de su tío Mariano de la Madrid, doña Alicia pudo construir un edificio de departamentos en la colonia Condesa cuyas rentas le permitieron sostener a la familia y pagar la educación de sus hijos. Los niños crecieron en el México de la postrevolución y se formaron bajo la vigilancia de una madre que fue capaz de superar las dificultades con temple y amor incondicional. Esos años marcaron de forma determinante el carácter de quien, años más tarde, se convertiría en el 59 presidente de México.

Miguel de la Madrid Hurtado realizó sus estudios primarios en el colegio Cristóbal Colón, donde conoció a muchos de quienes serían sus compañeros de ruta, como Adolfo Lugo Verduzco y Javier Wimer. Fue un estudiante ejemplar y sus actividades no sólo se remitían a lo estrictamente escolar. También participaba publicando artículos en el periódico del colegio, se ayudaba con los gastos trabajando como vigilante en el servicio de trasporte del Cristóbal Colón y solía concursar en certámenes de oratoria, donde siempre se destacó por obtener los primeros lugares. En 1952 ingresó a la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde formó parte de la Sociedad de Alumnos como vicepresidente, mientras que Porfirio Muñoz Ledo era el presidente. En esa época también conoció a quienes serían los amigos y contemporáneos con quienes viviría lo que Carlos Monsiváis llamó "la geografía del intelecto" esa modernidad que se reconocía en la transformación del espacio público, la construcción de ciudad universitaria, los cafés, las librerías, los debates que sucedían en la Escuela Nacional Preparatoria, en las salas del Palacio de Bellas Artes o en el Colegio Nacional. A la memoria y la amistad de Miguel de la Madrid están atados los nombres de maestros como José Gaos, Lepoldo Zea, Octavio Paz y Jesús Reyes Heroles; de políticos, juristas e intelectuales como Jesús Silva Herzog, Miguel González Avelar, Pedro Ojeda Paullada, Mario Moya Palencia, Jorge Ibargüengoitia, Jaime Sabines y Carlos Fuentes con quien tuvo una sólida amistad. El mundo de ese entonces se debatía entre las tensiones de la incipiente guerra fría y los conflictos que sucedían en el Medio Oriente; en México se vivían los tiempos de crecimiento económico y de desarrollo industrial conocidos como el milagro mexicano. Se abrían los derechos políticos para las mujeres, se debatía sobre el modelo de substitución de importaciones adoptado por el gobierno del presidente Ruiz Cortines y Carlos Fuentes publicaba Los días enmascarados (1952) y La región más transparente (1958) que daba cuenta de esa sociedad que se debatía entre la idea del progreso y la pobreza, entre los rostros de la multiplicidad que hay en la identidad mexicana y la idea de construir un país con un discurso identitario. El México cosmopolita convivía con un país que heredaba una revolución triunfante, pero también medio siglo de guerras civiles, conflictos religiosos y crisis recurrentes. El florecimiento de la UNAM y las oportunidades educativas abrían una puerta de desarrollo personal y ascenso social. Fue en ese ambiente que Miguel de la Madrid se convirtió en uno de los miembros más destacados de la llamada generación del medio siglo. Simultáneamente, combinó sus estudios trabajando de pasante en el departamento legal del Banco Nacional de Comercio Exterior (Bancomext), lo que le permitía contribuir a las rentas del hogar al mismo tiempo que adquiría experiencia y consolidaba su carrera profesional. En 1957, dirigido por el maestro Mario de la Cueva, se tituló con la tesis El pensamiento en la Constitución Mexicana de 1857, que le mereció una mención de excelencia académica.

Al cumplir los dieciocho años, ingresó al servicio militar donde conoció a Luis Cordero Tapia. Pocos meses después, su nuevo amigo le presentó a quien más tarde sería su esposa. La familia Cordero Tapia, compuesta por don Luis Cordero, su esposa Delia y sus hijos Luis, Ana, Paloma y Ángeles vivían en la misma colonia que la familia de la Madrid Hurtado. Paloma y Miguel se hicieron novios un verano de 1956. Sus afinidades culturales, su gusto por el baile, la complicidad de pareja, su pasión por México y la empatía con que fundaron un noviazgo sólido y solidario, los llevaron a casarse en la iglesia de Santa Rosa de Lima, Mixcoac, el día 27 de junio de 1957.

En 1959, Miguel de la Madrid Hurtado comenzó a dar clases de derecho en la UNAM. Años más tarde, el que fuera su cuaderno de notas se convertiría en el libro titulado Estudios de Derecho Constitucional, publicación que con el tiempo se ha convertido en una referencia obligada para la formación de los estudiantes de leyes e investigadores especializados en constitucionalismo mexicano.

Para 1960, el licenciado de la Madrid fue contratado como consultor en gestión financiera en el Banco de México. En 1963, cuando Adolfo López Mateos era presidente de México, Miguel de la Madrid ingresó al PRI. Un año después, recibió la oportunidad de estudiar un postgrado en Administración Pública de la Universidad de Harvard gracias a una beca otorgada por el propio Banco de México. Para ese entonces ya habían nacido sus hijos mayores Margarita, Miguel y Enrique, pero ni el monto de la beca ni sus ingresos le permitieron llevar a su familia al extranjero. Durante ese año de maestría consolidó sus conocimientos en economía y derecho económico, siendo alumno de destacados docentes como el keynesiano Kenneth Galbraith.

En 1965 fue nombrado subdirector general de crédito en la Secretaría de Hacienda. En 1968 nació su hijo Federico y en 1970, Gerardo. Ese mismo año fue designado como subdirector de finanzas de PEMEX y en mayo de 1972 regresó a la Secretaría de Hacienda para encabezar la dirección general de crédito. En octubre de 1975, cuando José López Portillo fue designado como candidato del PRI a la presidencia de México y Mario Ramón Beteta fue nombrado secretario de Hacienda, éste designó a Miguel de la Madrid como subsecretario de Hacienda y Crédito Público. Fue el presidente López Portillo quien lo ratificó en el cargo y, cuatro años más tarde, en 1979, lo nombró secretario de Programación y Presupuesto.

Los más de quince años que trabajó en las secretarías de Hacienda y de Programación y Presupuesto, le permitieron conocer el país a fondo. Viajar por todos los estados de la República, empaparse a fondo de las necesidades regionales y las demandas de cada municipio determinaron su vocación política y en ello el estilo personal de gobernar que le caracterizaría más tarde. Un estilo sobrio, que entendía al servidor público como un instrumento al servicio de la gente. La preparación humanista de su carrera profesional sumada a la especialización técnica en materia hacendaria, le brindaron la experiencia vital y profesional con que fue conformando su visión de país.

Para Miguel de la Madrid, el ejercicio de la política era imposible sin el análisis, la planeación para el crecimiento y la medición de metas. Por orden del presidente López Portillo y convencido de la importancia de construir proyectos de largo aliento que trascendieran los pulsos sexenales, el entonces secretario de Programación y Presupuesto se dio a la tarea de impulsar el llamado Plan Global de Desarrollo (PGD), el cual fue presentado por el presidente José López Portillo en abril de 1980. Durante su gestión como secretario de Estado, Miguel de la Madrid también se avocó a diseñar los programas y estrategias que hicieran más eficiente el desempeño de las dependencias de la administración pública federal.

Llegado el momento, Miguel de la Madrid se vio en la recta final para convertirse en candidato del PRI a la presidencia de la República. Su comprensión de la economía mexicana e internacional y su visión de largo plazo le otorgaron las cartas credenciales para que el 25 de septiembre de 1981 fuera nominado por los sectores de su partido como precandidato. Según el Latin America Weeky Report (2 de octubre de 1981) el hombre nominado por el PRI intentaría una silenciosa "revolución modernizadora". Ese discurso y la apuesta por la renovación moral de la sociedad fueron sus ejes de campaña y las razones que lo llevaron a ganar la presidencia de México el 4 de julio de 1982 frente a su principal contrincante, Pablo Emilio Madero del PAN. Para el diario francés Le Monde (6 de julio de 1982) las cualidades con que gobernaría Miguel de la Madrid, serían las de un estadista "sólido, serio, discreto y aparentemente hostil a todo exceso". Ciertamente, ese fue el tono de su campaña electoral y de todo su gobierno.

Miguel de la Madrid Hurtado tomó posesión como presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos la mañana del miércoles primero de diciembre de 1982. Eran tiempos de una profunda crisis económica y el reto principal de su gobierno era impulsar un cambio con rumbo capaz de afrontar los graves problemas nacionales que se imponían como el principal desafío del Estado mexicano, así como sentar las bases para un crecimiento sólido en los años por venir. Esa es la historia que se cuenta en la página web que el lector tiene ante sus ojos.

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